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Crónica

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Por. Juan G. Andrés - Domingo, 23 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

El escurridizo William James Stokes, alias Sir The Baptist, durante su homilía en la Zurriola.

El escurridizo William James Stokes, alias Sir The Baptist, durante su homilía en la Zurriola.

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El escurridizo William James Stokes, alias Sir The Baptist, durante su homilía en la Zurriola.

Además del triunfo de The Pretenders, que el viernes reunieron en la Zurriola 37.000 personas, el Jazz Band Ball ofreció una gran variedad de estímulos en la playa y las terrazas del Kursaal. Ya relatamos ayer el buen hacer de Ray Gelato, Gabacho Maroc y Houston Person, pero la obligación de escribir con urgencia sobre Chrissie Hynde y sus muchachos, hizo que nos perdiéramos varias cosas. Así, apenas llegamos a catar una breve ración de los sugerentes ritmos africanos de Rajab Suleiman, adornados con la bella voz de Saada Nassor, y del talento sin igual de Uri Caine, que al filo de la medianoche andaba enredado en las teclas de su piano Fender Rhodes. Del primoroso cantante Kevin Mahogany vimos lo justo -una emocionante versión del Caravande Duke Ellington- para intuir que había sido una gran función.

En cambio, sí que pudimos disfrutar al completo del desopilante sermón que Sir The Baptist ofició en la playa ante 5.000 espectadores. Nacido con el nombre de William James Stokes, el chaval de Chicago es hijo de predicador y misionera, cuestión que marca a fuego una propuesta en la que el hip hop, el soul, el rhythm and blues y el góspel se entremezclan con soflamas de autoayuda e invitaciones al desahogo colectivo. “¡Quiero que gritéis y saltéis tan alto como podáis!”, insistía una y otra vez el frontman, escurridizo cual anguila y desbocado en las epilépticas danzas que interpretaba mientras se desgañitaba cantando temas de elocuentes títulos: Raise Hell, Heaven, Saint or Sinner, Dance With The Devil

Le acompañaban un batería con voz de locutor de radio noctámbula y un bajista que también controlaba la cosa electrónica y llevaba pregrabada más de la mitad de la homilía: voces femeninas, bases programadas, coros y música de órgano para el speech de los interludios en los que intentaba expandir el buen rollo. “Aunque lo estés pasando mal, todo irá bien. Hasta hace poco yo vivía en la calle, en un coche”, se puso a sí mismo como ejemplo, e hizo algo que algunos jamás habíamos visto pese a llevar unas cuantas horas de vuelo en esto de los conciertos: recitó varias veces su número privado de teléfono e invitó a que la gente le llamara si necesitaba su apoyo. “Sólo es para quien lo necesite realmente”, matizó.

Tras invitar a su madre al escenario para saludar (“Hello, Mum!!!”), el evangelista de los ritmos negros también le pegó al reggae en Marley’s Son y luego se pasó a la música disco. Tuvo en sus oraciones a Louis Armstrong y a Nueva Orleans, y en God Is On Her Way explicó su teoría de que Dios es mujer y está en camino. “¡Os hizo a su imagen y semejanza! ¡Sois diosas!”, espetó, lisonjero, a la audiencia femenina. Quizá fue porque habían llenado sus cálices y habían bebido más de lo recomendable, pero muchos espectadores vivieron la cita como una experiencia religiosa que quisieron compartir con el sumo sacerdote en el mismísimo altar, que fue asaltado por varios dantzarisespontáneos.

Sir The Baptist no anda sobrado de repertorio porque este año ha publicado su único disco hasta la fecha, pero demostró ser un hombre de fe y tener recursos para que no decayera la misa. En un santiamén -nunca mejor dicho- montó un karaoke de astros afroamericanos difuntos en el que pinchó, casi al completo y en este orden, las versiones originales de I Wanna Dance With Somebody (Whitney Houston), Beat It (Michael Jackson) y Purple Rain (Prince), coreadas de pé a pá por el respetable. Luego se lanzó al foso, practicó la imposición de manos en las primeras filas como hizo Charles Bradley el año pasado y se animó a bailar con los sudorosos espectadores en la arena. Sólo le faltó hacer honor a su alias y bautizar a unos cuantos espectadores en las aguas de la Zurriola. Habría sido la rúbrica perfecta a una ceremonia explosiva y altamente divertida.

Es difícil vaticinar si, como dicen los mercaderes del oficio, Sir The Baptist tiene un “futuro arrollador” en la música negra. En algunos momentos parecía un vendebiblias y en otros, un genio. Ya se verá, pero de momento, en el caso de que estuvieras o estuvieses el viernes en la playa de Gros, tienes su número. Si te ha dejado tu pareja o has perdido el trabajo;si atraviesas una crisis espiritual o, simplemente, necesitas de verdad una buena juerga, llámale. Tal vez Sir The Baptist coja al teléfono y tus plegarias sean atendidas…


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