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entrenador donostiarra de 43 años

La aventura africana de Lolo

El donostiarra ha logrado tres títulos con el Libolo de Angola, país en el que ha vivido una experiencia personal que le ha impactado

Néstor Rodríguez Esti Veintemillas - Lunes, 5 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Lolo Encinas muestra las tres medallas que ha conseguido con el Libolo de Angola.

Lolo Encinas muestra las tres medallas que ha conseguido con el Libolo de Angola. (Esti Veintemillas)

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Lolo Encinas muestra las tres medallas que ha conseguido con el Libolo de Angola.

donostia- Lolo Encinas, entrenador donostiarra de 43 años, regresó esta semana pasada a casa tras una temporada inolvidable, tanto en el aspecto deportivo como en el personal. Enrolado en las filas del Libolo de Angola como entrenador ayudante del vallisoletano Hugo López, logró los tres títulos nacionales -Supercopa, Copa y Liga- y un subcampeonato de la Champions de África. Un éxito indudable mientras vivía una experiencia personal que le ha impactado, en un país con unas profundas desigualdades entre ricos y pobres, que viven en unas condiciones muy duras. Verlo a diario le hizo estar a punto de tirar la toalla en más de una ocasión y le ha servido para plantearse “muchas cosas”. El extécnico del Gipuzkoa Basket desgrana su vivencia de los últimos nueve meses mientras toma un café. “Esto, tomar un café, es un lujo que antes consideraba normal y que ahora aprecio”.

A principios del pasado mes de septiembre, Lolo Encinas no pasaba por su mejor momento tras decirle el GBC que no contaba con él después de diez temporadas seguidas en el club. “Estaba jodido porque se juntaron también temas personales”, recuerda. Recibió entonces la llamada de Hugo López, con quien coincidió en el conjunto guipuzcoano durante dos cursos -ambos como ayudantes de Pablo Laso- y con quien seguía manteniendo una muy buena relación: “Ya había decidido quedarme en Donostia, entrenar a un equipo infantil y un mini, y me llamó Hugo, que había fichado por el Libolo y que necesitaba un ayudante. Tenía 48 horas para decidirme, quedamos en Burgos, me comentó un poco el plan y acepté. Mi única condición era vivir con él, porque no quería irme de Donostia a un país como Angola y encima vivir solo”.

una “dura” llegada a luandaEl donostiarra se incorporó al Libolo en Lisboa, donde el conjunto angoleño estaba realizando un stage de pretemporada. Fue una toma de contacto muy suave a tenor de lo que le esperaba. “El impacto fue llegar a Luanda (capital de Angola y sede del Libolo). Me dieron una vuelta en coche para enseñarme la ciudad. Era un caos tremendo, veía muchísima gente por la calle. Pregunté al chófer cuánta gente vivía en Luanda y me dijo que hay seis millones de personas censadas y otras seis sin censar, que viven en la calle. Veías torres y casas de lujo, el paseo marítimo es precioso... y dos calles más allá gente viviendo en una casa de chapa o debajo de un toldo. Había muchísimos niños en la calle. ¿No tienen colegio?, pregunté. No van al cole, me respondió el chófer. Me impactó mucho. Llegué a casa y le dije a Hugo que no sabía si iba a poder aguantar eso. Fue muy duro verlo. Me entraron ganas de llorar en mi primer día. ¿Qué estás haciendo aquí?, me preguntaba. Nosotros vivíamos en una urbanización con seguridad a las afueras, pero al ir de casa al pabellón veías todo esto”.

Meterse en la dinámica deportiva del equipo le permitió sobrellevar mejor ese día a día fuera de la cancha. El primer gran reto de Hugo López y Lolo Encinas fue introducir normas en un baloncesto algo anárquico. “En el primer mes y medio, que no había casi competición, metimos varias sesiones dobles a la semana. Acababa el día y me venía un jugador: Oye coach Lolo, Hugo está loco, quiere que mañana también entrenemos por la mañana y por la tarde. Si hoy hemos entrenado ya dos veces. Había que ser estrictos con los horarios. Poco a poco, Hugo les fue llegando con su mensaje y sus ideas. Se miraban entre ellos y aceptaban. Nos ayudaron mucho los dos estadounidenses que teníamos, Je’Kel Foster y Andre Harris, que se adaptaron muy bien”.

Resulta curiosa la presencia de dos jugadores del nivel de Foster y Harris en Angola. La explicación es que los sueldos son importantes, lo que realza las desigualdades del país. Mientras millones de angoleños viven en la calle, dos jugadores estadounidenses reciben salarios a los que no podrían aspirar en la zona baja de la Liga ACB. Además, el Libolo tenía a dos mitos del basket angoleño, Eduardo Mingas y Olimpio Cipriano. “Allí se respeta mucho a los veteranos. Había que tener cuidado en cómo les hablabas, cómo les corregías. Cipriano ni hablaba al anterior entrenador ayudante. Son jugadores que han disputado dos Juegos Olímpicos y ves carteles suyos por la calle. La idea allí es un poco como en los viejos tiempos en España: el joven rebotea y el veterano tira. Eso Hugo lo quería cambiar, y lo fuimos consiguiendo. La gente nos decía: ¿Cómo lo habéis hecho? La adaptación era continua. Un día les puse un vídeo y se pusieron los jugadores a mirarse entre ellos y a mirar al techo. Le dije a Hugo: Oye, que estos no han hecho ni caso al vídeo. Hemos hecho muy pocos vídeos, igual ocho en toda la temporada, y mucho trabajo individual. Me ha dado que pensar si aquí nos volvemos un poco locos con tanto scouting. Igual lo que hay que hacer es enseñar a los jugadores lo que quieres y darles la confianza para que lo hagan”.

la Champions en egiptoTras ganar la Supercopa, el Libolo afrontó en diciembre la Champions de África, competición que se jugaba en apenas diez días. Los de Hugo López y Lolo Encinas llegaron a la final, que perdieron frente al anfitrión, el Al Ahly egipcio. Una final con un ambiente terrible, en el que los angoleños llegaron a pasar miedo. “En la final tiraron las puertas abajo, empezó a entrar gente y habría unas 4.000 personas en un pabellón para 2.000 y pico. Había bengalas y petardos... en un tiempo muerto me giro y veo a varios aficionados haciendo el gesto de que nos van a cortar el cuello, uno de ellos con una navaja en la mano. Pensé: Pues sí que la seguridad ha sido buena. Ya no me volví a girar ni una vez más. En el segundo cuarto, de repente, desaparecieron los policías. Había mucha gente con la cara tapada. Perdimos de dos. Con el tiempo, recordando ese partido, comentábamos Hugo y yo que igual si ganamos no salimos de ahí. A los directivos de nuestro club directamente los echaron del palco y les pusieron unas sillas al lado de nuestro banquillo”.

Un par de semanas libres en navidades dieron paso a una extenuante segunda parte de la temporada, con tres partidos a la semana: martes, viernes y sábado. Una actividad que servía para mitigar la falta de planes fuera de la cancha, tal y como relata el propio Lolo: “El equipo nos pidió empezar a entrenar a las 9.15. Hacíamos dos horas y pico de entrenamiento en cancha, luego trabajo en el despacho y la tarde que no había partido la teníamos libre. No había mucho que hacer. A partir de las seis de la tarde anochecía y nos dijeron que a esas horas no saliéramos de casa. Podíamos coger el coche para hacer algo, pero el tráfico es un caos. No hay carriles, las carreteras no son las mejores y la gente no se saca el carné de conducir, sino que lo compra. El paseo marítimo estaba a 35 kilómetros pero tardábamos hora y pico. Al final no te merece la pena coger el coche para ir a dar una vuelta o tomar un café a un sitio seguro, así que te quedas en casa. Andábamos o corríamos por la urbanización para hacer algo de ejercicio y en casa veíamos mucha ACB y Euroliga, fútbol, series... La verdad es que el día se hacía un poco largo. El plan muchas veces era de casa al pabellón y vuelta a casa”.

una policía “corrupta al 100%”Las excursiones en coche dan paso a otro de los capítulos vividos varias veces en Luanda, los encuentros con la policía. “Si eres blanco y vas en coche, tienes todos los boletos para que te paren. Te dicen: Dame el papel blanco, el azul y el amarillo. ¿El amarillo? No sé cuál es. Y entonces te decían que se podía arreglar si les dabas algo. Vamos, que había que pagar para evitar problemas. Luego ya nos reconocían, porque en Luanda se sigue mucho el baloncesto, y en vez de dinero, les dábamos una camiseta o una bufanda del Libolo y contentos. El papel amarillo daba igual, pero si les dabas una bufanda te dejaban seguir. La policía es corrupta al 100%, pero nadie dice nada, todo el mundo lo ve normal. Allí todo funciona así. Con el visado también tuvimos problemas. Al principio nos pedían mucho dinero por regularizar los papeles. Cuanto más pagas, antes haces las gestiones. Al final el club nos ayudó”.

Con un sistema tan corrompido y unas clases sociales tan marcadas, el objetivo de la mayoría de los habitantes es sobrevivir: “Hay dos Angolas, la de la gente muy rica, que tiene una casa de lujo y varios coches, y la de los pobres, que no tienen nada. Yo preguntaba en el club: ¿Y esta gente qué hace? Me respondían que pasar los días. Los niños no van al colegio. Nos contaron que millones de personas fueron a Luanda por la guerra y ya se quedaron allí. Tampoco noto que hagan nada por cambiar su situación. Ves que no tienen ninguna esperanza. Ahora entiendo a los que cogen la patera para venir a Europa, porque allí no tienen nada. Pero ves a los niños en la calle y están felices, bailando, siempre con una sonrisa”.

Al donostiarra le chocó lo poco que se ayudan los angoleños entre sí: “Los ricos quieren ser más ricos y no se preocupan de los pobres. Te cuento un ejemplo. Había un niño que venía a vernos todos los partidos y lo sabía todo del equipo. Hugo y yo al final le dábamos camisetas, cuadernos, ropa y hasta dinero. En el club nos decían: ¿Qué hacéis? Es un niño de la calle, es peligroso. Y yo les respondía: ¿Peligroso ese niño? ¿Por qué no le ayudáis? Le gusta el baloncesto, si le dais una oportunidad puede progresar. Y me decían: Lolo, no eres una ONG, estás aquí para entrenar. Esto es Angola, no Europa. Yo no acababa de entender esto. No solo ayudamos a ese niños. Nos hemos vuelto sin ropa a España. Yo la di toda, me he tenido que comprar ropa ahora en Donostia. La chica que nos limpiaba la casa estaba llorando cuando nos fuimos, porque nos enteramos que solo le pagaban 200 euros y le dimos más dinero y ropa”.

4-0 en la final de ligaDe forma paralela a ese duro día a día fuera del pabellón, en la cancha el Libolo ha ido como un tiro hasta ganar el triplete en Angola y estar a punto de ganar también la Champions: “En África el balance ha sido de 46 victorias y cuatro derrotas y en Angola, de 41-2. Jugábamos martes, viernes y sábado y los jugadores no fallaban. El gran éxito ha sido tenerlos siempre a punto para competir”. La final, saldada con un 4-0 para el Libolo frente al favorito, el Petros, en un play-off al mejor de siete, fue la mejor muestra de la superioridad del Libolo sobre sus rivales. Y eso que los favoritos al título eran el propio Petros y el Primero de Agosto, equipo entrenado por Ricard Casas.

Todo ello dentro de una organización que dejaba mucho que desear: “El día de la final de Copa, estábamos calentando y de repente nos dicen que el inicio del partido se retrasaba una hora. No me lo podía creer.Tranquilos, esto es Angola, nos decían. Y el nivel del arbitraje es terrible, malísimo. Ahí también hay dinero. En el cuarto partido de la final de Liga, el último minuto duró tres, hasta que el Petros nos empató y fuimos a la prórroga. Y no puedes decir nada. Luego en la prórroga ellos jugaron muy mal y ganamos”.

Este año en Luanda ha supuesto una experiencia vital importante para Lolo Encinas. “¿Si ha merecido la pena? Es que creo que estoy diferente ahora. La experiencia deportiva ha sido buenísima. Piensa que llevaba años ganando muy pocos partidos en el GBC. Y llegar allí y ganar tres títulos, conseguir casi la Champions con ese ambiente... Ha salido todo muy bien, es una pasada. Pero la experiencia de vida es dura. A mí me ha dado qué pensar, yo ahora valoro cosas que antes veía normal, como tomar un café. Cuando mis amigos me dicen que Donostia es aburrido les digo que vivan una semana en Angola. Lo de no poder pasear tranquilamente por la calle es terrible”.

el futuroLos éxitos deportivos hacen que el club quiera renovar a Hugo y Lolo, pero ellos no lo tienen tan claro, al menos por ahora. “El último día los jugadores nos pedían que renováramos, cuando al principio pensaban que estábamos chalados. Ningún equipo había hecho el triplete en Angola. Pero pese a todo te lo piensas, porque hay muchas cosas. La vida es dura en Angola, todo lo que tienes que ver día a día...”.

El donostiarra es consciente de que no será fácil regresar a España y encontrar un buen banquillo: “Me gustaría trabajar aquí. Creo que Hugo López se lo merece, porque ha ganado en África y antes en Canadá. No hay muchos que se vayan fuera de España y ganen. No quiere decir que yo vaya a seguir con él, pero Hugo merece una oportunidad. Sí que tenemos la sensación de que te vas de España y parece que te quedas fuera de la rueda de técnicos que pueden entrenar por aquí. Somos muchos y hay pocos banquillos. Me gustaría entrenar, pero no tengo ni idea de lo que voy a hacer. ¿Otro país? Ha sido difícil estar tantos meses en Angola, pero supongo que en otro sitio sería diferente. Podría estar bien vivir otra experiencia”.

las claves

“Cuando llegué me llevaron a ver la ciudad;fue muy duro;fui a casa y quería llorar”

“Hay seis millones de personas censadas en Luanda y otras seis sin censar, viven en la calle”

“La gente pobre no tiene otra cosa que hacer que pasar los días, los niños no van al colegio”

“Los jugadores decían al principio que estábamos chalados, ahora quieren que renovemos”

“El balance deportivo es buenísimo, pero estos meses en Angola han sido duros”

lolo encinas

Entrenador ayudante del Libolo


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