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Danza macabra sobre las tablas

El Victoria Eugenia acoge hoy a las 20.00 horas una función única de ‘Danzad malditos’, pieza “de danza, teatro y competición” inspirada en la película de Sidney Pollack y que, bajo la dirección de Alberto Velasco, cada noche se desarrolla de modo diferente en función del azar.

Un reportaje de Juan G. Andrés - Sábado, 3 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:15h

Una escena de la pieza 'Danzad malditos'

Una escena de la pieza 'Danzad malditos'

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Una escena de la pieza 'Danzad malditos'

Durante la Gran Depresión de EEUU, miles de personas atenazadas por la miseria se inscribían en concursos en los que las parejas bailaban de manera continuada, día y noche, con pausas mínimas para comer y apenas dormir. El maratón podía durar semanas, o incluso meses, y el sustancioso premio en metálico lo ganaba solo la pareja que resistía en la pista durante más tiempo. El resto se quedaba en el camino y algunos incluso fallecían, exhaustos por el descomunal esfuerzo físico.

El escritor Horace McCoy ficcionó estos macabros maratones de baile en su novela ¿Acaso no matan a los caballos? (1935) y el cineasta Sidney Pollack la adaptó a la gran pantalla en la conocida Danzad, danzad, malditos (1969) con Jane Fonda como protagonista femenina. Casi 50 años después, la historia ha saltado a las tablas del teatro en la versión libre de la compañía Malditos, que con este montaje ganó el Premio Max al Mejor espectáculo revelación.

Danza, teatro y competiciónDanzad malditos surgió de la unión de varios actores profesionales que coincidieron en un taller y decidieron montar un espectáculo inspirado en la película de Pollack. Para ponerla en marcha llamaron al director Alberto Velasco, a quien enamoraron “por su energía y sus ganas”. Este se lanzó a tumba abierta con una sola condición: “Trabajar como si fuese una obra de danza pero teatralizada”. Y así fue.

De hecho, presentan el montaje como “una pieza de danza, teatro y competición”. “La danza es el recurso, la manera de competir en estos concursos de los años 20 y 30 en EEUU. Los actores bailan coreografías y, sobre todo, se cansan para seguir adelante. La competición que se ve en escena es real y cada noche se suceden variaciones distintas”, afirma Velasco, que define Danzad malditos como “un folio en blanco” o “un cubo de Rubik organizado”.

Es decir, los once intérpretes ignoran incluso con qué pareja tendrán que bailar en cada función y quién ganará cada noche, aunque el director advierte de que “no hay nada improvisado” porque la obra no funcionaría. El secreto es que todos los actores y actrices han aprendido el papel y las coreografías de los once personajes, de manera que pueden interpretar un papel u otro en función de cómo vayan superando las pruebas físicas y de azar que se les plantean desde el inicio.

Esta curiosa puesta en escena les pareció idónea para reflejar un mundo de lucha y desafío constante en el que “todo el mundo trata de demostrar continuamente lo bueno que es”. “Nos dimos cuenta de que también estábamos haciendo un homenaje a todos los perdedores, a quienes se quedan en el camino y, a falta de un golpe de suerte, nunca llegan a ser el actor o la actriz. Al final, entre gente del mismo talento, ¿por qué unos alcanzan el éxito y otros no? Un 90% se queda en la estacada”, afirma.

Aunque la historia original transcurría en los años 30, esta versión teatral “es más neutral” y presenta una escenografía y un vestuario “apocalípticos” y válidos para “cualquier parte y tiempo del mundo”. Incluso podría acontecer hoy mismo, ya que “hay una conexión directa entre lo que sucedía en la Gran Depresión y lo que ocurre ahora”. A juicio de Velasco, “las circunstancias hoy son otras, pero ahora la gente también está hundida”. “Nos han robado hasta las ganas de ilusionarnos y hacer cosas, lo damos todo por perdido y nada nos genera confianza”, lamenta.

También cree que aquellos maratones de baile cuyos concursantes llevaban al extremo sus límites físicos y psicológicos podrían tener su reflejo en los actuales reality shows en los que participa gente que no duda en perder su dignidad por un puñado de euros y fama. “Cuando el sufrimiento se convierte en espectáculo genera un morbo muy potente en el espectador, que al principio empatiza con el drama ajeno, pero luego termina dándole igual y solo quiere más”, sostiene Alberto Velasco, que recientemente ha actuado en La mano invisible, una película con muchos puntos en común con este drama teatral.

Tras una temporada de 80 funciones en Madrid y una gira de otras 30 por España, Danzad malditos recala hoy en el Victoria Eugenia, donde solo ofrecerán una sesión, a las 20.00 horas. Según apunta el director de la compañía, recibir el Max fue “alucinante” y supuso “un aliento”, pero ahora tienen la responsabilidad de “estar al nivel de lo que se espera” de ellos. Convertida en cooperativa, la compañía Malditos lo intentará con otra adaptación de una película, Escenas de caza en la baja Baviera (1969), de Peter Fleischmann, en la que repetirán la fórmula del azar: cada noche, uno de los actores del montaje será el chivo expiatorio al que persigue una ciudad que centra en él sus frustraciones y sus miedos.


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