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Mojados, pero felices

Con 19 cantineras y 7.827 soldados en sus filas, el Alarde tradicional hizo frente a la lluvia con ganas, ilusión y un entusiasta apoyo en las aceras, atestadas de gente desde horas antes de su Arrancada.

Un reportaje de Xabier Sagarzazu. Fotografía RubenPlaza - Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Una de las cantineras del Alarde tradicional saluda al público de la calle San Marcial, durante la Arrancada sin que la lluvia restara un ápice de brillantez.

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Una de las cantineras del Alarde tradicional saluda al público de la calle San Marcial, durante la Arrancada sin que la lluvia restara un ápice de brillantez.

Cada 30 de junio en Irun, cada día de San Marcial, es a la vez igual, por los rituales que conlleva, por la emoción y el sentimiento con que lo viven los irundarras, pero distinto en detalles, en gestos o en momentos, e incluso circunstancias, como las del tiempo atmosférico. Y si por ejemplo, el de 2015 será rememorado por el sofocante calor, el día de ayer se va recordar, y seguramente mucho tiempo, por la lluvia, a ratos suave y a ratos fuerte e intensa, que acompañó la renovación del voto que la ciudad hizo a San Marcial tras la victoria en aquella batalla del año 1522.

A las 7.40 horas en punto, el toque de corneta de Jon Agudo rompía el silencio que reinaba en la calle San Marcial desde casi un par de minutos antes, y el capitán de la Escuadra de Hacheros, Juanjo Martínez, que se estrenaba en el cargo, giraba sobre su cuerpo para iniciar la Arrancada, calle arriba desde la plaza Urdanibia hacia la plaza San Juan. Un momento en el que el público, que esperaba este instante desde horas antes, rompía en aplausos como cada año y comenzaba su andadura el Alarde tradicional, que ayer contó, según las cifras facilitadas por sus organizadores, con 7.827 soldados en sus filas, además de las 19 jóvenes que este año eran cantineras de otras tantas unidades, siendo la de Hacheros la única íntegramente compuesta por hombres.

Ya con todo el batallón en la plaza, controlado hasta ese momento por el Comandante, Asier Etxepare, llegaba desde la calle Iglesia el General, Paco Carrillo, en su segundo año al frente del desfile tradicional, y tras la Llamada a Capitanes, la compañía Bidasoa recogió la Bandera de Irun en los arkupes del ayuntamiento. Seguidamente, Carrillo ordenó las descargas de fusilería y artillería.

En el caso de las de escopeta, no fueron las tres habituales sino cuatro, ya que algunos disparos antes de tiempo acabaron por estropear una de ellas y Carrillo quiso enmendarlo ordenando una última descarga. Esta sí, bien ejecutada por la tropa, que después iniciaría su camino hacia la parroquia del Juncal.

En el balcón del ayuntamiento, recibieron al Alarde tradicional el alcalde de la ciudad, José Antonio Santano, y ediles de su propio partido, el PSE, su socio de gobierno, el PNV y PP y Sí Se Puede Irun, por parte de la oposición, además del diputado de Cultura, Denis Itxaso, y el delegado del Gobierno en Euskadi, Javier de Andrés.

El público, los mandos del Alarde y las cantineras , en un día único para ellas, señalaban que “la lluvia no es problema para disfrutar”

Antes de partir hacia la ermita de San Marcial para renovar allí junto con la Corporación el voto al santo, el primer edil destacó que el de ayer era “el día del pueblo de Irun, que disfruta su fiesta con alegría y muy buen ambiente, por encima de todo y sin importarle la lluvia ni nada más”.

emoción y alegríaFuera en las aceras, o desfilando, la emoción y la alegría de los irundarras se imponían sobre la incomodidad de la lluvia, que no había hecho acto de presencia en San Marcial desde hace algunos años.

“Hemos estado esperando la Arrancada desde las 3.15 horas, entreteniendo la espera charlando, tomando café... El tiempo pasa rápido y vivir ese momento merece la pena. La lluvia no importa,” decían, en la calle San Marcial, Mamen Sarasola, de 58 años, y su hija, Soiartze Puebla, de 31 años, pertrechadas, como el resto del público, con sus paraguas, ponchos y hasta sillas.

Ya en la plaza, el capitán de la Escuadra de Hacheros, Juanjo Martínez, confesaba estar “ya relajado” después de su primera Arrancada, que había sido “algo bestial, un momento de tensión, de mucha emoción y de muchos recuerdos, sobre todo para aquellos que ya no están”.

Emocionadas estaban también las cantineras, en lo que para ellas es un día único en la vida. Amaiur Ugarte, cantinera de Behobia, llevaba en pie “desde las 2.00 horas”, en un día “feliz en el que la lluvia ni se nota ni importa lo más mínimo, porque se disfruta igual, hasta que el cuerpo aguante”. Idénticas eran las sensaciones de Saioa Iriarte, cantinera de Meaka, que confesaba haber soltado “algunas lágrimas” durante la Arrancada y que estaba “impresionada por el apoyo y el entusiasmo de la gente” y “feliz de vivir un día maravilloso”.

El General del Alarde tradicional, Paco Carrillo, tenía palabras de “agradecimiento y reconocimiento a todos los iruneses que en las aceras y dentro del batallón, demuestran con claridad cuál es el Alarde que aman”. Aunque era su segundo año al mando, Carrillo confesaba: “no hay botón para desconectar de los nervios, la tensión y la emoción, en un día que es puro sentimiento”.


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