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Desde la Avenida de Tolosa

Arenas movedizas

Por Adolfo Roldán - Domingo, 23 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Sostengo que Catalunya cada vez se parece más a una enorme charca de arenas movedizas, donde chapotean un número creciente de protagonistas, que vociferan y patalean, intentando en vano salir a flote. Recuerdo películas como Lawrence de Arabia, La mujer obsesionada o Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal en la que un hombre o mujer gritan desesperados, suplicando ayuda, y cuanto más tratan de escapar, más rápido se hunde en la arena. En algunos films, los actores escapan in extremis, mientras en otros, la agonía se prolonga hasta que los gritos de los atrapados cesan y solo queda para los espectadores una mano en medio del arenal, retorciéndose con los dedos crispados. Las arenas movedizas están hechas de tierra, barro y sal, que quedan anegados generalmente en los deltas de los ríos o junto a los lagos. Al pisar el terreno, la arena comienza a licuarse y el agua y la tierra se separan dejando una franja incapaz de soportar peso alguno, con la peculiaridad de que cuanto más se mueve la presa, más rápida es su inmersión. El profesor Daniel Bonn, de la Universidad de Ámsterdam, se interesó por este fenómeno y lo reprodujo en su laboratorio, utilizando esferas de aluminio con la misma densidad que un cuerpo humano. Además para simular una reacción de pánico, sacudió con fuerza las esferas. Al principio se hundió un poco, pero a medida que el agua volvía a mezclarse nuevamente con la arena, la esfera volvió a reaparecer en la superficie. Bonn y su equipo repitieron el experimento con distintos objetos y el resultado fue idéntico, solo se hundían hasta la mitad. El consejo de los científicos fue que si nos ocurre tal contingencia hay que permanecer calmado, recostarse de espaldas extendiendo las extremidades lo más posible, distribuyendo el peso del cuerpo equitativamente. Y luego, esperar tranquilamente a que se produzca el reflote a la superficie. En Catalunya no veo esa serenidad, ese esfuerzo de diálogo, sino lo contrario, ruido y pataleo. Pueden irse al fondo, aunque tengan razón.


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