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Desde la Avenida de Tolosa

Pasar por el aro

Por Adolfo Roldán - Martes, 25 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Es una expresión popular cuyo origen proviene seguramente del circo. Ese mundo mágico, mentiroso, pinturero, donde los gritos, las volteretas, las risas y los aplausos son puro espectáculo, una martingala para entretener a los niños y fabricar ensoñaciones en los adultos. Los payasos, los saltimbanquis, los funambulistas, los trapecistas, los magos, las distintas tribus circenses, se engalanan con trajes de fantasía para hacernos creer un mundo de irrealidad. El circo es un reflejo decadente de la vida, un espejo distorsionado que nos muestra un día a día grotesco, un espectáculo bufo que lo vestimos de autenticidad. Antaño el circo era también una pista donde elefantes, ponis, tigres y jirafas paseaban su tristeza, su falta de libertad, sus condenas a prisión permanente revisable. El rey no era el tuerto, sino el amo del látigo. El hombre de la levita roja que hacía restallar el cuero contra el suelo, sembrando el temor en las bestias. Era el domador que alzaba con su mano derecha el aro envuelto en llamas haciendo pasar por el redondel al asustado león. Afortunadamente, los circos se han transformado, han vuelto al medievo. Su espectáculo juguetea ahora con la música y la danza, prescindiendo del uso y del abuso de la fauna. Confieso que aquellos viejos circos, con sus carpas y sus pistas, con sus maestros de ceremonia y sus directores alcanforados, me persiguen todavía hasta el fondo de la memoria. Muchas veces los confundo y entremezclo con el cansino espectáculo de la política. Mañana, por ejemplo, Rajoy está citado a las 10.00 de la mañana en la sede de la Audiencia Nacional, en San Fernando de Henares, para testificar sobre el caso Gürtel. Se ha resistido, pero finalmente los jueces le harán pasar por el aro, aunque le permitan sentarse en el estrado en lugar del banquillo de los interrogados. Cuentan los más viejos, que hay un código secreto jamás revelado entre el domador y el león. No hablan entre ellos, solo se miran. Tal vez mañana ocurra lo mismo. Además, el aplauso del gran público está asegurado.


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