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Tribuna abierta

Nuevos tiempos para el socialismo

Por Josu. Montalbán - Miércoles, 28 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Pedro Sánchez.

Pedro Sánchez.

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Pedro Sánchez.

El PSOE afronta la hora de la verdad, su hora de la verdad, su hora decisiva. Tras un periodo difícil en el que en sus filas ha encontrado cobijo y valor la vieja teoría del caos, se enfrenta ahora a una nueva realidad que va a constituir una auténtica prueba de fuego. No solo se tiene que acomodar a lo que se ha dado en (mal) llamar “nueva política”, sino que tiene que recuperarse de las contusiones y heridas que se ha producido a sí mismo en la lucha fratricida que ha soportado durante el último año y medio aproximadamente. Solo un partido de contrastada historia, como el PSOE, puede superar el trauma sufrido.

El PSOE no es un fin en sí mismo. Se apoya en una ideología basada en principios: libertad, igualdad, solidaridad, etc… Pero de bien poco servirían sus principios y buenas intenciones si no contara con la fuerza de la militancia, primero, y de quienes mediante su voto le otorgan el poder suficiente para gobernar a todos los ciudadanos, a los socialistas y a los que no son socialistas.

Los últimos meses no han sido halagüeños para quienes no comprendíamos que las diferencias de criterio en lo organizativo o en la preferencia de nuestros posibles alianzas con otras fuerzas políticas pudieran desembocar en descalificaciones e insultos entre “compañeros”. Las Elecciones Primarias, que supusieron un impulso democrático para el PSOE centralizado que venía siendo desde antes del franquismo, han devenido en luchas banderizas que es necesario organizar de otro modo, incluso modificarlas radicalmente para que no se conviertan en terreno idóneo para disputas estériles y perjudiciales. Sí, las últimas Primarias, las que han aupado a Pedro Sánchez, de nuevo, a la Secretaría General del PSOE, superando a Susana Díaz y a Patxi López, han dejado secuelas, tanto más dolorosas y decisivas como cualquier venganza. Pero no es compatible la condición socialista con la de ser vengativo. Por tanto, lo primero, y más urgente, es acallar a quienes hacen ostentación de la victoria al mismo tiempo que se incorpora a los “derrotados” al alma y motor del partido.

El PSOE no es fin en sí mismo. Se apoya en una ideología. Y el Congreso no consolida nada, solo inicia su andadura hacia lo que nunca debió abandonar: su responsabilidad en hacer la vida más llevadera, justa e igualitaria.

En un alarde propio de advenedizos ansiosos, los líderes de esa “nueva política” se han empecinado en desacreditar todo lo anterior. Amparados en una corrupción excesiva que afecta principalmente al PP (gobierno), y en las consecuencias de ciertas políticas erráticas y perversas que han generado desigualdad y pobreza en exceso, su lenguaje se ha hecho arisco y agresivo, extremadamente desvergonzado y falto de los matices que hacen útiles a las palabras y a los conceptos. Pues bien, esta tendencia debe ser subvertida, invalidada, para volver a convertir la política en fiel compañera de las sociedades humanas que conforman el infinito colectivo que se llama humanidad.

Cuando el PSOE apenas iniciaba los debates de su 39º Congreso, en Madrid, que ha sido por sus prolegómenos uno de los más inciertos y complicados de su historia, escribía frente a la ventana sin saber nada de lo que estaba pasando allí y, a decir verdad, no me importaba demasiado porque lo importante, como se dijo en el día siguiente a las Primarias, era coser lo roto y recomponer las costuras abiertas por la intransigencia de unos y de otros. Cada cual puso su granito de arena en la disgregación que se produjo. Cuando el nuevo, e indiscutible, secretario general del PSOE ha escrito hace solo unos días, en relación con la moción de censura, en un periódico de gran tirada que “(la moción de censura) pasará a la Historia como un ejercicio de expectativas frustradas para los millones de ciudadanos que demandan un cambio en nuestro país… Seguro que sintieron una gran decepción viendo a la “nueva política” peleándose a garrotazos, mientras Rajoy sacaba réditos al espectáculo”. Tiene razón Pedro Sánchez pero, ¿no cabe decir algo parecido del espectáculo ofrecido en el seno del PSOE durante las Elecciones Primarias? Porque, al igual que en aquel cuadro de Goya -Duelo a garrotazos- que decoraba los muros de su Quinta del Sordo, también los líderes socialistas han estado zumbándose garrotazos, embarrados hasta las rodillas, sin otro motivo que ejercer la intransigencia de los unos contra los otros.

¿Habrá resuelto todos los recelos de unos y otros el Congreso? Seguro que no, aunque constituirá un punto de arranque de un nuevo tiempo en el PSOE. Es mi seguridad de que el Congreso no va a ser un bálsamo que resuelva de forma automática lo que le acontece (y le ha acontecido) al PSOE. Pero sus resoluciones, sean las que sean, no serán eficaces si el instrumento, es decir, el partido, no se encuentra al 100% de su fortaleza y eficacia.

De modo que dejo aquí dos ideas que creo que son esenciales: Una, que la mal llamada “nueva política” pasa ineludiblemente por la recuperación de este “¿nuevo? PSOE”, que ya tiene más de 130 años, por lo tanto poco “nuevo” (la política aún tiene muchos años más, desde el principio de los tiempos). La segunda idea es que el PSOE, con este Congreso que acaba de celebrar, no consolida nada, sólo inicia su andadura hacia lo que nunca debió abandonar: su responsabilidad para hacer que la vida de las personas sea más llevadera, más justa y más igualitaria.

Al igual que en aquel cuadro de Goya -‘Duelo a garrotazos’- también los líderes socialistas han estado zumbándose , embarrados hasta las rodillas, sin otro motivo que ejercer la intransigencia unos contra otros


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