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Opinión

Raíz y brote de la nación vasca

Por Andoni Ortuzar - Sábado, 10 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Cuando me preguntan por la vigencia política y la fortaleza electoral del PNV, me gusta comparar a nuestro partido con un árbol, con un ser vivo que combina decenas y decenas de años de tronco prieto y nudos firmes con verdes y tiernos brotes que se abren cada primavera y siguen haciéndolo crecer y reverdecer año a año.

Se conmemora estos días el centenario del primer éxito electoral del nacionalismo vasco, que llevó a Ramón de la Sota a la presidencia de la Diputación Foral de Bizkaia. El árbol, EAJ-PNV, había germinado 22 años antes gracias a Sabino Arana. El mandato de De la Sota duró solo dos años, pero supuso un antes y un después ya que en él se localiza el origen de instituciones como Euskaltzaindia, de las escuelas de barriada de Bizkaia o del uso del euskera como lengua oficial. Está bien recordar que algunas cosas e instituciones que hoy están entre nosotros y parecen indiscutibles no lo fueron ni existieron siempre;que son y están gracias a que hace ahora un siglo, y en los años siguientes, generaciones de abertzales y euskaltzales sembraron una semilla, pusieron en marcha un metódico plan para levantar el edificio de la Nación Vasca sobre bases sólidas. En 1917, fueron unas;en 1936 -en medio de una guerra-, fueron otras (la Universidad Vasca, la Ertzaintza, los Servicios Sociales….);y a partir de 1977, las que hoy conocemos. Esta es una de las principales características del nacionalismo que encarna el PNV: el carácter institucionalizador de nuestra política. La vocación de crear instituciones y construir desde ellas ha sido una constante del partido y sus dirigentes, por adversas que fueran las circunstancias. Muchas veces, unos para zaherirnos y otras como mérito, se nos etiqueta como un “partido gestor”. Yo creo que lo que somos es un “partido hacedor”, que luego intenta gestionar bien las instituciones levantadas.

Cien años después, EAJ-PNV vive un momento dulce. No pocos se preguntan qué es lo que hace que una de las formaciones más antiguas de Euskadi y del Estado sea hoy la más sana del panorama político, con buena aceptación social y sólida situación interna. Esto no es producto de la casualidad sino del trabajo sistemático y de las enseñanzas extraídas en épocas no tan benignas para nosotros. Siguiendo con la metáfora de la raíz y los brotes, creo que la savia que mantiene vivo y unido al PNV proviene de una mezcla de valores y sentimientos a proteger y mantener.

El primer valor lo llevamos en nuestro nombre. Somos el Partido de la Nación Vasca. Es la raíz que se hunde en la tierra vasca. Junto a ello, un claro sentimiento de pertenencia a este pueblo, un amor y una identificación con el ser vasco que mantiene activas las vías de comunicación entre la raíz y el tronco. Pero para que el tronco salga fuerte y tieso le hacen falta más componentes a nuestra savia. Uno, muy importante, el valor del servicio a la comunidad. Nuestro partido se debe a Euskadi y a sus gentes. La militancia no es el fin de nuestra acción, sino el nexo de unión entre el partido y la calle. Otro valor decisivo es la honradez, la honestidad. Es un valor que nunca se trabaja bastante y nunca llega a su óptimo máximo, pero hay que pretenderlo y nosotros lo hacemos. No me refiero solo a la rectitud en la gestión de la cosa pública, de los recursos y dineros de todos y de todas. Esto es muy importante hoy, cuando vivimos estupefactos casos de corrupción generalizada, pero tan importante como esto es la honestidad para decirle a la gente la verdad y, a partir de ahí, proponerle acciones, medidas, soluciones.

Sólidas raíces y tronco derecho. Solo nos falta una copa de ramas fuertes para tener un árbol que merezca la pena. A mí me gustan los árboles de copa ancha, con mucha hoja, capaces de recoger hasta la última gota de agua y el rayo de sol más tardío. Son los árboles por antonomasia de nuestros bosques autóctonos. Árboles abiertos. Este es también un valor del PNV: ser un partido abierto a la gente, al que viene de fuera. Abierto a lo innovador, a las novedades sociales, económicas y tecnológicas. Nuestra apertura se nota en las políticas que hacemos. Probablemente, Euskadi es hoy el espacio europeo más socialdemócrata si analizamos la globalidad de las políticas públicas. Esa apertura a la sociedad nos permite tomarle constantemente la temperatura. Tenemos un termómetro de precisión para saber lo que esta quiere, sus preocupaciones, sus anhelos. Y esto nos ayuda a ir por delante de la sociedad… sin separarnos de ella. No hay cosa peor en un líder que desconectarse de la gente, bien por ir demasiado adelantado, bien por quedarse rezagado.

Evidentemente, no es oro todo lo que reluce. Hay problemas y retos que nos impiden quedarnos en la autocomplacencia. La política no pasa por sus mejores momentos. La mala fama ganada a pulso por muchos políticos y gobernantes y esa modernidad cada vez más líquida de la que hablaba el pensador polaco Zygmunt Bauman, que hace que tengamos una sociedad con poca memoria, han colocado a buena parte de Europa al filo del abismo de populistas y xenófobos. Europa pasa hoy malos momentos. Y nosotros habíamos fijado en la Europa unida buena parte de nuestras esperanzas. Vamos a tener que esperar, pero no vamos a desistir. Creemos en esa Europa unida y abierta al mundo, suma de identidades, pueblos y culturas. Se abren tímidos rayos de esperanza. Algo bueno tenía que traer Donald Trump, aunque fuera por su torpeza. Los desplantes a Europa, su decisión de salirse de los acuerdos medioambientales, han azuzado el orgullo de algunos dirigentes europeos y ahora parecen dispuestos a moverse. Desde nuestra modesta posición, que cuenten con nosotros para ello.

Euskadi no vive ajena a esos movimientos. Algunos dirán que es por contagio vía televisiones españolas de la explosiva situación social del Estado. Pero lo cierto es que la sociedad vasca está cambiando. Las nuevas generaciones tienen otra relación con la política. El compromiso o la adhesión electoral tienen, en una nada despreciable parte de la sociedad, un corto periodo de caducidad. Mucha gente vota en ocasiones no tanto a quien quiere que gobierne como a la opción que más castiga al partido que no quiere que gobierne. Es lo que sucedió en Euskadi con el triunfo de Podemos en las elecciones españolas: más que un voto a Podemos era un voto de rechazo al PP. Por lo tanto, el voto ya no sirve solo para aupar a una formación al gobierno sino también para censurar a quien gobierna. Es evidente que al PNV las cosas no nos van mal. Las últimas elecciones y las encuestas recientes nos dibujan una más que sana situación. Pero no podemos dormirnos en los laureles. El voto no es nuestro. Pertenece a la gente y nos lo tenemos que ganar votación a votación.

Otro gran reto es el del sostenimiento del partido como proyecto de futuro. Renovarse. Nuestro árbol necesita nuevos brotes para seguir siendo frondoso y dar así cobijo a un ideal tan importante como la construcción nacional de este país. ¿Cómo aseguramos la transmisión del ideal abertzale a las nuevas generaciones? ¿Cómo conseguimos que se vinculen al PNV, que se afilien como vía de adhesión a la Nación Vasca? En esta época de globalización y revolución digital, ¿cómo mantener en la juventud ese sentimiento abertzale? Como partido tendremos que encontrar más pronto que tarde esas respuestas. Confío en nuestra innata capacidad de adaptación a los tiempos y a sus demandas sociales. Y creo que nuestros valores tradicionales de honradez, trabajo y solidaridad, seguramente expresados de otra manera, van a seguir estando vigentes. Por eso nos toca trabajar en unir sentimiento abertzale y visión global. Sentimiento de pertenencia a esta pequeña Nación e internacionalización. Si se me permite la caricatura, se trata de emocionar en rojo, verde y blanco a través de Facebook. Ese es para mí el reto de hoy y de mañana. Construir el nacionalismo vasco 4.0. El abertzalismo 4.0. Ekiogu lanari!


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