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Crónica

Auténtico privilegio

Por. J.J. Forcada - Sábado, 22 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Wayne Shorter, al saxo, junto a Danilo Pérez, durante su actuación de ayer en el Kursaal.

Wayne Shorter, al saxo, junto a Danilo Pérez, durante su actuación de ayer en el Kursaal.

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Wayne Shorter, al saxo, junto a Danilo Pérez, durante su actuación de ayer en el Kursaal.

hace diez años exactos Wayne Shorter tocó por última vez en Donostia y además recibió el Premio Donostiako Jazzaldia. Diez años en los que no ha parado de tocar, casi siempre acompañado por esos tres gigantes músicos que son Danilo Pérez, Brian Blade y John Patitucci. Uno piensa que el Jazzaldia va ir ofreciendo, a medida que pasan los días, mejores conciertos, que el asunto será progresivo, vaya, pero resulta que te encuentras con estos cuatro músicos liderados por un hombre que tiene 83 años y ponen el listón tan alto que quizás empiezas viendo y escuchando lo mejor del festival, quizás.

Sin desmerecer a Charles Lloyd, tranquilamente podrían volver a darle de nuevo el premio a Shorter. Y es que su estado de forma (artística) es inmejorable. Lo de ayer fue un paseo triunfal de cuatro creadores libres de cualquier atadura y sin concesiones ni beneplácito alguno.

El Auditorio del Kursaal presentaba una muy buena entrada, con tres cuartas partes del aforo aproximadamente llenas, y con un público que sabía a lo que iba. A poco que la actitud del espectador sea un poco positiva, el disfrute está más que garantizado, siempre y cuando uno ponga un poco de su parte.

Shorter ya no toca de pie, lo hace sentado durante todo el concierto y, sorprendentemente, el grupo lleva partituras de apoyo para mantener un cierto vínculo entre ellos, una mínima disciplina si se quiere.

Abrieron el concierto con una composición del propio Shorter titulada Lost, suavemente intercalando los dos saxos, el tenor y el soprano inundando y haciéndose con su música dueños del auditorio. Brian Blade, el baterista, caminó entre la ejecución delicada y los finales violentos, poniendo los puntos y aparte con sus secuencias rítmicas. Está claro desde el inicio que la banda se conoce a la perfección y que disfruta con lo que hace. Para abrir tocaron The Three Marias, uno de los clásicos en la discografía de Shorter. El ex Weather Report silbaba acercándose al micro, parecía que empezaba con cierto desorden con miradas de complicidad entre los músicos y fraseos muy cortitos, tímidos incluso, del líder, como si no se decidiera por algo concreto. Danilo Pérez tomó las riendas de la banda y los demás fueron coloreando la pieza, finísimas pinceladas con el soprano y también el tenor. Es una pieza que la convierten en bastante más abstracta que el original, con los cuatro músicos escapándose por su cuenta para volver a confluir y alejarse de nuevo. La diversidad de ritmos de Patitucci y Blade ayudaron a que Shorter se luciera con el soprano. La intensidad de la propuesta fue brutal. Ellos mismos se felicitaron satisfechos con el resultado. Para tocar Lotus, el líder se dirigió por primera y única vez al público para decir que aquello era la casa del Dr. Frankestein y, efectivamente, el arco de Patittucci y el suspense del piano de Pérez, le dieron un aire de terror al inicio de la pieza.

Prometheus Umbound nos trajo de nuevo la calma, templó los ánimos con el sonido del contrabajo acariciado por el arco y un saxo soprano exprimido al máximo por Shorter, que buscó y encontró sonoridades casi imposibles casi siempre en tonos híper agudos. La comodidad que se percibe en los músicos en la interpretación es proporcional a la implicación de cada uno de ellos. Se recrean, juegan entre ellos, sorprenden continuamente. Terminaron el concierto y, sin ni siquiera salir del escenario, volvieron para hacer un bis, Adventures aboard thegolden mean, una pieza corta, más ligera, con la que cerraron el primer gran concierto de este Jazzaldia, que apunta realmente alto. Disfrutar con esta “banda de los cuatro” y con un señor que con 83 años es capaz con su música de hacerte feliz de esta manera fue un auténtico privilegio.


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