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Fuerzas iraquíes acorralan a los últimos yihadistas de Mosul y los civiles huyen

El avance antiterrorista es lento entre los escombros producidos por los intensos bombardeos de los últimos días

Isaac J. Martín y Yáser Yunes - Sábado, 1 de Julio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Estado en el que quedó la mezquita Al Nuri, en la parte vieja de Mosul, atacada por los yihadistas.

Estado en el que quedó la mezquita Al Nuri, en la parte vieja de Mosul, atacada por los yihadistas. (Foto: Efe)

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Estado en el que quedó la mezquita Al Nuri, en la parte vieja de Mosul, atacada por los yihadistas.

Mosul- Las fuerzas conjuntas iraquíes continúan luchando en el casco antiguo de la ciudad septentrional de Mosul, en el oeste de la urbe, para expulsar a los yihadistas del grupo Estado Islámico (EI), mientras varias decenas de civiles han conseguido huir del asedio. Según anunció ayer el comandante de las Operaciones Conjuntas de la provincia de Nínive -cuya capital es Mosul-, Abdelamir Rashid Yarala, las tropas gubernamentales han recuperado el barrio de Al Faruq II y las zonas del Profeta Yeryes y de Abdu Job para seguir asediando a los yihadistas con el fin de expulsarlos definitivamente del que fue su principal feudo en Irak. Un comandante de las Fuerzas Antiterroristas, Abdelwahab al Saadi, dijo que “la operación continúa según lo planeado” y que el EI está cada vez más acorralado, sobre todo, después de que controlaran el jueves lo que quedaba de la mezquita Al Nuri, donde el autoproclamado califa del EI, Abu Bakr al Bagdadi, pronunció su primer discurso en público en julio de 2014. Preguntado por si sabe si el primer ministro iraquí, Haider al Abadi, acudirá a Mosul en los próximos días para anunciar la liberación, respondió: “No tenemos ninguna información”, alegando que son asuntos de Bagdad.

En el centro donde se reúnen para discutir la estrategia de la fase final de la ofensiva, lanzada el pasado 19 de junio sobre el casco antiguo, Al Saadi fue marcando en un mapa los puntos donde se encontraban las tropas, desde tres ejes en la vetusta zona de la ciudad, así como tachando las áreas recuperadas.

Por otro lado, el comandante de las Fuerzas Antiterroristas, Sami Kadem al Ardi declaró que, en su opinión, la liberación se anunciará “en cuatro o cinco días”. Sin embargo, añade que los terroristas lucharán hasta perder “el último aliento”, pues ya no controlan ninguna zona del casco antiguo. Dentro de sus laberínticas calles, las casas están totalmente destruidas por los bombardeos y las pocas que quedan de pie, tienen todavía objetos que dejaron atrás los civiles que consiguieron huir del asedio. En ese recorrido, todavía hay cadáveres de terroristas y de civiles debajo de las ruinas de esas viviendas, e incluso, se pueden ver cadáveres entre los escombros, que dejan un olor de putrefacción que se extiende por los distritos. Además, las minas plantadas por los yihadistas son uno de los mayores peligros, junto a los francotiradores, a los que se enfrentan las fuerzas iraquíes.

casas marcadasMuchos de los hogares están marcados con una X negra, para indicar que “no está limpia” e impedir que alguien entre, dijo un soldado de las Fuerzas Antiterroristas. Durante la ofensiva de ayer, decenas de civiles pudieron huir y salir del casco antiguo después de horas caminando, pues sus hogares se encontraban en el otro extremo de la zona. Es el caso de Rabi Ibrahim Hamed, de 38 años, quien con sus cuatro hijos y su mujer, llegó del distrito nuevo de la zona con un par de mochilas. Él era empleado en el departamento de Comunicación de la Universidad de Mosul y cuenta cómo “desde los últimos días del Eid” -la fiesta que pone fin al mes sagrado de ramadán- “el desastre comenzó”. Según Rabi, los “intensos bombardeos” de la coalición liderada por EEUU eran “constantes”, y muchos de sus vecinos no pudieron huir porque se quedaron atrapados entre las ruinas.

Abdulwahab Nahib, de 60 años, llevó consigo durante toda la travesía a un canario, que era de su vecino, y al que no le faltó alpiste.

Nahib vivía cerca del quinto puente sobre el río Tigris, que une el oeste con el este de la ciudad, y cuando llegó a la zona segura, se reencontró con parte de su familia, a la que no paró de abrazar.

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