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Tribuna abierta

Matemáticas: Pasión y profesión

Por Enrike Zuazua - Viernes, 30 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

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Desde que ser estudiante es acudir a una Escuela Infantil para aprender cantando y jugando, el oficio de escolar se va complicando a medida que avanzamos en los diferentes estadios del sistema educativo. Poco a poco, empiezan a hacer aparición libros de texto, cuadernos de apuntes, hojas de ejercicios, fichas de ordenador o en Internet, calendarios, horarios, trabajos en grupo, proyectos, exámenes, reválidas y selectividades...

Pero cuando ser estudiante empieza a parecerse definitivamente más a una profesión que a una ocupación formativa es cuando llega la hora de hacer elecciones importantes, lo cual necesariamente genera tensión y ansiedad. Elegir entre varias optativas o especialidades de Secundaria, entre Bachillerato o Formación Profesional (FP) o, llegado el momento, elegir la carrera, son decisiones relevantes que definirán en gran medida el bagaje cultural, formativo y metodológico con el que abordaremos el resto de nuestra vida profesional, al menos en sus primeros pasos.

Hay en todas esas elecciones un cierto grado de irreversibilidad que, afortunadamente, no es completa, por supuesto, pero sí importante. En efecto, podemos elegir una carrera y, al acabarla, hacer otra o cambiar a medio camino. Podemos pasar de un Bachillerato a otro, o del Bachillerato a la FP o viceversa. Pero cada uno de esos cambios supone invertir al menos un curso académico más y, aunque a veces es conveniente, recomendable y necesario hacerlo, siempre se genera una cierta frustración y tensión en uno mismo y su entorno.

Conviene, pues, desdramatizando la coyuntura, elegir bien. Y hay, diría, dos tipos de criterios: uno es el de las salidas profesionales y el otro, el del gusto y el interés personal por las diferentes materias y opciones académicas.

Todos compartimos experiencias semejantes. Yo, en 1979, al elegir la carrera, y aunque eran tiempos de crisis económica en el entorno, animado por mi familia, me decanté por dar prioridad al segundo criterio, el de mi propia pasión por las Matemáticas.

En aquel momento, la carrera, que se denominaba “de Exactas”, se percibía como casi sin salida alguna más allá de la docencia en el Bachillerato puesto que, en particular, las oportunidades de desarrollar una carrera profesional en la Universidad eran escasísimas y eran pocos los ámbitos de actividad económica en los que un matemático era considerado potencialmente útil.

Pero lo que desde pequeño me gustaba eran las Matemáticas. Había opciones afines como la Ingeniería, que con contenidos matemáticos importantes gozaba de más prestigio social y, sin duda alguna, ofrecía un abanico más amplio de salidas profesionales. Estaba también la opción de estudiar Economía, con una vinculación más directa con el tejido productivo y el mundo de las finanzas, de tanta tradición en nuestro país.

Pero, llegado el instante decisivo, me decanté por seguir mi instinto y apostar por lo que realmente me gustaba, asumiendo el riesgo de entrar en un túnel académico que conduciría a un destino profesional incierto. Hasta hoy no me he arrepentido.

Es importante, en efecto, elegir la carrera en función de la pasión, del impulso y gusto personal y estudiar con alegría, ilusión y dedicación lo que realmente a uno le gusta.

Hoy vivimos un momento dulce para las Matemáticas a nivel mundial. En la que podríamos denominar la década de los datos, el diploma de matemático es uno de los más codiciados en el mercado laboral. Así lo indican todos los rankings y clasificaciones de los países más avanzados: Informáticos, Estadísticos y Matemáticos están entre los diplomas más demandados.

Por tanto, hoy hay más razones que nunca para elegir una formación en Matemáticas. Pero, con independencia de estas circunstancias, animo a todos los jóvenes con un gusto genuino por esta disciplina a elegir la carrera, sin dudarlo.

Al fin y al cabo, como decía Galileo, para los humanos, el universo está escrito en el apasionante lenguaje de las Matemáticas, que son a su vez, hoy más que nunca, la llave que abre las puertas a todo un universo de oportunidades profesionales.

Como es bien sabido, las Matemáticas se caracterizan por ser a la vez tan amadas por unos pocos como aborrecidas por muchos otros. Por tanto, una gran mayoría de los estudiantes, llegado el momento de elegir, descartarán las Matemáticas. Razón añadida para que quienes realmente disfrutan con ellas alimenten esa pasión apostando por la disciplina.

Hay hoy en España un buen número de Universidades Públicas que ofertan la Licenciatura de Matemáticas, incluida la nuestra, la Universidad del País Vasco / Euskal Herriko Unibertsitatea (UPV/EHU), la única en la que es además posible cursarla en euskera.

Aunque lo más habitual sigue siendo que los estudiantes opten por estudiar en la Universidad más próxima, es cada vez más frecuente también que los jóvenes elijan otros campus a la búsqueda de ofertas diferenciadas. Es el caso, por ejemplo, del Doble Grado en Matemáticas e Informática de la Universidad Autónoma de Madrid o el de Matemáticas y Física de la Universidad Complutense. En ellos, los estudiantes adquieren competencias añadidas que complementan de manera significativa la formación matemática tanto de cara a continuar con una carrera académica como con vistas a la inserción en el mercado laboral.

También son cada vez más los que se animan a intentar estudiar en los campus europeos más competitivos, a la vez que el programa Erasmus ofrece la posibilidad de una experiencia formativa complementaria en alguna universidad europea, siempre recomendable, para aquellos que decidan estudiar en España.

Nunca como hasta ahora estudiar Matemáticas había ofrecido un abanico tan amplio de opciones a la hora de hacerlo. Tampoco nunca el diploma había estado tan cotizado.

Y es que, a medida que nuestra sociedad avanza y se hace más compleja, las Matemáticas se van haciendo más necesarias. En las últimas décadas el mundo de las Finanzas, de las Ciencias Médicas y de los Datos, entre otros, han ido experimentando revoluciones internas que han venido siempre acompañadas del desarrollo y uso de herramientas matemáticas más sofisticadas. Ese proceso de proliferación de los ámbitos en los que usan y necesitan de las Matemáticas, que se acentúa progresivamente, hoy se percibe con claridad también en el ámbito de las Ciencias Sociales.

Basta mirar 50 años atrás para ver cómo, a pesar de las calamidades que nos acechan aún en el día a día y de las que tenemos información en tiempo real gracias a los medios de comunicación en un mundo global, en forma de catástrofes naturales, guerras y atentados, el planeta ha evolucionado en promedio de manera muy positiva habiendo recortado la mortalidad infantil, el analfabetismo y la pobreza extrema a la vez que se prolongaba la esperanza de vida. La Ciencia en general y las Matemáticas en particular han jugado un papel decisivo en ese avance, digno de elogio.

Estudiar Matemáticas hoy es, más que nunca, una excelente inversión de cara a un futuro que es imposible predecir pero que, sin duda, será próspero y que estará lleno de avances científicos que afectarán a nuestro modo de vivir de manera hoy imprevisible pero que, con certeza, seguirá estando escrito en lenguaje matemático.


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