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“No podemos estar todo el día llamando a los municipales”

De los pisos turísticos se habla mucho, de la reglamentación que se les aplica, del número aproximado de los que existen en Donostia e incluso de los argumentos con los que los defienden las empresas gestoras. Quienes conviven con ellos tienen su propio relato lleno de episodios molestos.

Un reportaje de Arantxa Lopetegi. Fotografía Ruben Plaza - Sábado, 10 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Una pareja de turistas con sus maletas en el Boulevard.

Una pareja de turistas con sus maletas en el Boulevard.

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Una pareja de turistas con sus maletas en el Boulevard.En la imagen, uno de los portales del paseo de Salamanca en el que se ubican varios pisos turísticos.

Donostia

“Se te plantan en la mitad con las maletas sin saber adónde ir porque nuestro portal es complicado, con tres escaleras”, señala una de las vecinas de la comunidad que recuerda que solo dos de los pisos cuentan con una persona que recibe a los turistas in situ, mientras que el resto coge las llaves en otro lugar para después llegar al paseo de Salamanca, a un inmueble con portero y seguridad que “los propietarios venden en Internet como ventaja añadida”.

Reclaman al Ayuntamiento -que ya se ha reunido con plataformas vecinales como Parte Zaharrean Bizi- que se les escuche antes de avanzar en la elaboración de una nueva ordenanza reguladora para este tipo de pisos y consideran que sería adecuado crear una plataforma que integre a los afectados.

Los residentes María Jesús, Carlos y María tienen claro que, si se sigue la tendencia iniciada, Donostia repetirá el modelo de la Barceloneta, creando barrios solo para turistas. Para evitarlo, ya se han dirigido al Ayuntamiento formulando las oportunas denuncias que, como respuesta, han obtenido varias visitas de la Guardia Municipal pero, de momento, ninguna clausura de los pisos.

“Creemos que antes de adoptar cualquier decisión tendrían que hablar con nosotros. Todavía estamos a tiempo de evitar repetir modelos como el de Barcelona”, manifiestan unos vecinos temerosos de que la nueva normativa resulte más permisiva que la actual y agrave la situación existente.

“No tenemos que ser nosotros quienes estemos dando la cara todo el tiempo o llamando al 092;aquí los pisos están en situación irregular y lo saben”. Tampoco entienden que tengan que ser los vecinos quienes “estemos llamando a diario a la Guardia Municipal”, que ya se ha personado en varias ocasiones en el inmueble. “No puede ser que se denuncie esta situación y en cuatro meses no haya pasado nada. Seguimos igual”, lamentan los vecinos, cuya situación llegó al Pleno del Consistorio de la mano del edil de EH Bildu Ricardo Burutaran.

Aunque, según afirman, la mayoría de los turistas se comportan correctamente, es tal el volumen de visitantes que solo las excepciones ya conllevan unas molestias muy importantes, tanto que alguno de los interlocutores se ha planteado cambiar de vivienda.

“El Ayuntamiento empezará a hacernos caso cuando se den los primeros casos de balconing y se mate alguien”, hecho que no descartan que pueda ocurrir ya que, según dicen, los turistas se pasean “por las terrazas y los tejados”.

Son conocedores de que en otras comunidades también se ha constatado la proliferación de este tipo de viviendas que, insisten, “además no pagan a Hacienda y nosotros sí”.

En esta comunidad, aunque muchos pisos se sacan al mercado por mayoristas como Airbnb, los titulares de las viviendas son particulares que de este modo pretenden sacar más rendimiento a las mismas. Alguno hay, señalan, que ha adquirido el piso “desde Salou” para sacarlo al mercado del alquiler turístico pero otros quieren, de este modo, lograr más ingresos que con un alquiler “convencional”.

Los vecinos, algunos al menos, ”no quieren denunciarse entre ellos porque se crean conflictos, ya los hemos visto en otras partes”, pero pese a todo una persona ha dado el paso y la denuncia ya está en manos del Ayuntamiento del que, afirman, no esperan mucho. “Nos tememos que la normativa sea incluso más permisiva que la actual”.

Mientras, siguen aguantando situaciones que, para las personas de edad avanzada que viven solas, “crean sensación de inseguridad”. “A una vecina de 96 años le intentaron entrar en casa unos turistas borrachos que se confundieron y el susto fue grande”, explica María Jesús. “Aquí no hay nadie que les llame la atención como en un hotel y nosotros tenemos que llamar a la Guardia Municipal. Todo el peso es para nosotros”, critican.

desperfectosEl verano pasado se cambió el bombín de la puerta en dos ocasiones, porque a los visitantes se les da “la copia de la copia de la llave, no aciertan y la fuerzan”. Para evitar dificultades, algunas veces los turistas han dejado la puerta abierta y “sujeta con una piedra y así puede entrar cualquiera”. “Un día el portero dijo que se encontró a una persona literalmente haciendo kung fu para abrir la puerta”, ilustra María que denuncia que incluso uno de los propietarios ha dado a los turistas la “clave secreta” con la que también se puede acceder al inmueble.

Son muchas las historias de una lista que empieza a ser larga. “En alguna ocasión ha habido juergas hasta altas horas y del piso han salido trece personas. O se alquila un piso a cuatro y llegan ocho, ¿quién lo controla?”, se preguntan.

“Un chico llegó con tres chicas, no le dejaron entrar y se quedó a dormir en el sofá del portal. No hizo caso al portero y tuvieron que venir los municipales”, recuerda María, que asegura que eso de encontrarse a alguien dormido por las zonas comunes no es novedad. “Otro se quedó a dormir en el felpudo del portal 14, que es de oficinas, al no poder entrar al 13. Lo echó un propietario al ir al garaje”.

Cuenta María que ha puesto en los cristales de sus ventanas carteles para recordar cuáles son las cuerdas del tenderete de su vivienda. “Me ha pasado ir a tender la ropa y no tener sitio. Pero no solo a mí”.

Carlos recuerda que durante muchas horas estuvo en las escaleras “un cesto grande de toallas y ropa de hogar, ahí en la mitad”. “Cuelgan las toallas en los balcones, y eso en esta zona no está permitido”, afirman unos cansados vecinos que explican que a la última reunión de comunidad solo asistió un representante de las viviendas de alquiler, lo que dificulta cualquier tipo de interlocución.

Mientras, esperan que sus denuncias prosperen o que el Ayuntamiento convoque una reunión con los vecinos afectados de esta y otras comunidades para poner freno a esta situación. “Les recordamos que los turistas no votan”.


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