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Colaboración

Israel colonialista

Por Igor Barrenetxea Marañón - Jueves, 22 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Al margen del maltrato que se da a los palestinos en sus territorios de Gaza y Cisjordania, el Estado hebreo, fundado bajo el estandarte del judaísmo, mantiene a su población árabe palestina, que debería ser tratada como cualquier ciudadano, sometida a una severa discriminación. No tan fuerte como el Apartheid de Sudáfrica, pero sí en términos parecidos. Ser judío es convertirse en ciudadano de pleno derecho, aun cuando su procedencia sea europea, africana o latina. Es indistinto. Según las leyes de retorno, los judíos, pueblo obligado al éxodo, son protegidos por sus propias leyes, como si Israel siempre les hubiese estado esperando.

Es un etnonacionalismo cuyo carácter religioso es único en el mundo. Esto es, que no hace falta haber nacido en el país para serlo. Ahora bien, ¿qué ha sido de la población palestina autóctona que vive dentro de las fronteras de Israel? Nos referimos a los palestinos (árabes) israelíes. Desde la constitución del Estado hebreo, en 1948, toda la legislación ha estado dirigida (y lo sigue estando) con una finalidad suprema: recuperar todo el territorio de sus ancestros. Pero se encontraron con un problema: ya había gentes en esos lugares antes.

La ONU estableció unas claras líneas divisorias entre israelíes y palestinos, pero nunca se llegaron a cumplir. Israel necesitaba hacerse más grande, reforzarse y poder defenderse de forma eficaz frente a un mar de países árabes. Así que la constitución del país fue mediante una fuerte militarización y una legislación de emergencia draconiana. Cualquier comandante militar podía ordenar la muerte de cualquier palestino si consideraba que era una amenaza. Además de eso, se destruyeron pueblos enteros árabes con bulldozers, se apropiaron de sus patrimonios en un proceso paulatino, brutal e ilegal, para judeizar las zonas palestinas.

De hecho, ningún árabe puede poseer tierras en Israel. Así, miles de ellos se vieron forzados a exiliarse a los países vecinos. Sin embargo, en el interior de Israel quedaron palestinos a pesar de las circunstancias adversas. Representaban un diez por cierto de la población y se sometían a la legalidad judía, podían votar, pero sin tener los mismos derechos que los ciudadanos hebreos en materia de ayudas, becas, asistencias o derechos laborales públicos. Asimismo, el Estado hebreo asumió todas las señas de identidad propias del judaísmo, el sionismo, por tanto, había triunfado. No se integró a la población árabe autóctona. Y, si hubiera sido viable, muchos mandatarios conservadores hebreos los habrían expulsado a todos, aunque tampoco los laboristas han aportado nada reseñable a la causa árabe.

La discriminación de los árabes en Israel es evidente desde la creación del Estado hebreo. De hecho, ningún árabe puede poseer tierras en Israel. Y, sin embargo, ya son cerca del 20% de la población.

Situación de indefensión La situación de estos palestinos israelíes ha sido de indefensión. Solo han podido optar a los peores empleos, ante el recelo que despiertan, independientemente de su religión (ya que también hay palestinos cristianos), no pueden cumplir el servicio militar y, por lo tanto, se les excluye de innumerables empleos cualificados tanto públicos como privados. Su acceso a la universidad o a los estudios superiores se ve restringido. Y viven al albur de la coyuntura internacional, de las guerras, conflictos o intifadas, ante el temor hebreo de que estos se sumen (aunque nunca lo han hecho y han demostrado su lealtad a la autoridad) a la lucha palestina. Pero, a pesar de todo, son una población joven y demográficamente dinámica, y esto ha supuesto que, a pesar de todos estos golpes y discriminaciones públicas y privadas, haya aumentado su peso social, representando ya cerca del 20% de la población de Israel. Y Tel Aviv continúa con su labor de cerrarles el paso.

El mayor temor de los ultraconservadores es que haya más palestinos dentro de Israel, a los que se consideran como una quinta columna… y lo peor es que se les exige fidelidad, lealtad y entrega a este mismo estado que les minusvalora y, en cierto modo, desprecia. A pesar de todos sus esfuerzos por normalizar su situación dentro de Israel, ningún Gobierno les ha tendido un puente para hacerlo. Un detalle muy concreto nos indica esta falta de integración social: prácticamente son imposibles -porque son impensables- los matrimonios mixtos, lo que demuestra la falta de armonía en la convivencia.

Una ley más restrictiva y Netanyahu pretende imponer una legislación todavía más restrictiva para ellos. Ya no sabe cómo acallar sus voces, y para ello pretende imponer el hebreo como única lengua de Israel y que la lengua árabe deje de ser oficial. Para los sectores más ortodoxos, solo puede haber un Estado nación-judía… los palestinos israelíes no dejan de ser una molestia, un error que hay que subsanar, aunque trabajen, participen y configuren la sociedad hebrea. Desde luego, es una muy triste percepción por parte de quienes se consideran un pueblo injustamente perseguido por la historia.

La nueva ley ya pretendió ser aprobada en 2014 y precipitó el fin de la coalición de gobierno, puesto que anteponía los valores religiosos a los democráticos. Si bien se ha reformulado, el principio es el mismo. De esta manera, se destruiría y pisotearía un poco más la identidad palestina que históricamente forma parte de esas tierras, al obligarles a hablar solo hebreo si quieren acceder a los servicios públicos.

No se prima la convivencia ni el respeto a la pluralidad, sino que se impone desde el Estado una legislación injusta para la minoría árabe, que se ve sometida de forma perversa a las obligaciones del poder ejecutivo. Para ciertos sectores políticos, como la ministra de Justicia, Ayelet Shaked, esto es necesario para que Israel sea un “Estado judío y democrático”, aunque esté pervirtiendo el concepto democrático porque le niega a una parte de la sociedad ser reconocida siendo parte del país. Mientras, el Instituto para la Democracia en Israel afirma, con toda razón, que es discriminatorio. Sin embargo, hasta que no varíe la percepción de los judíos respecto a la población árabe, nada cambiará. Israel actúa como una nación colonialista, simple y llanamente.


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