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Opinión

Todavía nos queda Europa

Gorka Knörr - Domingo, 2 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Días intensos los que me ha tocado vivir, al igual que a mis compañeros de Mesa del Parlamento Vasco, el presidente Juan Mari Atutxa y como secretaria Kontxi Bilbao. Jornadas plenas de satisfacción, tanto por la reparación de la lacerante injusticia que hemos padecido durante 14 años, como por las tan numerosas e impresionantes muestras de afecto y de solidaridad que hemos recibido. Menos mal que todavía nos quedaba Europa.

Miramos hacia atrás sin ira. Sin embargo, también sin olvidar algunos acontecimientos. Personalmente, recibí maltrato por parte de magistrados que creo sin lugar a dudas que obraron al compás de impulsos del poder político y del clima creado contra nosotros en aquellos momentos. Del impulso político no cabe duda, baste con señalar que nada más cambiar el color del gobierno del Estado, el fiscal general del Estado dejó de acusarnos. Y aquel impulso político dio lugar al absurdo de que nuestro caso fuera archivado dos veces, que se nos sometiera a juicio en el TSJPV otras dos veces, y en ambos casos se nos absolviera, con la sola acusación del sindicato ultraderechista Manos Limpias (que ahora sabemos que además de serlo era también un grupo cuya principal actividad no era otra que la extorsión). Y que con aquella sola acusación se llevara nuestra sentencia absolutoria a casación en el Supremo, donde no solamente no se nos aplicó la llamada doctrina Botín-cuando solamente subsistía la acusación de Manos Limpias-, sino que se revisó de arriba abajo la causa sin darnos derecho a defendernos. Hecho palmario este de vulneración de derechos fundamentales que, a la postre y en nuestro caso, ha traído la sentencia contra España por parte del Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Cuando he mostrado mi agradecimiento a tanta y tanta gente que nos ha testimoniado su solidaridad, cariño y aliento, he querido al mismo tiempo tener un gesto con aquellos magistrados -5 en el Supremo y 4 en el Constitucional- que emitieron en su día un voto particular y tuvieron la decencia de mostrar su desacuerdo con las sentencias. Al César lo que es del César, sobre todo en estos tiempos en que la politización de la justicia ha rebasado los límites más inauditos e intolerables.

No olvido tampoco que previamente a la que se presumía una inhabilitación por parte del Poder Judicial, sufrí la inhabilitación política por parte de mi propio partido político. Un gesto de inhumanidad que lleva nombre y apellido y que me hizo sufrir muchísimo, los que me conocen bien lo saben. Los magistrados que discreparon con nuestra condena tienen mi reconocimiento. De los que se portaron conmigo como se portaron, no quiero nada. Me cabe la íntima satisfacción de saber que cada uno tiene su lugar en esta historia.

Como la tienen aquellos portavoces del PP y del PSE que cada viernes, al comienzo de cada sesión plenaria, se dirigían a Juan Mari Atutxa -y por extensión a Kontxi Bilbao y a mí mismo- para recordarle la obligatoriedad de cumplir con los autos y resoluciones del Tribunal Supremo. Las sucesivas sentencias del TSJPV y la del Tribunal de Estrasburgo son el mejor contrapunto contra la indigna persecución a que fuimos sometidos y en la que colaboraron tan entusiásticamente los portavoces del PP y del PSE-PSOE, entre otros. La ausencia de estos últimos en el acto del pasado martes en el Parlamento, es un incomprensible acto de indelicadeza y falta de respeto institucional.

Dos buenos amigos míos coincidían en señalar el hecho de que la defensa de nuestros derechos se ha amparado finalmente desde Europa. Josep-Lluis Carod Rovira me enviaba una felicitación que decía con sorna “Zorionak Europa” y el profesor de Derecho Penal de la Universidad de Barcelona Juanjo Queralt, escribía hace unos días, sobre el tema de nuestra sentencia, un artículo titulado Todavía hay jueces en Estrasburgo. Ya solamente falta que las estructuras que se han perpetuado desde el franquismo sean desmanteladas y se propicie una justicia de raíz inequívocamente democrática en el Estado español. Al paso que van, me temo que tendrán que copiar del futuro Estado catalán.


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