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Velada rockera sin mácula

Chrissie Hynde lidera el Jazz Band Ball al frente de The Pretenders con una fórmula sencilla que no está al alcance de todos: actitud, actitud y actitud.

Un reportaje de Juan G. Andrés. Fotografía Gorka Estrada - Sábado, 22 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Chrissie Hynde, en plena actuación, durante el concierto que ofreció anoche The Pretenders en la Zurriola. Foto: Gorka Estrada

Chrissie Hynde, en plena actuación, durante el concierto que ofreció anoche The Pretenders en la Zurriola. Foto: Gorka Estrada

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Chrissie Hynde, en plena actuación, durante el concierto que ofreció anoche The Pretenders en la Zurriola. Foto: Gorka EstradaGabacho Maroc, mestizaje en las terrazas del Kursaal.Houston Person protagonizó la propuesta más ortodoxa.El swing de Ray Gelato abrió ayer el Espacio Frigo.Chrissie Hynde, alma mater de The Pretenders, ayer en la Zurriola.Panorámica de la playa de la Zurriola durante el concierto de ayer de The Pretenders.
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decir The Pretenders es decir Chrissie Hynde. Siempre, o casi siempre, fue así, incluso al principio. La formación original, fundada hace ahora cuatro décadas, apenas duró tres años antes de que el guitarrista James Honeyman-Scott y el bajista Pete Farndon fallecieran por sus coqueteos con las drogas duras. Desde entonces, la banda ha sido un ir y venir constante de músicos que han puesto su esforzado granito de arena en el mantenimiento de la marca Pretenders. Hynde y el poderoso batería Martin Chambers son hoy los únicos miembros de pleno derecho en un proyecto que aunque mira más al pasado que al futuro, resulta impecable como show de rock and roll.

Principal reclamo del Jazz Band Ball que ayer disfrutaron varios miles de personas, la rubia platino irrumpió en escena hacia las 21.00 horas con andares desgarbados, camiseta de Elvis en Las Vegas, pantalones tejanos y botas negras. En un arrebato de coquetería, y aunque de ningún modo representa los 65 tacos que tiene, la estadounidense mandó desalojar el hospitality, el graderío lateral del escenario en el que los invitados del patrocinador del festival suelen seguir (es un decir) los conciertos. Tampoco permitió que hubiera pantallas grandes para contemplar mejor sus movimientos.

Sobre la arena, en cambio, no hubo asomo de divismo. Las primeras dos balas que disparó correspondieron a Alone, el más que digno álbum que el año pasado le produjo Dan Auerbach (The Black Keys), del que extrajo el tema homónimo y Gotta Wait. Sin embargo, no tardó ni cinco minutos en entregarse a la nostalgia con Message of Love y su hit más imperecedero, Don’t Get Me Wrong, para continuar en clave ochentera con temas como Kid, Talk of the Town e Hymn To Her, cuya ritmo lento fue una perfecta banda sonora para el rojizo anochecer.

“Sé que estuvo aquí hace unos años”, dijo en alusión a su expareja Ray Davies, de quien abordó la obligada Stop Your Sobbing, mientras entre la audiencia se multiplicaba, aquí y allá, el mismo comentario: “Tiene exactamente la misma voz de siempre”. Volvió por un breve instante al nuevo disco con Let’s Get Lost y después atacó la que considera una de sus canciones “predilectas”, Boots of Chinese Plastic, con cierto regusto punk en los coros. Fueron especialmente coreadas Back on the Chain Gang -dedicada en su día al finado Honeyman-Scott-, Brass in Pocket y, cómo no, I’ll Stand By You, que al margen de las composiciones de su último trabajo, fue uno de los temas más recientes de cuantos sonaron.

Y ello pese a que el baladón data de 1996 y es el último pepinazo de la banda. Se puede decir que Hynde lleva más de dos décadas sin saborear las mieles del éxito multitudinario, lo cual puede parecer demasiado pero no es una situación muy diferente a la de otros que le precedieron en el Escenario Verde, como el citado Davies o BB King, que sin embargo, no llegaron a la capital guipuzcoana en muy buenas condiciones. Chrissie, como Patti Smith, que también actuó en la Zurriola y que curiosamente también es mujer, aguanta el paso del tiempo como si durmiera en formol. Su fórmula es sencilla pero no está al alcance de todo el mundo: actitud, actitud y actitud.

Ella misma suele restar importancia a lo que hace -“Es más de lo mismo”, dice cada vez que presenta un nuevo disco- e incluso ha confesado en alguna entrevista que ya ha dicho “todo lo que tenía que decir”. “Ahora lo único que no quiero es aburrirme. Las cosas cambian pero nosotros no. Siempre hago lo mismo, rock tradicional, nunca me reinvento”, proclama. La sinceridad le honra y el público no parece querer otra cosa distinta que la rotundidad que exhibió en el tramo final con Thumbelina, un desaforado tema de aire country y rockabilly. Con el público ya muy arriba sonaron Mystery Achievement y Middle of the Road, y ante la insistencia de una audiencia a la que varias veces se refirió como “magnífica”, los Pretenders regresaron para ofrecer dos bises, incendiario solo de armónica incluido: The Wait y Precious. Concluía así hora y media de rock sin aditivos ni postureos, sin mácula.

ray gelatoAntes de que Hynde y sus chicos envolvieran la Zurriola con sus himnos, las terrazas del Kursaal habían albergado varias actuaciones que sirvieron para calentar motores. El habitual Ray Gelato actuó, ¿casualidades de la vida?, en el Espacio Frigo -mañana repite en la terraza Heineken a las 18.30 y pasado a las 19.30 en Alderdi Eder-. Aunque su apellido posee refrescantes resonancias italianas, Gelato es británico y ha terminado ganándose a pulso el sobrenombre de padrino del swing.

Intachable en su faceta de saxofonista y cantante, su trepidante show entronca con los saraos musicales que organizaban luminarias tan ilustres como Louis Jordan, Louis Prima o Louis Armstrong, todos tocayos. Al frente de una sólida banda, hizo cantar con él a la divertida audiencia e incluso invitó a dos bailarines a marcarse unos bailes de lindy hopsobre el escenario. Derrochó buen humor en todo momento, confesó que el Jazzaldia es su “festival de jazz favorito en todo el mundo” e interpretó varios clásicos -por ejemplo, Tu vuò fa l’americano- que no desentonarían en una película de gángsters dirigida por Martin Scorsese. Aprovechó para presentar su nuevo disco, Energy!, y sonaron temas originales tan divertidos como Get Off The Phone!, dedicada a uno de los grandes “males” de este mundo: el teléfono móvil.

La terraza Heineken se convirtió en una luminosa jaima en la que el jazz se dejó impregnar de los ritmos africanos de Gabacho Maroc. Liderado por el batería Vincent Thomas, se trata de uno de los muchos combos surgidos de la cantera de Musikene y se ha formado entre Donostia y El Jadida (Marruecos). Varios músicos cantaron en árabe y tocaron instrumentos tradicionales como el guembri, el laúd o distintos tipos de percusión, que mezclados de modo muy natural y sin imposturas, consiguieron levantar al público del césped y hacerle bailar con despreocupación. Baqueteados en más de cien festivales de Europa, África, Sudamérica y Asia, el septeto adelantó algunos temas de su nuevo disco, Tawassol, que según avanzó Thomas, saldrá a la venta en marzo de 2018.

Entre la divertida ligereza de Ray Gelato y el sabroso mestizaje de los gabachos, Houston Person ofreció la propuesta más ortodoxa en términos jazzísticos. Con tanto concierto simultáneo no pudimos disfrutar más que unos minutos, pero el octogenario saxofonista impartió su magisterio y defendió, con suma elegancia y sin esfuerzo aparente, su condición de superviviente de la era del swing y del hard bop. Con más de 75 álbumes a sus espaldas y colaboraciones con gente como Don Ellis, Cedar Walton y Etta James, el cuarteto del estadounidense emocionó al público del Escenario Coca Cola. Y atención porque hoy y mañana repetirá en el Espacio Frigo a las 18.30 horas: no se lo pierdan si les gusta el jazz clásico.

La rotativa se apresuraba a engullir estas líneas cuando por los mismos escenarios empezaban a actuar Rajab Suleiman y Kithara, cuya música tradicional de Zanzíbar prometía ser un descubrimiento;el cantante estadounidense Kevin Mahogany, cuya voz de barítono conquistó al público de las terrazas, y su compatriota y pianista Uri Caine, otro fijo del Jazzaldia que en la víspera había participado en el espectáculo inaugural Poem of a Cell.


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