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Jimena Álvarez, una niña de 13 años, clavadista de Acapulco

Eligio Álvarez, su padre: "A veces, si me gana el temor, prefiero estar cobrando boletos y no verlo"

Isabel Reviejo/ Efe - Lunes, 3 de Julio de 2017 - Actualizado a las 10:09h

Jimena Álvarez realiza un salto en la Quebrada.

Jimena Álvarez realiza un salto en la Quebrada. (efe)

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Jimena Álvarez realiza un salto en la Quebrada.

México. Cuando era más pequeña, Jimena veía a su padre y a su hermano saltando de la Quebrada, el emblemático acantilado de Acapulco, y se preguntaba qué sentirían;ahora sabe que esos segundos que pasan desde que los pies abandonan la roca hasta que llegan al agua dan la sensación de estar "volando".

Jimena Álvarez, de trece años, pertenece a la tercera generación de clavadistas de su familia. Como ella, varios niños y adolescentes de Acapulco, en el mexicano estado de Guerrero, perpetúan una tradición de más de 80 años y que a su vez es uno de los atractivos turísticos de esa ciudad de la costa del Pacífico.

La primera vez que Jimena se lanzó al agua fue aprovechando un descuido de su hermano mayor, quien le prohibía que saltara porque se podía "lastimar". Ya con diez años, comenzó a ir los fines de semana a las prácticas en las que dos entrenadores ayudan a los chicos para que se inicien en los clavados.

Allí les enseñan a percibir cuál es el momento idóneo para el salto cuando la ola pasa por el lugar donde se quiere aterrizar, a no precipitarse, entrar en el agua de forma suave y disfrutar la elaboración de sus movimientos. "Cuando disfrutas lo que haces, lo sientes como si estuvieras volando, es una bonita experiencia", relata Jimena a Efe.

Por el momento, la altura máxima desde la que se tira es de diez metros, aunque espera que cuando acumule la "experiencia" necesaria pueda saltar desde el punto más alto de la Quebrada, a unos 35 metros. Domina dos clavados, el "mortal" (tanto hacia el frente como hacia atrás), con el que se da una vuelta en el aire antes de caer de pie, y el "avión", conocido como "el vuelo del cisne".

Este último es uno de los primeros que se enseña a quienes están aprendiendo, y consiste en lanzarse con los brazos extendidos, como un pájaro. Para Jimena, los saltos son un hobby, pero no le gustaría quedarse "estancada" en esto. "Ahora el turismo no está bien, y con tanta violencia que se vive en el puerto (de Acapulco) no creo que sea posible mantenerme de esto, quisiera prepararme y estudiar una carrera", comenta.

Eligio Álvarez, el padre de Jimena, recuerda que cuando le llevaban de pequeño a la Quebrada quedaba fascinado por el buen ambiente del lugar y por la admiración que los clavadistas despertaban en el público durante los espectáculos de saltos.

"Uno de pequeño se emociona al oír el aplauso y ver que todo el mundo te felicita;es una parte esencial, eso nos va motivando", afirma a Efe a sus 44 años. Él se tiró desde la parte más alta por primera vez en su adolescencia, y lo recuerda como un momento en el que le invadió el miedo, lo cual asegura es bueno porque este "alerta el sistema nervioso y te hace ser más hábil", mental y corporalmente.

Tanto Jimena como sus otros dos hijos, un joven de 20 años y una niña de ocho, han mostrado su interés por los saltos. El padre reconoce que, en ocasiones, no le resulta fácil ver a su hijo mayor tirándose desde las alturas. "A veces, la verdad, sí me gana el temor, prefiero estar cobrando boletos y no verlo", bromea.

Pertenece a la Asociación Clavadistas Profesionales de la Quebrada de Acapulco, la agrupación de 56 clavadistas que organiza los cinco espectáculos diarios de salto que se desarrollan en la Quebrada. Acceder a la agrupación ya no es tan sencillo como anteriormente, ya que ahora es "todo un proceso" que requiere disciplina y haber estudiado, como mínimo, la preparatoria, explica Eligio.

Continuar sus estudios fue el requisito que le puso a sus hijos para seguir practicando los saltos: "Si bajan las calificaciones, no hay Quebrada, no hay nada", sentencia.

Orgullo de Padre

Eligio Álvarez, padre de Jimena, asegura que si hay una sensación que no le abandona nunca a lo largo del día es el orgullo por sus hijos: "Que tus hijos hagan bien lo que les gusta hacer, sea lo que sea, es la satisfacción más grande de todo padre", concluye el clavadista, progenitor de una de las sagas de saltadores más conocida y respetada en la Quebrada de Acapulco. Los aplausos de los visitantes siguen siendo indispensables en este espectáculo.

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