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Garbiñe Arrizabalaga FORMADORA en LA ASOCIACIÓN DE PADRES Y MADRES DE LA ESCUELA PÚBLICA DE GIPUZKOA, baikara

“En las escuelas hay muchísimos conflictos que se plantean como ‘bullying’ cuando en realidad no lo son”

No cree en las “recetas mágicas” contra el acoso escolar. “Más que aportarse soluciones eficaces, se está tratando de tranquilizar conciencias”, observa

Jorge Napal Gorka Estrada - Sábado, 24 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Garbiñe

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donostia- Mantiene contacto diario con padres y madres de la escuela pública para abordar, entre otras cuestiones, aspectos relacionados con la inculcación de valores entre el alumnado. Conoce de cerca la situación de más de 60 de los 130 centros públicos del territorio, especialmente en las etapas de Primaria y durante los primeros ciclos de Secundaria, cuando se intensifica el acoso escolar. “Tenemos un nivel de conocimiento y percepción de lo que ocurre bastante aproximado a la realidad. Podemos decir bien alto que no se está mirando hacia otro lado, pero es verdad que no todo es bullying como muchas familias creen”, advierte.

¿Los padres y madres están muy desorientados?

-No sé si la palabra es desorientados. Están muy sensibilizados. Existe una mayor conciencia sobre el maltrato en la escuela. Lo que antes eran “cosas de niños” merece ahora una atención constante, aunque es verdad que no todo es bullying como se tiende a creer.

¿Se están confundiendo los términos?

-Percibo cierta confusión entre muchos padres y madres. Lo primero que tienen que tener en cuenta es que son inevitables los conflictos entre niños y niñas de la misma edad que se relacionan durante horas en una gela. Hay menores que pueden sufrir un acoso escolar puntual o un episodio de maltrato dentro de la convivencia, pero que no tiene por qué ser bullying. Hay muchísimos conflictos que se plantean como acoso cuando en realidad no lo son.

¿Y qué es ‘bullying’?

-Un acoso sistemático a una persona que se encuentra en inferioridad, sin posibilidad de defenderse y en una situación que se perpetúa en el tiempo. El problema surge después de que trasciendan a los medios casos graves de acoso escolar como los que hemos conocido. Aflora entonces una hipersensibilización por parte de todos los agentes educativos.

¿Y qué hay de malo en ello?

-Nada, ni mucho menos. Ser conscientes de estas situaciones y trabajar para prevenirlas es muy positivo, pero me llama poderosamente la atención la cantidad de programas y ofertas que se suceden cada vez que ocurre un episodio lamentable de maltrato escolar. Se anuncian montones de programas que parece que van a solucionar esos acosos. Hay organizaciones y empresas que prometen soluciones: nos llegan ofertas digitales, oímos hablar mucho del programa Kiva importado de Finlandia e implantado en las ikastolas...

¿Quiere decir que no le gusta la difusión mediática que ha tenido el programa de las ikastolas contra el acoso escolar?

-Hay que decir que en muchos centros escolares también se están llevando a cabo acciones que no están teniendo ni la publicidad ni la atención mediática que pueden tener estos grandes programas. Además, no creo en las soluciones mágicas.

¿Kiva es una solución mágica?

-No lo sé. De lo que sí estoy convencida es de que muchos programas se presentan así, y lo que hace falta es un abordaje de la convivencia escolar en su conjunto, en clave de prevención y no solo cuando ocurre el problema.

¿Hay centros que utilizan la lucha contra el acoso escolar para hacerse publicidad?

-Sí, se está utilizando para promocionar un determinado sector educativo.

¿En este caso las ikastolas?

-Es evidente.

¿Pero por qué reniega de un plan que tan buenos resultados ha cosechado en otros países?

-Porque dudo mucho que pueda tener éxito un plan que se ha diseñado fuera del centro y que no está insertado en su dinámica diaria. Más que aportar soluciones cien por cien eficaces, creo que se está tratando de tranquilizar conciencias. De hecho, muchas empresas se están aprovechando de la alarma social que crean los casos de acoso escolar para obtener un rendimiento económico.

¿Qué tipo de empresas?

-Nos llegan constantemente anuncios que te ofertan app en las que, mediante un juego de Internet, se aborda supuestamente el maltrato entre iguales. Quiero decir que lo que podía ser un complemento en el plan de actuación de un centro se vende como una solución mágica, lo que acaba descontextualizándolo todo.

¿Y dónde está la fórmula del éxito?

-Los centros que tienen éxito y van consiguiendo logros en la prevención del maltrato son aquellos que no se basan en acciones puntuales sino que tienen un programa a medio-largo plazo que se va valorando constantemente, y en el que participa toda la comunidad educativa a diferentes niveles. Hace falta un planteamiento realista y positivo respecto a la prevención.

¿El acoso en la escuela va a más?

-No lo creo. La ruptura de la convivencia que puede acabar en un caso de bullying no es tan elevada como percibe la sociedad. El problema es que cuando surge un conflicto grave se magnifica por su repercusión mediática. Esa dinámica provoca cierta distorsión de la realidad.

¿Y cómo hay que trabajar el conflicto con ellos y ellas?

-El abordaje nunca se debe basar en actuaciones reactivas ni punitivas. No se puede buscar el castigo del acosador o acosadora. Son escolares que muchas veces tienen problemas relacionales y socio-afectivos. Necesitan que se les atienda para solventar todos esos conflictos internos, por eso hace falta un trabajo global.

¿La sobreprotección de los hijos está generando muchos conflictos?

-Sí. Cuando a un niño o niña se le educa en un entorno muy sobreprotegido adquiere menos habilidades de relación con sus iguales y eso le impide solucionar sus problemas.

¿La vestimenta es tan determinante para que un escolar sufra acoso como acaba de concluir un estudio?

-Puede serlo, como también tener un rasgo físico no habitual, llevar ortodoncia o gafas. Suele ser todo ello motivo de conflicto y de acoso escolar. Desde luego que la vestimenta y el aspecto exterior es uno de los detonantes del acoso continuado.

¿Qué tipo de vestimenta?

-Todo lo que esté fuera de moda, y que no sea de su talla... Es algo que los propios centros lo tienen muy presente y tratan de cortar por lo sano. Son cuestiones que se trabajan.

¿El “gafotas” de otra época sigue siendo “el gafotas”?

-La diferencia es que antes eran cosas de niños y cada uno se defendía como podía, y ahora hay mayor conciencia de que se trata de una burla, y de que de la ofensa se puede llegar al maltrato, y de ahí al acoso escolar.

¿La tiranía de los cánones de belleza sigue muy presente?

-Tiene más fuerza que nunca. Los mensajes de la televisión son muy sutiles, y penetran en los menores sin que sean capaces de poder percibirlo. Por eso insistimos en la importancia de que lo que ven los niños y niñas a través de Internet y la televisión esté filtrado. Este filtro debe venir de la mano del juicio crítico de padres y madres. Es bueno cuestionar algunas actitudes y conductas que se observan en determinadas series.

Un filtro con frecuencia inexistente...

-Sí, porque padres y madres están tan ocupados que el tiempo de atención no suele ser el suficiente.

¿Hay centros que siguen mirando hacia otro lado por no saber solventar este tipo de conflictos?

-No digo que no los haya, pero desde luego que no es el caso de los centros con los que trabajamos. Puede haber alguna individualidad, pero diría que actualmente en los centros públicos de Gipuzkoa es una de las mayores preocupaciones.

¿Qué es lo más difícil de manejar en estos conflictos?

-Que los padres y madres de un menor que está sufriendo se puedan resituar y permitan hacer al centro. Muchos casos no son bullying, pero la angustia hace pensar que están viviendo un episodio de acoso escolar. A veces cuesta dejar trabajar al centro. Hay que decir también que la propia sociedad, alentada por los medios de comunicación, ofrece una visión del profesorado que más que crítica suele ser criminalizadora.

¿En qué sentido?

-En el de culpabilizar a la escuela y al profesorado de todos los males de la sociedad. Si resulta que en el centro ocurre un caso muy grave y salta a los medios, el ojo siempre se pone en el centro y en el profesorado. Toda la sociedad es la que tiene algo que hacer, no se trata de un problema exclusivo de la escuela. Es más, muchas veces ocurre fuera de la escuela y es la escuela la que lo trabaja.

Habla de centros y profesores, ¿pero acaso ustedes no velan sobre todo por los intereses de padres y madres?

-Por supuesto que velamos por los intereses de esas familias, pero sin perder de vista que lo importante siempre es la convivencia y situar a cada agente de la comunidad educativa en su lugar. Los padres y madres no pueden ni deben usurpar el papel de los docentes cuando hablamos de convivencias. Tratamos de inculcar a padres y madres la importancia de que confíen en los profesores. Es importante que les dejen hacer. Además, hay que tener en cuenta que muchas de las cuestiones que afectan a los hijos e hijas deben de ser tratadas desde su punto de vista, y no desde el de las personas adultas. Es un error en el que se cae habitualmente. No hay que olvidar que conflictos ha habido, hay y habrá.


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