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Rebelde hasta la muerte

Por Juantxo Iturria - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:12h

El pasado domingo 2 de julio asistimos al pleno itinerante y solemne de la JJGG de Gipuzkoa, que se celebra cada año en una de las 23 villas de Gipuzkoa. Este año, la villa elegida era Oñati, Además de ser el municipio más extenso de Gipuzkoa, Oñati es especial también por su potente tradición industrial y por su notable patrimonio histórico, con numerosos palacios y edificios de gran valor histórico que jalonan el centro histórico de la villa.

También es una localidad muy especial en Gipuzkoa por su tardía incorporación al territorio, que no se materializó hasta 1845 cuando se abolieron los mayorazgos y el Condado de Oñate pasó a formar parte de la provincia. Durante los siglos anteriores, numerosas fueron las ocasiones en las que los oñatiarras intentaron deshacerse de la tutela condal e integrarse en la Provincia, como por ejemplo en la rebelión de 1388-89 duramente reprimida por las tropas del conde.

Oñati también es especial por ser la cuna de uno de los más notables rebeldes guipuzcoanos, el polifacético y temido Lope de Aguirre, nacido en el apartado y agreste barrio de Araotz. Como bien es sabido, Aguirre fue un conquistador del siglo XVI que se embarcó en una expedición en busca de El Dorado capitaneada por el baztandarra Pedro de Ursúa. Durante esa expedición Aguirre no sólo tomó el mando de la misma asesinando a Ursúa y al que colocó como su sustituto, sino que terminó tomando el mando del mismo y acaudillando una rebelión contra Felipe II. Por medio de unas célebres cartas enviadas al rey, Lope de Aguirre expuso las razones de su rebelión y pasó a la posteridad por ser el primero en declarar su independencia en América. Pocas veces un rey de España recibiría una comunicación en la que se dirigieran a él con tal franqueza.

Como era de esperar, la monarquía no atendió a sus razones y Aguirre fue perseguido y finalmente ejecutado. Temido y odiado en vida, a su muerte fue condenado al olvido, tanto por sus compañeros arrepentidos y deseosos de olvidar la locura secesionista como por los cronistas molestos por este personaje tan fundamental y violentamente rebelde. Recuperado en el siglo XIX como símbolo nacionalista tanto en América como en Euskadi, su figura radicalmente disidente es ya un clásico en el acervo cultural guipuzcoano y vasco.

Los estibadores no sólo le han plantado cara al Gobierno del PP, sino que han tenido que enfrentarse a toda la presión política y mediática del neoliberalismo

En este nublado 2 de julio, el recuerdo de Lope de Aguirre me vino a la mente no sólo porque estábamos en Oñati, sino porque vi un rasgo común entre Aguirre y la lucha de los estibadores portuarios que tratamos en el único punto del orden del día: la rebeldía. Esa rebeldía que muchas veces la derecha condena por ruidosa, molesta y por poco decorosa, pero que constituye el combustible que ha alimentado la consecución de los derechos de los trabajadores a lo largo de la historia.

Así como Lope de Aguirre pasó a la posteridad por su rebeldía y valentía al querer independizarse contra la monarquía más poderosa del planeta, los estibadores no sólo le han plantado cara al Gobierno del PP, sino que han tenido que enfrentarse a toda la presión política y mediática del neoliberalismo. Se han rebelado contra los que decían que cobraban demasiado, diciendo alto y claro que cobran lo que pactan legalmente con sus empresas en convenios colectivos, demostrando que no son privilegiados, ya que el sector tiene beneficios multimillonarios. Más que el hecho de que ellos cobren mucho, en todo caso lo que es cierto es que el resto de los trabajadores cobra muy poco. A través de paros y de movilizaciones, han conseguido hacer presión, mientras al mismo tiempo negociaban un acuerdo con la patronal.

El acuerdo logrado el pasado 29 de junio entre la patronal Anesco y los sindicatos garantiza la continuidad del empleo del 100% de los trabajadores de la estiba. Por su parte, los sindicatos ratifican los compromisos adquiridos el 29 de marzo, donde se contempla un periodo transitorio para optimizar las plantillas en todos los puertos a través de prejubilaciones voluntarias, una reducción salarial de los estibadores del 10% y la reorganización de las manos de trabajo.

Por lo tanto, los trabajadores han tenido que hacer un esfuerzo para lograr un acuerdo. Sin embargo, si no hubieran luchado, si no se hubieran rebelado contra los infames Reales Decretos impulsados por el PP con el apoyo del PNV, su situación laboral hubiera sido peor.

El combate no ha terminado: el acuerdo alcanzado pone las bases para la negociación que se va a desarrollar próximamente puerto por puerto. Los derechos se consiguen con dificultad, pero se pueden perder con una desconcertante facilidad, por lo que conviene seguir alerta y con la necesaria dosis de rebeldía preparada.

Pero hoy, 506 o 502 años (la fecha de nacimiento es incierta) después de su nacimiento en Oñati, Lope de Aguirre estaría satisfecho, ya que su rebeldía e inconformismo resuenan en la lucha y movilización de los estibadores. Al igual que firmaba Lope su carta al rey, estos han demostrado ser “hijo(s) de fieles vasallos en tierra vascongada, y rebelde(s) hasta la muerte por tu ingratitud”.


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