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“Sabemos que se fue...”

Juan JOxe Arizmendi, de 93 años, acudió a gernika al homenaje a su padre, caído en el frente de asturias

Un reportaje de Jurdan Arretxe Fotografía Gorka Estrada - Domingo, 18 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

La familia de Jesus Arizmendi Aizpuru sabe “poco” de cómo murió Antxite. Saben que su padre y abuelo, homenajeado junto a otros 81 combatientes ayer en Gernika, luchó en la Guerra Civil a favor de los valores democráticos y de la República, y que tras luchar en el frente de Gipuzkoa y en el de Bizkaia, murió en 1937 lejos de casa. Lejos de Azkoitia.

“Lo que sabemos es eso: que se fue y poco más”, señala Juan Joxe Arizmendi, uno de sus cuatro hijos. Con 93 años, reconoce que no está seguro de cómo sucedieron los acontecimientos: “Nos contaron que los cazaron en una emboscada en Asturias”.

Poco más. Por lo que se ha transmitido en la familia, Arizmendi Aizpurua fue uno de los combatientes que cayó por la zona de Areces. Tenía 38 años -era uno de los mayores de un batallón formado por veinteañeros, circunstancia que ha complicado la identificación 80 años después- y el esposo de Juana Garate era padre de cuatro hijos: Adelaida, Juan Joxe, Klara y Jabier.

“Vivíamos en Azkoitia y no nos tuvimos que marchar”, recuerda de aquellos años Juan Joxe, que compara su situación con la que vivieron otras familias que, una vez el padre se marchaba al frente, la madre con los hijos eran forzados a abandonar su domicilio. “No sé por qué, no nos mandaron”. Sí tuvieron que marcharse al caserío “de unos primos lejanos. Allí pasamos la juventud”.

Juan Joxe Arizmendi tenía “unos 12 años” cuando, tras pasar por ofensivas como la de Legutio junto a los batallones jeltzales Itxarkundia y Loiola, su padre “se fue”. El lehendakari José Antonio Aguirre había decidido atender la petición de refuerzos que Francisco Llano de la Encomienda hizo desde Asturias para el Ejército Popular y puso a su disposición el batallón Amayur del que Antxiteformaba parte. El que dirigió el comandante Kandido Saseta, que murió en la misma batalla.

El pasillo de Grau

Con Oviedo alineado con los golpistas desde el primer día -lo que le motivó estar aislada en una Asturias republicana-, en febrero de 1937 se dio una de esas cruciales batallas que encaminó la victoria hacia el bando insurrecto hasta abril de 1939.

“Sabemos poco de lo que pasó, que los ‘cazaron’ en una emboscada en Asturias y poco más”

Juan Joxe Arizmendi

Hijo de un gudari muerto en la Guerra Civil

Batallones como Eusko Indarra, Amayur, Indalecio Prieto, Rusia, Perezagua e Isaac Puente (ANV, PNV, UGT, JSU, PCE y CNT, respectivamente) intentaron tomar el conocido como Pasillo de Grau. A 20 kilómetros de la capital asturiana, era la única vía de entrada a Oviedo. La ofensiva, lanzada con carácter general, fracasó y las tropas sublevadas aguantaron este paso vital para el suministro.

El cuerpo de Arizmendi y el de otros gudaris lo trasladaron a Euskadi. En concreto, hasta Gernika, en cuyo cementerio el EBB había comprado unos terrenos para dar sepultura a los soldados que cayeran durante la guerra. Para que sus familias supieran dónde yacían sus allegados al acabar la contienda bélica.

Lo que ocurrió a partir del 1 de abril de 1939, sin embargo, fue diferente. El alcalde franquista de la localidad decidió vaciar esos nichos en 1947. El sepulturero, Julián Lejarraga, cumplió con la orden, pero enterró a estas 82 personas en una fosa común en el propio cementerio.

“Mi hermana y mi hermano han estado dos veces en Gernika, visitando la zona donde está enterrado”, explica Arizmendi, que ayer acudió a la villa vizcaina al acto de reparación de la memoria acompañado de su hijo Aitor (49 años), a quien remite para tratar de conocer más detalles de la familia.

Más allá de Antxite, el relato de Aitor se centra en su madre Mari Carmen Larrañaga, fallecida hace tres años. A diferencia de su marido Juan Joxe, Larrañaga tuvo que abandonar Azkoitia junto a su madre y sus hermanos rumbo a un enclave que aún es destino de refugiados.

Barco a Calais

“Los metieron en un barco en Bilbao y los mandaron a Francia, hacia Calais”, recuerda Aitor el relato de su madre. Tras dos años, volvieron a Euskadi. A Bilbao: “Les dijeron que mejor no volvieran a Azkoitia y estuvieron en Basurto, según contaba. Había una cervecería y como el aitona andaba con cervezas y así, a través de un conocido se colocó allí. Con cinco o seis hermanos allí vivieron durante un año, no sé ni cómo”.

Con la guerra terminada, volvieron a Azkoitia. Al regresar, “estaba todo hecho una mierda. No bombardearon, pero lo saquearon todo. Pudieron volver a la misma casa, pero estaba todo destrozado y la luz, cortada”.

“Nos contaba la ama que había mujeres a las que las rapaban y las paseaban para que la gente se burlara de ellas”, sigue recordando Aitor Arizmendi el relato de su madre. El disco duro de una familia que vivió y sufrió la guerra por parte del que sería el marido -cuyo padre murió en el frente de Asturias- y por parte de la que sería la mujer, expulsada de su casa junto a los suyos. Relatos que las asociaciones memorialistas y las instituciones públicas tratan de recuperar antes de que sea demasiado tarde.


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