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Lloyd, en la cima

El veterano saxofonista Charles Lloyd recibió el sábado el Premio Donostiako Jazzaldia y ofreció un delicioso recital en la Plaza de la Trinidad, donde su desbordante capacidad de emocionar eclipsó a dos de los tres miembros de Saxophone Summit, Joe Lovano y Greg Osby.

Un reportaje de Juan G. Andrés. Fotografía Javi Colmenero - Lunes, 24 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

El saxofonista Charles Lloyd recibió de Miguel Martín, director del festival, el Premio Donostiako Jazzaldia.

El saxofonista Charles Lloyd recibió de Miguel Martín, director del festival, el Premio Donostiako Jazzaldia.

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El saxofonista Charles Lloyd recibió de Miguel Martín, director del festival, el Premio Donostiako Jazzaldia.

Muchos espectadores atesoran con cariño en su recuerdo el último y sublime concierto de Elvin Jones en la Trini, que para el arriba firmante es uno de los cuatro o cinco grandes momentos de la última década y media de festival. El ya fallecido baterista recibió en 2002 el premio Donostiako Jazzaldia y su colega Charles Lloyd, que había protagonizado la primera parte de la velada, fue testigo del acontecimiento. Por eso, cuando quince años después la organización le ofreció la misma distinción, se sintió muy honrado y no dudó en aceptar.

El sábado le tocó recibir el galardón antes de acometer la primera sesión doble de la Plaza de la Trinidad, que tras las restricciones de aforo, acogió a 1.674 espectadores que gozaron con mayor confort de la música. Miguel Martín, director del certamen, le entregó la placa conmemorativa y le animó a pronunciar unas palabras. El de Memphis fue reacio pero una mujer que registraba el instante en su teléfono móvil desde el foso le espetó en inglés: “¡Charles, di algo!” Probablemente era su esposa o su representante, o quizá ambas cosas, así que no tuvo más remedio que obedecer. “Habla mi corazón. Yo hablo ahí -dijo señalando al micro y al saxo tenor que tenía a escasos metros-. Muchas gracias. Es muy emocionante, es un gran honor estar aquí. Soy muy feliz. Gracias”.

La parquedad de su discurso contrastó con la locuacidad que exhibió luego en el escenario, donde osciló entre el clasicismo y la modernidad, pero siempre anclado en un arrebatador lirismo. Desde que hace décadas descubriera a músicos que después brillarían por su cuenta como Keith Jarrett y Jack DeJohnette, Lloyd siempre ha demostrado buen olfato para rodearse de buenos colaboradores. Su New Quartet lo forman tres jóvenes de increíble talento: Gerald Clayton (piano), Reuben Rogers (contrabajo) y Eric Harland (batería), que tuvieron tiempo de explayarse desde el inicio con la torrencial Dream Weaver, en la que el saxofonista también agitó las maracas, y con Defiant y Nu Blues, en las que el protagonismo estuvo equitativamente repartido.

A sus 79 primaveras, Lloyd es casi el más veterano de los cabezas de cartel de esta 52ª edición en la que mañana actuará Abdullah Ibrahim, de 82, pero el saxofonista muestra una vitalidad y una jovialidad equiparables a la elegancia con la que va pasando de la melancolía a la épica, del swing al free jazz, de la tensión al humor de ciertos pasajes… Ataviado con traje beige, gorra, gafas ahumadas y foulard, durante los frecuentes solos del resto de músicos el líder se paseaba risueño entre ellos como un jefe que vigila a sus empleados en la oficina. A éstos no parecía importarles, tal vez porque tienen la fortuna de trabajar para un jefe a quien admiran, una suerte no compartida por el inmenso resto de los mortales...

A medida que avanzaba la noche se recrudeció la tímida deserción de parte del público que no conectó con Saxophone Summit

Lloyd usó la flauta para interpretar la vaporosa melodía de Lady Gabor, tema que en los años 60 grabó junto al quinteto del batería Chico Hamilton, una de las infinitas estrellas del jazz con las que ha tocado en medio siglo de carrera. De vuelta al saxo, sorprendió con una preciosa versión de Rabo de nube, himno del cubano Silvio Rodríguez al que los espectadores pusieron letra mentalmente. Y se acercaba la hora de la despedida con Passin’ Thru, un original de Lloyd que comenzó con un brillante solo de bajo y derivó en una sabrosona pieza de ecos latinos que incluyó citas a Ay, mamá Inés y a El pájaro loco.

Por su veteranía y por su condición de homenajeado, Lloyd estaba llamado a ser cabeza de cartel, pero fue él quien insistió en actuar primero. Eso no fue óbice para que, ante la insistencia y el fervor popular, regresara para ofrecer un bis, algo poco habitual entre las bandas que abren fuego en la Trini. Y el adiós -ojalá sea un “hasta luego”- no pudo resultar mejor, con otra versión instrumental, en este caso del clásico mexicano La llorona, que terminó por desarmar a la ya entregada audiencia.

Saxophone SummitEntraron en el programa de rebote para sustituir a John Medeski, que canceló su gira europea, y su llegada a Donostia no pudo ser más accidentada. La speakerque anuncia los conciertos de la Trini comunicó un cambio de última hora por la indisposición que obligó a Dave Liebman a ingresar en el hospital, y algunos pensaron que tal vez podría sustituirle Kamasi Washington, una de las estrellas de este año que había seguido el concierto de Lloyd entre el público. Pero no: el sexteto Saxophone Summit pasó a quinteto y el número de sopladores se redujo a dos: Joe Lovano y Greg Osby.

Arrancaron con una composición original de Lovano, Alexander The Great, pero pronto se lanzaron a -como dicen los cursis- “poner en valor” el legado más desconocido de John Coltrane, que es para lo que se fundó esta ilustre cumbre (summit, en inglés) de saxofonistas en la que antes militaron el finado Michael Brecker y Ravi Coltrane. En India y Compassion hubo armonías de viento e instantes memorables, y la banda brilló con fulgor, especialmente la veterana sección rítmica, con el metrónomo humano Cecil McBee al contrabajo y el polirrítmico Billy Hart a la batería, sin menospreciar la excelente labor de Phil Markowitz al piano.

Sin embargo, cierta sensación de frialdad se apoderó pronto del ambiente, ya fuera por la ausencia del tercer saxofonista, por el contraste con la deliciosa actuación previa de Lloyd o por algún otro motivo. A medida que avanzaba la noche se recrudecía la tímida deserción de parte del público que no terminó de conectar con la propuesta de Saxophone Summit, más árida y monótona. No hubo bis porque la audiencia no lo exigió y porque los músicos tampoco amagaron con ello. Quedaba claro que pese al nombre del grupo de Lovano y compañía, el sábado la cima del saxo la ocupó indubitablemente un hombre: Charles Lloyd.


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