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Froome, el soñador africano se acerca a los mitos del Tour

EFE - Domingo, 23 de Julio de 2017 - Actualizado a las 19:42h

Froome celebra el triunfo con su familia.

Froome celebra el triunfo con su familia. (efe)

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Froome celebra el triunfo con su familia.

París. Christopher Froome (Nairobi, 32 años), aquel niño que aprendió que la bicicleta era un elemento de libertad dando paseos por el Monte Kenia, ha coronado el podio de París por cuarta vez, cifra que le coloca a una sola victoria de los mitos del "club de los 5": Anquetil, Merckx, Hinault e Indurain.

Un triunfo planificado, sin avasallar, producto del estudio del recorrido y del apoyo de un equipo de elite. Los cronómetros de Düsseldorf y Marsella le dieron a Froome un triunfo ajustado, controlado, con menos sufrimiento del que indican las diferencias finales.

Froome empezó a montar en la bicicleta de hierro que le cedió el mayor de sus dos hermanos. Rodaba por la sabana keniana, a veces entre manadas de animales salvajes, algo que hubiera espantado a cualquiera. No fue el caso de Christopher, hijo de una fisioterapeuta y de un operador turístico que organizaba safaris.

En Sudáfrica, donde fue trasladado el negocio de su padre, nació su pasión por la bicicleta y se alistó en el primer club. Antes de ser adolescente en aquel país fue niño en Kenia, en el África negra. Pertenece a una familia inglesa originaria de Brighton y vivió junto a sus tres hermanos en la capital keniana hasta los 14 años.

La vida al aire libre le marcó su empatía con el continente negro, a pesar de algún susto "de muerte". Una vez la presencia de un árbol le salvó de vérselas cara a cara con un hipopótamo. Y la bilharzia le castigó la salud, una enfermedad derivada de un parásito que de vez en cuando aparece para restarle glóbulos rojos.

En el colegio Saint John de Johannesburgo adquirió acento de Oxford y modales de 'gentleman', y aprendió a vivir apartado de la familia. En la misma ciudad estudió economía, pero a un año de la licenciatura dejó de estudiar cuando el ciclismo profesional llamó a su puerta.

Froome se presentó en sociedad en la Vuelta a España 2011. Era gregario de Wiggins y acabó segundo, por delante de su jefe de filas y por detrás del español Juanjo Cobo. No ganó la Vuelta por 13 segundos, el tiempo que perdió por esperar a Wiggins camino de los altos de Manzaneda y La Farrapona.

En 2012 Froome no se llevó el Tour por los mismos motivos que no ganó la Vuelta. Aquellas escenas en los puertos de Galicia y Asturias se trasladaron a los Alpes, a la Toussuire y Peyragudes, donde "el africano con alma blanca" tiró de freno para no soltar de rueda a Wiggins, imperial solo en la lucha contra el cronómetro.

Toda una declaración de obediencia y fidelidad a la empresa Sky, aunque "resulte un poco frustrante", dijo entonces. El mismo caso vivido por Mikel Landa en este Tour, sujeto a su líder, sin poder dar rienda suelta a su potencial.

Su sueño de joven se aplazó a 2013. Se coronó en París tras dominar de principio a fin. Ganó tres etapas, la primera de Pirineos, en el Mont Ventoux y la crono de los Alpes. Ahí empezó la era Froome, solo interrumpida por una caída en 2014.

Froome siempre ha declarado que se siente "ciudadano del mundo", aunque se siente más próximo a África, donde piensa volver cuando se retire del ciclismo, con la idea de montar una escuela en Kenia.

En Inglaterra no goza de la popularidad ni el reconocimiento de Wiggins, o incluso de Mark Cavendish. Ellos sí han recibido el premio de deportista del año, Froome nunca. Es como si muchos no le considerasen británico.

El primer técnico que reparó en sus aptitudes fue el italiano Claudio Corti, quien le vio "detalles especiales" en la Vuelta a Ciudad del Cabo 2007. "Le vi ágil, potente, y los favoritos no le dejaron de rueda en la subida final", recuerda.

En 2007 Froome se instaló en Italia cuando corría con el Konica (2007), un modesto equipo continental. Se instaló cerca de Bérgamo, ya que su novia vivía en Milán y por tren la podía ir a ver. Cuando cortó la relación tuvo una cosa muy clara: "Ahora me voy a centrar en mi carrera ciclista". Aquel año ganó el Giro de las Regiones y una etapa en la Vuelta a Japón.

En 2008 obtuvo la nacionalidad británica y fichó por el equipo sudafricano Barloworld, que le lleva al Tour de Francia, donde finaliza en el puesto 84. Los técnicos británicos ya confiaban en Froome y le seleccionaron para competir con Gran Bretaña en los Campeonatos del Mundo celebrados en la localidad italiana de Varese.

Con los mismo colores corre el Giro en 2009 y acaba el 36, y en 2010, tras fichar por el Sky, repite en Italia y se retira por culpa de una tendinitis en una rodilla.

En 2010 Froome aterriza en su actual equipo, el Sky. Una temporada nada brillante en resultados, ya que solo logró la medalla de plata en el campeonato británico contrarreloj, por detrás de Bradley Wiggins.

En el equipo actual empezó a forjar su leyenda. Una trayectoria imparable que le ha llevado a lograr 4 Tours de Francia, con 7 triunfos de etapa, 3 Dauphinés, 2 Tours de Romandía y un bronce olímpico en Londres 2012, entre otros logros.

Froome tiene claro que el Tour es la carrera de sus sueños, y aunque no sienta obsesión, le resulta "un honor encontrarse a una sola victoria de las grandes leyendas del ciclismo".

Casado con Michele Cound, presentada por su excompañero sudafricano Daryl Impey, y padre de Kellan, de año y medio, reside en Mónaco, donde coincide con numerosos ciclistas del pelotón, incluido el colombiano Nairo Quingana.

Un tipo sencillo, casi siempre con la sonrisa en la boca. Hubiera sido oficinista de no haberse enamorado de la bicicleta. Si los entrenamientos y la vida familiar le dejan unas horas, Froome escucha música de Coldplay. Entre sus mejores recuerdos, aparte de sus triunfos en París, el día que conoció al expresidente surafricano Nelson Mandela.


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