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19 años de prisión para el padre de Julen por asesinar a su hijo en un acto de venganza

Luis Serrano no podrá comunicarse con sus otros tres vástagos y deberá indemnizar a la familia con 314.000 euros

Jorge Napal Gorka Estrada - Jueves, 13 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

El magistrado juez Augusto Maeso, responsable de la fijación de la pena impuesta.

El magistrado juez Augusto Maeso, responsable de la fijación de la pena impuesta. (Gorka Estrada)

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El magistrado juez Augusto Maeso, responsable de la fijación de la pena impuesta.

donostia- La pena impuesta supera incluso a la que pedía la fiscalía. La Audiencia Provincial de Gipuzkoa ha condenado a 19 años de prisión a Luis Serrano, de 44 años, como responsable del asesinato de su hijo Julen, de 13, que fue hallado sin vida en diciembre de 2011 en el piso de Ondarreta que había sido el hogar conyugal. La sentencia, que se hizo pública ayer, le prohíbe comunicarse durante 21 años con sus tres hijos, a cada uno de los cuales deberá indemnizar con 38.000 euros. La cuantía asciende a 200.000 en el caso de su exmujer. La decisión de Itziar Loinaz de poner fin a la relación sentimental nunca fue aceptada por el condenado, que mató a Julen en un acto de venganza.

El fallo se conoce tras una causa de enorme complejidad que se ha prolongado durante cinco años y seis meses. Un periodo de tiempo durante el cual Luis Serrano ha gozado de libertad, llegando incluso a cruzarse por la calle con su exesposa. El juicio por estos hechos, el más mediático que ha conocido Gipuzkoa con tribunal de jurado, se celebró el mes pasado, y concluyó con un veredicto de culpabilidad inapelable.

La fijación de la pena concreta a imponer correspondía ahora en exclusiva al magistrado presidente Augusto Maeso. El fallo fue notificado ayer a mediodía a las partes, ante el cual cabe interponer un recurso de apelación en el plazo de diez días.

le abordó por el caminoHa quedado probado que el condenado abordó a Julen, el mayor de cuatro hermanos, cuando se dirigía al instituto de Educación Secundaria Antigua-Luberri en el que cursaba sus estudios. Era el 1 de diciembre de 2011. El reloj marcaba las 7.40 horas cuando el menor salió del bar regentado por la familia de su madre camino del centro escolar. Las clases comenzaban a las 8.00 horas. Julen nunca llegó. En su camino se interpuso su padre, que no aceptaba el divorcio matrimonial y quiso vengarse de la peor manera. Así, le convenció al menor para que le acompañara a la vivienda de la calle Logroño de Ondarreta en la que le mató, un piso que debían desalojar ese mismo día. “Aprovechó la circunstancia de que tenía a su disposición ese bien inmueble para matar a Julen sin presencia de testigos que pudieran obstaculizar su acción, o impedir que culminara su propósito criminal”, recoge la sentencia.

A consecuencia de la cuchillada que le asestó en el corazón, Julen murió unos minutos más tarde, durante los cuales el acusado pudo pedir ayuda. Pero no lo hizo, lo que apunta a un “designio criminal mantenido en el tiempo”. Materializaba así su deseo de venganza tras la decisión de Itziar Loinaz de divorciarse de él. “No aceptó la libre decisión de su esposa”, pero no atentando contra Itziar sino contra el hijo de ambos, “a quien sí tenía acceso, lo que incrementa considerablemente el desvalor de su acción criminal”.

Julen se encontraba en el que había sido el dormitorio de sus padres cuando sufrió un “ataque frontal inesperado”. El arma blanca empleada por Luis Serrano tenía una hoja de once centímetros de longitud y dos de anchura. La herida le causó un shock cardiogénico y un taponamiento cardíaco que le provocó la muerte. El cuerpo de la víctima se encontraba en el “fondo de saco” tanto de la vivienda como del propio dormitorio, el lugar más vulnerable para la víctima. No había escapatoria posible.

La omisión de auxilio reforzó durante el juicio la hipótesis de la intencionalidad del acusado de acabar con la vida de su hijo. Se barajaron diferentes opciones, como la muerte accidental, bien cayéndose Julen sobre el cuchillo de alguna manera, o como resultado de una herida intentado abrir una hucha. Todos los médicos forenses descartaron la primera hipótesis, pero la segunda opción sí fue más discutida, un extremo que finalmente descartó el jurado.

Entre otras razones, por que si se hubiera clavado accidentalmente el cuchillo en su intento de abrir la hucha, esta habría aparecido fragmentada y rota en pedazos debido a su demostrada fragilidad. De hecho, una muestra idéntica se rompió durante el juicio.

Además, ninguna de las personas que testificaron y participaron en las primeras diligencias del caso, como un agente de la Ertzaintza, forenses y miembros de la Unidad de Investigación Criminal, observaron restos de huchas en el escenario de los hechos.

un niño felizLa hipótesis del suicidio también fue finalmente descartada. Todos los testimonios de las personas cercanas a Julen en las fechas previas al crimen indicaron que la víctima era una persona feliz y no mostraba signo alguno que anticipara un posible suicidio. El informe forense evidencia que no había “heridas de tanteo” típicas en casos de suicidio. Quedó demostrado además que el chaval tenía planes a corto plazo. De hecho, había quedado para jugar a la Wii con sus hermanos ese mismo viernes, y estaba implicado en la organización al día siguiente de una cena con su cuadrilla.

No se encontraron cartas ni notas de suicidio, y un ertzaina declaró tras analizar su ordenador y las redes sociales a las que accedía que lo único que encontró fue una felicitación a un amigo por su cumpleaños la mañana del día de autos.

El acusado declaró durante el juicio que él estaba en el salón y que vio que su hijo pasaba una vez en dirección al dormitorio del matrimonio con una banqueta. Manifestó que cuando encontró a su hijo con el cuchillo clavado se lo sacó inconscientemente. Según un informe médico que tuvo en cuenta el jurado, que un padre “viendo a su hijo gravemente herido no pida auxilio teniendo literalmente en la mano los medios para ello escapa a toda razón. Que después de asistir a la muerte de su hijo sin hacer nada por evitarla, se autolesione sin comprometer su vida y huya del lugar sin avisar a nadie, es también incomprensible en ausencia de enfermedad mental”. Una conducta en cambio coherente con el asesinato, por el cual ha sido condenado a 19 años de prisión.


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