Diario de GipuzkoaDiario de Noticias de Gipuzkoa. Noticias de última hora locales, nacionales, e internacionales.

Saltar al Contenido

Períodico de Diario de Noticias de Gipuzkoa

Una sombrilla anuncia a Kittel

El velocista alemán sentencia con contundencia en el sprint de Troyes en una jornada muy larga y tediosa que ofreció un respiro al pelotón

César Ortuzar - Viernes, 7 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:12h

El alemán Kittel se lleva la sexta etapa del Tour.

El alemán Kittel se lleva la sexta etapa del Tour. (EFE)

Galería Noticia

El alemán Kittel se lleva la sexta etapa del Tour.La etapa ofreció bellas estampas como la del galope de caballos en paralelo al pelotón, con Froome y Landa disfrutando de la visión.

Donostia- De repente, en medio del bostezo, apareció una sombrilla volando sin control. Con vida propia y malas pulgas. El objeto volante fácilmente identificable, aterrizó en la carretera, justo cuando el pelotón asomaba. El parasol tuvo que esquivarlo Thiago Machado y el Sky, que silbaba la marcheta alrededor de Froome. Después lo hizo el resto del pelotón, ojiplático frente a la sombrilla. Aquel parasol enloquecido fue un peligro que asustó al pelotón, que rodaba plácido, lejos de los días de metralla que han abastecido la enfermería del Tour. El viento y la escasa vigilancia de sus dueños colocó la sombrilla justo en medio del camino. Se pudo desencadenar una tragedia con un estampado hortera. Afortunadamente, el pelotón reaccionó a tiempo. Ese instante fue el único giro dramático de una jornada incolora hasta que nació a borbotones el sprint en Troyes, una ciudad que tiene forma de tapón de botella. Allí se descorchó enérgico Marcel Kittel, el Apolo alemán, burbujeante y dorado, como el mejor champán. Estalló con fuerza y venció con diligencia y desparpajo. Su despegue, desde el centro de la calzada, aunque tapado por el bosque de otros velocistas, no admitió debate. Su remonte fue estupendo;su triunfo, inmaculado. El alemán fue un cohete, mientras por el vallado, esas cuchillas verticales, Démare, que se visitó de kamikaze, maillot verde, se peleó con el rojo de Bouhanni y su casco negro. Acabado el sprint, el lanzador de Démare insultó a Bouhanni y le acusó de querer tirarle. El velocista francés, le respondió con un desprecio. Los esprinters hablan con los codos y con gestos.

El movimiento del campeón de Francia, absolutamente temerario, a milímetros de los barrotes que encierran los duelos de velocidad, recibió la reprimenda de uno de los lanzadores de Kristoff porque Démare le cargó con el hombro. Los modales no rigen en los sprints ni tan siquiera después del Sagangate. Los velocistas no entendieron el mensaje y se jugaron otra vez el pellejo en la reyerta de la velocidad. Es su modo de vida y nadie se lo cuestiona. Un trabajo con un plus de peligrosidad. El duelo de franceses fue para el Démare, muy lejos, sin embargo, de Kittel, que logró su segundo triunfo en el Tour con enorme autoridad. Su compatriota, Greipel, apenas le inquietó con la mirada. De hecho, la mayor amenaza de ayer fue la sombrilla. En 1960, la noticia fue Charles de Gaulle, expresidente de la República francesa, que vio pasar el Tour de aquel año desde la cuneta de su pueblo natal, Colombey-les-Deux-Eglises, que visitó el Tour ayer. En aquella ocasión paró el pelotón para que el líder de la carrera, Gastone Nencini, saludara al general. Se cuadró el pelotón salvo Pierre Beuffeuil, que aprovechó la reverencia para lanzar su ataque y vencer en Troyes. El director del Tour, Jacques Goddet, quiso que procesaran al corredor por alta traición al no saludar al presidente. Ayer no hubo Macron. Pero sí una sombrilla que casi hizo parar a un pelotón, de por sí al ralentí.

Hubo un exitoso programa en ETB, La mirada mágica, en la que un helicóptero se recreaba en el paisaje de Euskal Herria mientras una voz en off relataba historias, describía paisajes y alimentaba con poesía cada rincón filmado desde el aire. Aquello fue un hito fabuloso. Una bellísima postal con el sonido de las aspas. El helicóptero del Tour se puso en modo La mirada mágicaporque no había nada de acción, solo Quémeneur (Direct Energie), Laengen (Emirates) y Backaert (Wanty), camino del patíbulo. El viaje a ninguna parte durante 207 kilómetros. Así que el realizador se interesó por las comarcas que atravesó la carrera a ritmo de tractor entre campos extensos de trigo, rapados al tres, porque es tiempo de cosecha. La estampa era machadiana. Campos de Castilla con acento francés pero sin poesía. Después de rozar con los labios del esfuerzo la cumbre de la Planche des Belles Filles, los ciclistas besaron una día en la hamaca entre carreteras estrechas, serpenteando calma entre granjas, cosechadoras y la inventiva de los habitantes de los pueblos, para los que el Tour es la mejor de las fiestas. Un escaparate para sus ocurrencias .

un día muy calurosoLa carrera era un asunto tedioso, rutinario y escaso, así que los fardos y las balas de paja se ganaron muchos planos porque nada ocurría. Hubo quienes crearon mosaicos con forma de robot;otros, más clásicos, optaron por fabricar una bicicleta gigante, icono imbatible. Una invitación a la siesta en una día larguísimo, de 216 kilómetros. Entre pueblo y pueblo, de repente aparecía el ruido bullicioso de una charanga. Algo de alegría. Música maestro. El calor -crepitaba el asfalto a más de 35 grados-, no daba tregua y los ciclistas se abanicaron con ese deje cansino que sirve para no gastar fuerzas y pasar el día de bochorno con la cháchara del botijo. Como lo de los mosaicos con paja estaba muy visto, y las carreras de caballos en paralelo a los ciclistas son efímeras, hubo a quien se le ocurrió montar su propio espectáculo circense. Puso en pie dos postes enganchados por un cable y exhibió su equilibrio funambulista sobre una bicicleta. Vestido con un maillot amarillo, el postizo Froome, hizo gestos al piloto del helicóptero para que se acercase y mostrase su pericia sobre la bicicleta.

Al pelotón también se le exigió destreza, pero no por la velocidad, ni por el viento, que pegaba, pero no azotaba. No había lugar para los abanicos, pero sí para las sombrillas que protegían del martillo del sol. La sombra cotizaba al alza entre los aficionados. Una de los parasoles salió despedido desde la cuneta y Thiago Machado, al que rastreaban los Sky, acolchando el rodar relajado de Froome, fintó el objeto volante. La aparición en escena de la inesperada sombrilla fue el mayor peligro del día hasta el escalofrío de Troyes, donde se fabrican los polos Lacoste. Sin Sagan, expulsado, y sin Cavendish, lesionado, en el duelo de velocistas no hubo mordiscos de cocodrilos. Pero incluso en días de asueto, de largas marchas al sol, siempre aparece algo inesperado, caso de una sombrilla. Después se impuso una certeza, la del más rápido del Tour, Kittel.


COMENTARIOS:Condiciones de uso

  • No están permitidos los comentarios no acordes a la temática o que atenten contra el derecho al honor e intimidad de terceros, puedan resultar injuriosos, calumniadores, infrinjan cualquier normativa o derecho de terceros.
  • El usuario es el único responsable de sus comentarios.
  • Noticias de Gipuzkoa se reserva el derecho a eliminarlos.
  • Avda. Tolosa 23 20018 Donostia
  • Tel 943 319 200 Fax Administración 943 223 900 Fax Redacción 943 223 902