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El fútbol como herramienta de cohesión social

El Vukovar 1991 croata y el Dragones de Lavapiés madrileño son los dos equipos invitados por la organización de la donosti cup gracias a la labor de integración social que ejercen en sus ciudades

Un reportaje de Iñaki Egibar - Jueves, 6 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Los jugadores del Vukovar 1991 y el Dragones de Lavapiés, junto a la presidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa, Eider Mendoza.

Los jugadores del Vukovar 1991 y el Dragones de Lavapiés, junto a la presidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa, Eider Mendoza.

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Los jugadores del Vukovar 1991 y el Dragones de Lavapiés, junto a la presidenta de las Juntas Generales de Gipuzkoa, Eider Mendoza.

“A los chicos les gusta mucho estar aquí. Hay mucha gente de muchos países y eso significa mucho, aprenden mucho”, indicó Marina Prce, amiga y ayudante del entrenador del equipo croata. Participar en la Donosti Cup es un lujo para ambos equipos, que por una semana se alejan de la complicada situación que viven a diario en sus respectivas ciudades. Se trata de Vukovar, ubicada al este de Croacia, y el barrio Lavapiés de Madrid.

La situación que se vive en la ciudad croata la vienen arrastrando desde las Guerras Yugoslavas entre 1991 y 1995, cuando Vukovar quedó devastada a manos del ejercito serbio. Cuenta Prce, la ayudante del equipo en esta expedición, que la situación sigue siendo “complicada”. “En el deporte no tenemos problemas, hay una convivencia muy buena. Pero fuera del club, en las escuelas y en los bares por ejemplo, todo está separado. Los croatas van a sus escuelas y los serbios a las suyas”, explicó Prce. La población sigue dividida, los serbios y los croatas no han alcanzado todavía una convivencia como para retomar las relaciones entre ambas naciones en la localidad del este de Croacia, pero, como cuenta la ayudante, “el club es un punto de unión. Tenemos los mismo objetivos: pasarlo bien y si se puede, ganar”.

El objetivo es ayudar a equipos sin recursos con iniciativas que utilicen el fútbol como medio de integración en la sociedad

El caso de los madrileños es diferente. Vienen de un barrio muy humilde de la capital, donde la gente tiene muy pocos recursos para salir adelante. El técnico, Luis Serrano, cuenta que “unos padres de familia del barrio tuvieron la idea de hacer una escuela para dar entretenimiento a los chicos”, y añade que él se unió al proyecto cuando les conoció y vio que “tenían un proyecto social que quería ayudar a chicos a integrarse y a enseñarles cosas adherentes al fútbol, como son el respeto y la consideración”. Narra que es un club humilde con tres años de vida, y que ha pasado de tener 30 jugadores a 120, con futbolistas de hasta 32 nacionalidades diferentes. “Muchos ni siquiera se entienden porque alguno habla marroquí, otro árabe, taiwanés... hemos aprendido a comunicarnos entre nosotros”, comenta Serrano.

bonitas historiasEl Dragones de Lavapiés cuenta con la simpatía del barrio, ya que muchos de los chavales que juegan en el club no disfrutarían del fútbol si no fuera por este modesto equipo. Cuenta Serrano que un vecino abrió un bar hace poco tiempo y que les ha cedido un espacio para que sea la sede del club. “Vamos por el barrio y nos conoce todo el mundo porque intentamos ir con la camiseta distintiva”, dijo el técnico del conjunto madrileño, quien añadió que “vienen chicos a diario. Los chavales quieren jugar aquí, se sienten súper identificados porque es un equipo hecho por padres del barrio, es un logro del barrio en general”.

La Donosti Cup ha ayudado a que estos dos equipos se den a conocer y se sepan las historias que hay detrás de ellos. Ambos clubes admiten que sin la invitación de la organización les sería “imposible” estar compitiendo durante esta semana en el torneo. La situación tanto de los croatas como de los madrileños invita a creer que el fútbol es más que un deporte y que sirve como herramienta de cohesión e integración social. Marina Prce cuenta que “la gente está muy orgullosa de que estemos aquí. Piensa que con el deporte podemos hacer mucho por nuestra ciudad”, y añade que en los otros equipos que estos días se encuentran en Donostia ven “que hay gente de diferente color, idioma o nacionalidades, pero en el deporte todos somos iguales”. Que los jóvenes del Vukovar 1991, croatas y serbios, puedan ver, conocer y aprender de esta experiencia es el objetivo tanto de la Fundación como del club, puesto que de esta manera se espera incentivar la convivencia entre ambas naciones en la pequeña ciudad fronteriza.


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