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El ovejero Pedro y el acordeonista Migel

pedro fue pastor de ovejas en el oeste americano y migel fue músico en cuba

Un reportaje de Juan Luis Bikuña - Domingo, 9 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Pedro y Migel

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Pedro y Migel

hacía cierto tiempo que no veía a Migel, a Migel Sagastume, el acordeonista, al que llaman “El mago de Urki”. Y… me lo encontré en la pastelería de la familia, desayunando unas pastas y bizkotxitos que invitaban, o mejor, que parecían decir “cómeme, cómeme,…”

Miguel, con camisa de elegante juventud y sonrisa de oreja a oreja, me daba la sensación de que se preparaba para “un aterrizaje” en Eibar, su pueblo natal, ya que eran las fiestas de San Juan. El “mago de Urki”, efectivamente, se disponía a disfrutar del día. ¡Cuantas romerías en “su” zona!, fundamentalmente baserritarra, claro... Miguel, en aquel entonces, era “un chaval” que deleitaba a gentes de aquí y allá con su acordeón. Sí, sí ¡cuántas romerías!... Miguel tiene un amigo que también ha recorrido medio mundo. Ambos se entienden a las mil maravillas, como en el juego de mus, con el movimiento de una ceja pueden ir a cualquier parte de la tierra sin que nadie se entere...

Pedro Andrinua, el amigo de Migel, es un hombre que trabajó de “pastor” en Idaho y parece que están hechos uno para el otro, se entienden de maravilla, fenomenalmente... Miguel y Pedro o Pedro y Migel ¡vaya pareja! Pedro fue pastor de ovejas en el oeste americano, “ovejero” que dicen, mientras que Migel deleitaba con sus notas suaves a la concurrencia de la “Sala Pennsylvania” de Cuba. Luego pasó a la “Orquesta” de la Sala Tropicana donde hizo excelente amistad con “Bebo Valdés”. Cuando “Bebo” le guiñaba un ojo, Miguel se ponía en “marcha” con el acordeón y “aquello echaba chispas”… En “Tropicana” trabajó cuatro años.

Pedro, su amigo del alma, recorría kilómetros y kilómetros con las ovejas, que balaban y balaban atontadas en todo lo ancho y largo del Oeste americano, desde Yellowstone hasta Boise… Y así, mientras Miguel deleitaba con su acordeón a la concurrencia del “Tropicana”, Pedro, seguramente, juraría y perjuraría recorriendo el ancho, anchísimo Estado donde no tenía otra cosa más que cantar a las ovejas, a las miles de ovejas, y disfrutar del espectacular paisaje. Aunque, como dice, de tanto ver lo mismo, lo mismo, lo mismo,… alguien podría decir que, uno podría acabar de zanganeo, pero no, no. Por ejemplo, cada año, a finales de verano, los pastores de ganado en Idaho guían a miles y miles de ovejas a través de cientos y cientos de cañadas y de kilómetros. Y ahí estaban, entre otros, los hermanos Andrinua: Pedro, Domingo y Emilio… y cada uno a lo suyo. Y, a Pedro, quiera o no, aún le late el corazoncito. Las Montañas Rocosas aún están en su retina.

Pedro de ovejero y Miguel de acordeonista ¡vaya pareja!. Pero ¡ojo!, eso sí, ambos de gran prestigio, dicen ellos, claro. Estos podrían ser como… “el último mohicano”, la película de Michael Mann.

LAS NOCHES DE “TROPICANA”La Habana era uno de los centros turísticos más importantes de Centroamérica. De hecho, la capital se convirtió en una especie de gran casa de juego donde, cada día, los americanos dilapidaban auténticas fortunas en los casinos y cenas-baile de la Sala de Fiestas “Tropicana”, la más espectacular de todos los tiempos. Entonces, “Fidel Castro” tenía aún 13 años y la Segunda Guerra Mundial arrasaba Europa.

Recuerda Miguel, fundamentalmente, a Bebo Valdés “que tocaba con él” en la “Orquesta Tropicana”. “Bebo era un fenómeno al piano, buen músico. Hicimos gran amistad. Lástima que falleciera un tipo así. Este tipo de gente no debería morir nunca…Me llamaba ‘Miguelito’, era dos años mayor que yo”. ¡Ahhh!, pero cuando en Tropicana tenía que sonar el tango, allí estaba yo, “Miguelito”. En “Lágrimas negras” le sacaba chispas al acordeón, ¡redièz!, ¡cómo sonaba!, daba unos giros espectaculares…

Y, ahí se les ve, de vez en cuando, a la pareja famosa, acordeonista el uno y pastor de ovejas el otro…

Ahora, es June, la única que ha seguido la tradición familiar por parte de Migel, una excelente acordeonista, irunesa, por cierto.


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