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Podemos trae la mecha y Rajoy se la apaga

El presidente neutraliza con su cuerpo a cuerpo a un Iglesias crítico con la corrupción y conciliador con el PSOE

Miércoles, 14 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:03h

Mariano Rajoy se tiró al cuello de Pablo Iglesias nada más salir de su rincón y así contuvo la esperpéntica moción de censura de Podemos. El presidente eligió esta contundente práctica oratoria para desinflar sin miramientos y asistido de unas despiadadas réplicas el globo de la política espectáculo que con machacona insistencia atribuyó al partido emergente. Así se sustanció una maratoniana sesión matinal en el Congreso, prolongada interesadamente para asomar la cabeza en los telediarios, y que permitió sancionar las dos visiones tan antagónicas que separarán para siempre al radicalismo de izquierdas de un Gobierno de centro-derecha acosado al igual que el PP por la corrupción. Dos fotografías irreconciliables entre el retrato tétrico que trazó una aguerrida Irene Montero muchísimo más ácida que su líder y la imagen de una recuperación económica subrayada por un presidente necesitado cada día más de la credibilidad suficiente. En el medio, la significativa carga de profundidad que entraña para un futuro inmediato la conciliadora invitación de Iglesias al nuevo PSOE, formulada desde una reflexión autocrítica para caminar juntos hasta derrocar a Rajoy, pero sin el apoyo jamás de Ciudadanos.

Rajoy se convirtió ayer en ese jugador talismán para su equipo que acaba decidiendo el partido después de haber sido duda toda la semana

Como candidato de la moción de censura, Iglesias eligió el modelo del actual Gobierno portugués, curiosamente aquel que quiso imitar Pedro Sánchez tras perder las elecciones de diciembre 2015, porque entiende que es la mejor alternativa económica y de gestión para arrancar al PP “corrupto” de las instituciones. Rajoy ni se inmutó con la propuesta, que más bien irritó de paso al PSOE. Le bastó primero con decir al líder de Podemos que está “deslegitimado” para ser presidente porque un “gobierno suyo sería letal para el interés general” y luego le afeó su insolencia, oportunismo, escasa fiabilidad y adoración por los métodos del alóVenezuela. Por si no fuera suficiente dinamita, recurrió a los datos macroeconómicos que le aportan el suficiente viento de cola, al margen de las citas pendientes con los tribunales.

En realidad, Rajoy se convirtió ayer en ese jugador talismán para su equipo que acaba decidiendo el partido después de haber sido duda toda la semana. Además, salió a jugar enrabietado, con ganas de dar el hachazo, de decir de una vez cuatro cosas a la cara a Pablo Iglesias con quien “jamás compartiré la idea sobre España”, dijo. Quizá por eso se apoyó para las interminables réplicas en unos folios escritos con anterioridad al discurso plúmbeo, profesoral hasta engreído, lógicamente hiriente como era de esperar del líder radical. El presidente había estado paladeando varios caramelos en compañía de su escudero Soraya Sáenz de Santamaría -incansable la vicepresidenta tomando notas, enviando whatsapp y recibiendo emails- mientras escuchaba estoico cómo la imperturbable Montero le tildaba sobre todo de machista, corrupto y franquista. Ocurrió durante un trepidante discurso de la contundente portavoz de Podemos que en muchas ocasiones parecía describir un estado de excepción ante tamaña retahíla de casos de corrupción, pobreza, recortes, amiguismo -Cospedal contuvo el aliento cuando señalaron a su marido, Ignacio López del Hierro, como uno de los más favorecidos-, sumisión judicial al Gobierno y asfixia al derecho a decidir catalán.

Condenada de antemano al fracaso de adhesiones, la tercera moción de censura en la democracia española agrietará Podemos más allá del coro de apoyos que reunió en el palco de invitados, reducido a la significativa presencia de sus principales cargos institucionales, entre ellos la presidenta del Parlamento navarro junto a Pablo Echenique, el nuevo izquierdista Jorge Verstrynge, Julio Rodríguez o Juan Carlos Monedero. De hecho, Iglesias apenas recogerá otros votos ajenos, como los dos de Bildu aunque con reparos por la auténtica apuesta plurinacional de Podemos y la propia tramitación de la iniciativa. Al PNV, que se abstendrá, tampoco le convenció la auténtica intención de esta censura “poco trabajada” porque “nunca ha buscado la mayoría” y evidencia una política de “gestos vacíos”, aunque Aitor Esteban reconoció la valentía de la reforma territorial.


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