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Bis a bis

Globalización e identidad nacional

Por Juanjo Álvarez - Lunes, 3 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

El debate social y político que nuevamente emerge se centra en la forma a través de la cual ha de ser gobernada o civilizada la globalización. La disputa ideológica en torno al acuerdo comercial con Canadá (el conocido como CETA) es claro exponente de ello. En todos los escenarios de debate aparece el neologismo démondialisation, algo así como desglobalización, idea que lleva consigo la reivindicación de una mayor soberanía frente a las instituciones supranacionales (entiéndase la Unión Europea), y que pretende ante todo instaurar un neoproteccionismo cercano a la autarquía. ¿Es este el camino para hacer frente a las derivadas negativas de la globalización?

La globalización, ahora demonizada, ha adquirido una fuerte carga emotiva, caracterizada como un proceso a la vez inevitable e irreversible, y que suscita, como amenazas aparentes, una mayor desigualdad dentro de cada país y entre los distintos Estados, amenaza el empleo y las condiciones de vida y obstaculiza el progreso social. Pero no debemos olvidar que la globalización abarca además aspectos culturales, políticos y ambientales.

Pero la globalización no es solo esa especie de monstruo que todo lo armoniza, que avasalla, unifica, controla y margina todas las realidades en todos los rincones del mundo. Sin duda, algo de eso está pasando y no se puede minimizar el impacto de la denominada globalización neoliberal. Pero también encierra muchos órdenes sociales y tradiciones culturales que conforman modernidades múltiples. Y Euskadi es y ha de ser ejemplo en este proceso.

¿Qué consecuencias puede tener para la política y la práctica social? La globalización capitaliza y reconoce esa multiplicidad, porque el proceso globalizador relativiza y redimensiona la tradicional concepción de soberanía estatal. La globalización productiva ya no es una opción, sino una necesidad vital para las empresas. La competitividad y supervivencia a largo plazo de las empresas industriales pasa por el éxito en los mercados globales, basada o anclada en una estrategia empresarial sólida.

La globalización, ahora demonizada, encierra muchos órdenes sociales y tradiciones culturales que conforman modernidades múltiples

El tejido productivo vasco lo forman pequeñas y medianas empresas menos proclives a la deslocalización pero con r

Debemos tener en cuenta que buena parte del tejido productivo vasco no es deslocalizable. Tenemos una economía muy abierta e interrelacionada, un tejido empresarial conformado por pequeñas y medianas empresas, menos proclives a la deslocalización y que cuenta con una importante flexibilidad y capacidad de adaptación, pero también importantes riesgos de supervivencia si no se adoptan medidas adecuadas.

Tal y como brillantemente expuso Craig Calhoun, exdirector de la London School of Economics, la democracia solo puede sobrevivir en Europa si se estructura en un conjunto de gobiernos a múltiples niveles en el que los poderes estén divididos y al mismo tiempo compartidos, de modo que ninguno de ellos pueda pretender una soberanía plena real y efectiva.

Frente al discurso imperante de que la globalización no tolera ni admite la atomización de naciones, esa orientación carece de base empírica;las naciones ni desaparecen ni sustituyen al Estado;hay una interdependencia entre ambos niveles de gobierno político, porque la democracia depende esencialmente del compromiso dentro del pueblo y con el pueblo y las naciones sin Estado aportan a éste un contrapeso y contrapunto de solidaridad.

Si algo claro ha conllevado la globalización es el abandono del mito de la soberanía;ninguna nación es completamente soberana en el mundo de hoy día.

En la coctelera de factores a tener en cuenta en esta reflexión final hemos de sumar globalización, identidad colectiva, desarrollo económico y cohesión social. Para analizar el papel de Euskadi en la presente ola de globalización sugiero tener muy presentes las reflexiones del profesor M. Keating sobre el nuevo regionalismo y el nuevo modelo competitivo, que responden a una realidad incontestable en la que las naciones sin Estado con marcada identidad adquieren potencialidades añadidas y un sobrevenido protagonismo como nuevos actores globales desde lo local o regional a lo global. Éste es nuestro reto de futuro como pueblo vasco, interdependiente pero consciente, más que nunca, de su propia identidad nacional.


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