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Cercanos invisibles

Arraztalo y Aldura trabajan para que la enfermedad mental sea reconocida como un problema social para que las instituciones públicas, empresas y otros agentes se impliquen en esta realidad.

Un reportaje de Aitziber Muga - Sábado, 3 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Trabajadores en las huertas que tiene Arraztalo en Oiartzun y que quieren convertirlas en Centro Especial de Empleo. Fotos: N.G.

Trabajadores en las huertas que tiene Arraztalo en Oiartzun y que quieren convertirlas en Centro Especial de Empleo. Fotos: N.G.

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Trabajadores en las huertas que tiene Arraztalo en Oiartzun y que quieren convertirlas en Centro Especial de Empleo. Fotos: N.G.

Actualmente 1.900 personas son los pacientes atendidos por el Centro de Salud Mental de Oarsoaldea, cerca de un 3% de la población. A pesar de estos datos, la enfermedad mental sigue siendo un tabú en la sociedad y a este grupo habría que añadir aquellas personas que acuden a los servicios de salud privados o que ni siquiera están diagnosticados.

Para dar visibilidad a esta realidad y ponerse en contacto los diferentes actores de esta problemática (enfermos, familiares, representantes de Osakidetza y de instituciones públicas...) las asociaciones Aldura de Errenteria y Arraztalo de Oiartzun organizaron en el mes de noviembre unas jornadas tituladas ¿Qué color tiene la enfermedad mental? en Oarsoaldea. Ahora es cuando se han dado a conocer las conclusiones trabajadas en esas cuatro reuniones en las que participaron un total de 91 personas.

“Estamos muy satisfechos con la asistencia. La mayoría fueron familiares de enfermos y enfermos, también hubo una representación del centro de salud y acudió la concejala de Servicios Sociales de Errenteria y otro edil de Errenteria a título personal”, recuerda Jon del Olmo, de Arraztalo.

Sin embargo, Pedro del Olmo, alma máter de Arraztalo, echó en falta más presencia de los políticos: “Necesitamos que conozcan nuestra realidad, que estén a nuestro lado, que nos apoyen y nos escuchen”. “Tengo la impresión de que hay un desconocimiento total de la enfermedad en sitios como los Servicios Sociales y, lo que es peor, en algunos casos no quieren saber nada del tema”, manifiesta. Algo que a del Olmo le sorprende: “Cuando hablas con algún político todos te dicen que tienen un caso en la familia o que conocen un caso cercano, entonces no entiendo tanta insensibilidad”.

Tal y como apunta Txema Arenzana de Aldura el tema es muy complejo y es que las instituciones locales no tienen competencias para actuar en un posible caso de enfermedad mental. El problema también desborda a la Diputación Foral de Gipuzkoa. Por último, Osakidetza y el Centro de Salud Mental de Oarsoaldea ubicado en Beraun, no comparten mucha información.

Todos estos organismos trabajan de manera estanca ante un paciente de enfermedad mental. Si no tiene recursos Servicios Sociales le ayudará a percibir una Renta de Garantía de Ingresos, la Diputación otorgará subvenciones para organizar talleres y charlas, el ambulatorio en un caso de gripe le recetará algunos medicamentos y el Centro de Salud Mental le citará cada dos meses con el psiquiatra. Pero no existe un protocolo de actuación compartido por todos los agentes ni existe un programa de prevención.

Por todo ello, Aldura y Arraztalo a nivel comarcal se están movilizando para lograr avances en este sentido y han pedido reuniones con los Ayuntamientos de Oarsoaldea y también con la Diputación.

“La enfermedad mental pasa a ser un problema social cuando un enfermo va dando voces por la calle y crea un problema de desorden público, entonces sí se actúa y lo llevan a ingresar a un centro. Pero si no, somos las familias las que nos hacemos cargo de los enfermos día a día”, apunta Arenzana. De hecho, la soledad de las familias es otro de sus grandes problemas. Al no existir una red de cobertura para estos enfermos, siempre viven con el miedo de qué pasará con su hijo, hermano o tío cuando ellos no estén.

Centros de Empleo

“Estamos todavía en un primer paso en suministrar fármacos a un enfermo. Su tratamiento solo se reduce a medicamentos, por lo que buscar un trabajo para este tipo de enfermos es algo que los familiares muchas veces ni se lo plantean”, expone Jon del Olmo.

Sin embargo, Arraztalo tiene unas huertas en las que cinco enfermos trabajan al aire libre y aunque la labor del campo es dura y extenuante comprueban que los empleados aumentan su autoestima y reducen el consumo de fármacos. Por todo ello, desean que Arraztalo se convierta en un Centro Especial de Empleo para que más personas puedan trabajar y piden a Lanbide que lo regule cuanto antes.

Otra de sus bazas para el futuro es la educación en las escuelas, algo que una familiar de un enfermo, Jone Mendarte, cree que es fundamental. Para ello, Arraztalo ha editado unas unidades didácticas para introducir el tema de la enfermedad mental en las aulas y quitar el estigma a los enfermos. Quieren ponerse en contacto con los centros para presentarles su propuesta.


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