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sociedad

Botellas con vocación de moqueta

La empresa Ekorec de Andoain es la única de
Europa que compra plástico reciclado, lo trata y lo reintroduce en el proceso industrial fabricando envases alimentarios y material para el sector de la automoción.

Un reportaje de Iraitz Astarloa. Fotografía Gorka Estrada - Domingo, 18 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:02h

Dos operarios elaboran las bovinas de pet que luego se utilizan para el envasado de diferentes alimentos.

Dos operarios elaboran las bovinas de pet que luego se utilizan para el envasado de diferentes alimentos.

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Dos operarios elaboran las bovinas de pet que luego se utilizan para el envasado de diferentes alimentos.

la conciencia ecológica en Gipuzkoa está fuera de toda duda. En los últimos años, los índices de reciclaje se han multiplicado y el territorio cerró 2016 con una tasa de recogida selectiva del 46%, una de las tasas más altas de todo el Estado, alcanzando el 51,6% en los plásticos y envases ligeros.

Sin embargo, pese a que tenemos interiorizado el ejercicio de separar por fracciones la basura que generamos, quien más y quien menos se acerca al contenedor amarillo con dudas del destino final de los envases que allí dejamos. Pero en Gipuzkoa esas dudas son infundadas, ya que disponemos de la única planta europea que recicla el plástico y la reintroduce en el proceso industrial, completando así las teorías de la economía circular que manda Europa.

La empresa se llama Ekorec, está situada en Andoain y ya tiene 115 trabajadores. Su labor ha sido reconocida tanto por el Gobierno Vasco como por la Diputación de Gipuzkoa, y ahora investiga para dar nuevos usos a ese material que recogen.

Pero, ¿en qué consiste la labor que realizan en esta pionera empresa de Andoain? Ekorec se hace cargo cada año de hasta 25.000 toneladas al año de plástico, de las que entre 6.000 y 8.000 toneladas son de tipo pet usado, sobre todo, en botellas. El material, que es adquirido a proveedores de todo el Estado, pero también del sur de Francia, se trata en la planta, dándole un segundo uso. Una vez en Andoain, es separado en dos fracciones: una que irá destinada a la fabricación de bovinas de pet, que volverá a introducirse, mayoritariamente, en el envasado para la industria alimenticia;y por otro, la fabricación de fibra de poliéster que luego es vendida a la industria de la automoción.

El proceso de transformación, tal y como señala el director general de Ekorec, Santiago Barba, es rápido y sencillo. “Una tonelada de plástico que entra hoy, puede salir la semana que viene convertida en bovina de pet o fibra de poliéster”, asevera, consiguiendo reciclar el 70% del material que adquieren.

Todas las botellas de plástico y demás material de la fracción pet que llega a Andoain pasan primero por un proceso de limpieza, en el que se procede a eliminar toda la materia orgánica que pudiera contener, así como etiquetas o tapones, materiales que no sirven a la hora de llevar a cabo el proceso del reciclado. Después, pasa por la trituradora, obteniendo de ese proceso una especie de escamas -de aspecto similar a perlas o lágrimas- de plástico, que luego serán utilizadas para producir el nuevo material.

Industria alimentaria y automoción

La planta de Andoain trabaja cada día con 25 toneladas de plástico que se convierten en bovinas de pet, que tienen una apariencia similar a de los rollos de papel film que compramos en cualquier supermercado, solo que de tamaño gigante y hecho de plástico.

El proceso es muy mecánico. Las escamas se calientan en hornos hasta fundirse, tras lo cual, se pasan por una serie de rodillos que funcionan como una apisonadora y que permiten dar la forma deseada, que siempre depende de las peticiones que haya realizado el cliente. Este material suele reintroducirse en la industria alimentaria en forma de bandejas de alimentos o blisters, en su mayoría.

Por otro lado, se encuentra la fábrica de poliéster, donde el procedimiento es distinto. También aquí el plástico se calienta en un horno infrarrojo y, una vez fundido el material, una matriz convierte el plástico el hilo. “Hay que tener en cuenta que de cada botella pequeña de agua se producen hasta 20 kilómetros de hilo”, explica Barba. Así, tras estabilizar el hilo y prensarlo, se almacena en sacos que luego se distribuyen entre los clientes de la industria de la automoción, que utilizan el material para la elaboración de moquetas y fundas para capós. “Cada saco pesa 300 kilos y está hecho de 20.000 botellines de agua”, cuenta Barba.

Introducción en el mundo textil y de 3D

Pero en Ekorec no se conforman con lo realizado hasta ahora y han puesto en marcha varias líneas de investigación para dar nuevos usos a ese material desechado. Según explica Barba, se trata de un aspecto importante, ya que permitiría recuperar hasta 700 toneladas al año. “El problema de las etiquetas es que son muy distintas: algunas son de plástico, otras son de papel, tienen tintas... Estamos trabajando para hacerlas aprovechables y convertirlo en material de construcción”.

Por otro lado, en Ekorec trabajan también en la introducción en el mundo textil. De momento, el trabajo con la fibra de poliéster está dando sus frutos, pero quieren dar el salto y pasar del sector de la automoción al de la moda. “Estamos en contacto con escuelas de moda y diseñadores para hacer tejidos que no sean solo fibra textil y que sean 100% reciclados”, avanza el director general de la empresa andoaindarra.

La innovación también tiene su protagonismo en Ekorec y, tras varios estudios, han logrado producir con plásticos bovinas de filamento para la impresión en 3D. Se trata de un mercado que está en auge y, tras demostrar que el material reciclado es válido, se están empezando a poner en contacto con centros escolares y de formación para introducirlo en sus procesos de elaboración de objetos. “Estamos testeando el mercado porque creemos que puede ser una oportunidad para, además de desarrollar el producto, crear la conciencia de que el residuos puede resultar útil”.

Finalmente, Ekorec ha comenzado también a trabajar con todo aquello que tiene que ver con la basura marina. “Por un lado estamos trabajando en el reciclaje de aquellas redes que han quedado viejas o abandonadas y, por otro, en la recogida de plásticos del mar propiamente dicho”, avanza Barba.

Todo ello para continuar poniendo a Gipuzkoa en la vanguardia del buen hacer en materia de reciclaje.

En corto

20

Kilómetros. Es la cantidad de hilo de poliéster que puede fabricarse de un solo botellín. Estos hilos, que pueden fabricarse en cualquier color en función de las peticiones del cliente, son almacenados en sacos de 300 kilos realizados a base de 20.000 botellines.

25

Toneladas diarias. Es la cantidad de plástico que la planta de Ekorec convierte cada día en bovinas de pet, un material que suele utilizarse para el envasado de los alimentos.

700

Toneladas. Es la cantidad que Ekorec pretende reciclar una vez se implante el nuevo programa de reutilización de las etiquetas que suelen adornar las botellas de plástico.


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