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OCNIs en nuestra galaxia

En euskadi falta un programa escolar de consumo de frutas, verduras y leche que fomente el alto valor de los productos de nuestro sector primario

Por Xabier Iraola - Domingo, 11 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:09h

Xabier Iraola

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Xabier Iraola

Habitualmente se utiliza la expresión “el mundo se acaba dos veces al año, el 31 de julio y el 31 de diciembre” refiriéndose a esas dos fatídicas vísperas de fechas clave donde todo pichichi quiere solventar los temas pendientes y se alivia, mentalmente al menos, al comprobar la mesa limpia de papeles tras haber trasladado, vía email o guaxap, nuestro problema a otro. ¡Ahí te va eso que yo me voy de vacatas!

Pues bien, este año creo que la cosa se está complicando porque noto una cierta efervescencia incluso antes de comenzar oficialmente la temporada estival y es por ello que voy a aprovechar la ocasión para hacer una pequeña entresaca y trasladarles unas cuantas cuestiones y reflexiones que me han parecido lo suficientemente interesantes.

Comienzo informándoles de que Altzo, pequeño municipio de Tolosaldea, cuenta en adelante con un coqueto espacio, una preciosa borda apegada al caserío Iriarte, para albergar pequeños eventos donde el contacto con la huerta y el amor por el producto propio, además de la privacidad y discreción, serán sus banderas. Es la apuesta personal de mi amiga Pili Zubiarrain (bien acompañada por dos cocineros jóvenes salidos del BCC) por la diversificación y conociéndole, sé que, una vez más, volverá a sacar leche de un palo. ¡Suerte!

Frente a lo recogido del proyecto de Altzo, grande, gigantesco diría yo, está el éxito obtenido por los baserritarras de Eibar, que haberlos haylos, quienes mostrando una unión y fuerza impensables han logrado paralizar un disparatado plan especial para Arrate. Un plan donde el consistorio, intentando justificar una actuación en las cercanías del santuario de Arrate y quizás queriendo redimir penas por tener abandonadas su 20 hectáreas públicas, pretendía hacer la puñeta a los baserritarras integrando aproximadamente 300 hectáreas de terreno, eminentemente, de propiedad privada. Pues bien, la unión de todos los baserritarras y sus familiares ha logrado echar por tierra, temporalmente al menos, los planes municipales con un respaldo, en principio, de la oposición y finalmente, unánime. ¡Enhorabuena!. Todo un ejemplo.

Gigantesco es también el esfuerzo que hacen diversos agentes y colectivos para acercar entre sí el mundo rural y urbanos, un trabajo ingente que requiere de una estrategia amplia, compartida y sostenida en el tiempo para que, entre muchos, podamos lograr que la dos caras de una misma sociedad, la cara rural y la urbana, sean copartícipes de un mismo presente y, esperemos, de un mismo futuro.

En este sentido quisiera apuntar que han lanzado ya la cuarta edición del programa ONGI ETORRI BASERRIRA (¡Bienvenidos al caserío!) que se celebrará los días 7 y 8 de Julio y donde 29 caseríos de Gipuzkoa y Bizkaia abren sus puertas, gratuitamente, para que la gente urbana conozca el día a día de sus familias, su modo de vida y de trabajar y, de paso, conozcan esos pueblitos que, en muchos casos, no saben ni ubicarlos en el mapa. La gente que esté interesada tiene plazo hasta el 30 de junio para inscribirse por lo que les invito a entrar en www.ongietorribaserrira.eus e inscribirse antes de que se llenen todas las plazas. Por cierto, aún recuerdo el rifirrafe que tuve con una señora de Donostia que se enfadó conmigo al recriminarle no saber dónde estaba Urnieta, situado a 5 minutos de la Bella Easo, y por recordarle que el mundo no acababa en el túnel de Amara. Mi capacidad de sorprenderme ya está colmatada y por ello, pocas cosas me sacan de mis casillas, pero comprenderán que me subleve al constatar que conocemos perfectamente las calles de la City londinense mientras ignoramos donde está Bidania o el bellísimo embalse de Urkulu.

Ahora bien, tan importante o más, es que la gente urbana conozca los modos de vivir y trabajar de los baserritarras y que conozca el proceso de cultivo o manejo del ganado, la gestión de los pastos y bosques para que luego, cuando vaya a comprar sus alimentos a un establecimiento, sepa y recuerde lo que hay detrás de cada pollo, huevos, filete, botella, leche, etc. Cuando alguien pide “yo, muslo” debe, o debiera al menos, saber que el muslo solicitado no es una pieza independiente que se cría aisladamente en el seno de una bandeja sino que es una parte del cuerpo de un animal que es gobernado, alimentado y sacrificado y del cual se sirve, de forma separada, su ansiado muslo. No crean que exagero, hay mucha gente que lo piensa.

El consumidor final, cada vez más urbano, cada vez más alejado del campo donde se producen los alimentos, cada vez más ajeno a las tradiciones culinarias propias de cada tierra, cada vez más convencidos de que cocinar es perder el tiempo y este tipo de consumidor es, así lo apuntan todos los datos, un campo fértil para la industria alimentaria que procesa los alimentos y que nos da proporciona todo tipo de alimentos procesados haga su agosto con la comercialización de esos procesados que algunos estudiosos han venido a llamar OCNI (Objeto Comestible No Identificado) que no es más que un pseudoalimento del que desconocemos su origen, su composición y en definitiva, su alma.

No hace mucho se hablaba de la existencia de OVNIs en nuestra galaxia y ahora, comprobamos, que somos nosotros mismos, los extraterrestres que se alimentan de OCNIs, eso sí, a beneficio de la industria alimentaria (al menos de algunos) y a beneficio de obtener mayor tiempo libre para malgastarlo ante alguna pantalla. Por ello, a lo dicho, déjese de OCNIs, aterrice, ponga los pies en la tierra y acérquese a un caserío. Su mente y su estómago, se lo agradecerán.


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