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san fermin 2017

Estopa de cuidado de los ‘cebaditas’ para abrir boca

El toro ‘Punterito’ protagonizó las tres cornadas que dejó el primer encierro de los Sanfermines

Kepa García I.Aginaga/M. Infante/J. Bergasa - Sábado, 8 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Evan Henschel es atendido de la cornada en el pecho.

Evan Henschel es atendido de la cornada en el pecho.

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Evan Henschel es atendido de la cornada en el pecho.Imagen de la grave cogida sufrida por el tafallés Francisco Javier Aulla Tapia en la bajada de Javier.

Pamplona- La ganadería de Cebada Gago protagonizó ayer el primer encierro de los Sanfermines y lo hizo como manda su consolidada trayectoria en Pamplona, con una carrera plagada de sobresaltos, muchas dosis de emoción esparcidas por el recorrido y tres heridos por asta marca de la casa. Podía haber sido bastante peor si a Punterito, un cárdeno de 350 kilos, le hubiera dado por continuar con el recital de derrotes y amagues que mostró en Santo Domingo y Estafeta, donde hizo gala de algunas de las poderosas razones por las que la ganadería gaditana ostenta de largo el récord de corneados, 53 en 29 encierros.

Por alguna razón, y pese encontrarse en el último tramo rodeado de corredores que no paraban de zigzaguear a su alrededor, entró tranquilamente por el callejón -acompañado de otro hermano de camada, que también había quedado rezagado en el primer tramo de la calle Estafeta- hasta los corrales de la plaza, medio minuto después de que lo hubiera hecho el resto de la manada.

Los que conocían a Punterito ya se lo veían venir. Según reconoció el ganadero Salvador García Cebada en una entrevista televisiva al terminar el encierro, el animal había dado repetidas muestras de su temperamento y carácter antes de venir a Pamplona y ayer se limitó a cumplir con las expectativas. Desde el primer instante, para no defraudar.

Que los cebaditas iban a dejar poco margen para las florituras quedó claro desde el principio. Una salida remolona permitió que los astados se pusieran al mando de la operaciones, liderados por un imponente morlaco de capa de melocotón, Piroporro, que no abandonó tan privilegiada posición en toda la carrera, ajeno por completo a lo que iba sucediendo frente a él.

la carrera del cárdenoLo de Punterito fue diferente. Comenzó la cuesta de Santo Domingo por la izquierda, cabeceando sin parar a un lado y otro, y en un abrir y cerrar de ojos se cruzó al lado derecho tras un traspiés en el eje trasero que a punto estuvo de dejarle rezagado desde los primeros metros de la ascensión, lo que hubiera resultado peliagudo dados los modales que había enseñado hasta entonces.

Antes de llegar a la plaza Consistorial, empitonó a un corredor norteamericano que ni lo vio llegar y se llevó por delante a un grupo de corredores agrupados en el vallado de la plaza Consistorial, corneando al segundo estadounidense, que ya pueda dar gracias de seguir con vida dada la zona donde recibió la cornada, a escasos centímetros del corazón.

Con la manada todavía agrupada, resaltaba sobre manera el colorido que ofrecían los distintos tonos de los astados y lo complicado que estaba resultando para los corredores buscarse un hueco entre tantas apreturas. Tirador, el otro toro cárdeno, no aguantó el ritmo de los demás y perdió contacto con sus hermanos, mientras Punterito seguía haciendo de las suyas, protagonizando el tercer corneado a mitad de la Estafeta, junto a la bajada de Javier.

El momento más tenso se produjo pocos metros después, en el tramo junto al bar La Granja, donde este mismo toro se quedó inmóvil frente a media docena de corredores que inconscientemente habían considerado como seguro un portal abierto que desde luego no lo era. El capote del santo evitó una tragedia y tras la parálisis inicial, los asustados corredores salieron disparados hacia la calle, sin que Punterito mostrara el menor interés por ellos.

No hubo demasiadas opciones para el lucimiento de los corredores, pero se pudieron ver bonitos detalles frente a la manada principal mientras recorrían, completamente hermanados, los últimos metros. Por detrás, tenían más problemas para conducir a los dos cárdenos hasta los corrales, no solo por las precauciones que había que adoptar con ellos dados sus continuos derrotes, sino también por la presencia de varios inconscientes que lejos de ayudar, se dedicaron a citar a los bureles, con el consabido riesgo para ellos y para los demás.


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