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Buffon, mármol de Carrara

EL PORTERO SUENA A POSIBLE BALÓN DE ORO SI LA JUVENTUS GANA LA CHAMPIONS, EL ÚNICO TÍTULO QUE NO POSEE ‘SUPE | rGigi’

Un reportaje de Eduardo Oyarzabal - Viernes, 2 de Junio de 2017 - Actualizado a las 06:14h

Gianluigi Buffon, uno de los mejores de todos los tiempos.

Gianluigi Buffon, uno de los mejores de todos los tiempos.

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Gianluigi Buffon, uno de los mejores de todos los tiempos.

Italia es el país del drama, de la exageración, del histrionismo y la agonía, el paraíso de la filosofía y el arte. También de románticos soñadores. En el municipio toscano de Carrara, a las faldas de los escarbados Alpes Apuanos, los adolescentes crecen compartiendo un sueño: alcanzar la inmortalidad. Porque allí es donde los antepasados del ser humano extraían el mineral con el que el infinito se puede materializar: el mármol. Carrara ha decidido el destino de muchos de sus habitantes, marmolistas por capricho de la naturaleza. De ese mármol se surtió el mismísimo Miguel Ángel para diseñar las obras que hoy contempla el mundo apenas inalteradas por los arañazos del tiempo. En Carrara, esquivar la muerte es posible. En Carrara, la perpetuidad se exporta.

El 28 de enero de 1978 en la medieval y renacentista Carrara, nutriente con su riqueza minera para la ciudad más bella del mundo, la Florencia de los Médici, nació un ser inmortal. Del vientre y la semilla de unos padres campeones de lanzamiento, Maria Stella y Adriano, deportistas, advino al mundo un bebé que, con sus disparadas dotes, honraría a sus progenitores y a su propia tierra. Los años le tallarían espigado -hasta los 191 centímetros de alzado-, de ojos azules penetrantes causantes de cosquillas, rostro mordido por el acné, barba incipiente, vigorosa personalidad, aspecto melancólico y gesto sobredimensionado. Un dandi del siglo XXI que Miguel Ángel a bien tendría como modelo de escultura. Su aspecto, en sí mismo, le hacen merecedor, pero no es lo más distinguido de su figura.

Gianluigi Buffon es leyenda en activo del fútbol mundial.

En Carrara la destreza manual guarda capital importancia. Con la terminación de las extremidades se logra el grado de detalle que persigue la perfección que merece el paso a la posterioridad. Buffon quiso otro destino para su tacto, alejado del cincel, propio del balón. Otro arte. Pero que también ofrece caminos hacia la inmortalidad para un soñador de Carrara.

Buffon es perenne. Aunque permanece en activo.

En Italia ocurre, como en la gama de rincones, que la eternidad se otorga a título póstumo. Como reconocimiento a una fructífera vida. La mitomanía generalmente nace en la tumba. El bueno de Buffon es excepción. Produce empatía, infunde incluso lástima. Todos los futboleros, con perdón de los rivales de la Juventus, llevan dentro a Buffon. ¿Quién no duplicaría el Balón de Oro un año para que alcance la horizontalidad abrazado a uno, como los antiguos faraones?

Dicen los románticos que Buffon está en condición de asirlo en caso de que la Vecchia Signora levante la Champions mañana. Se podría debatir si este condicionante obedece a la justicia. Porque pocos o nadie saben cuál es el verdadero criterio para el reparto. Pero Buffon, si es por dilatada y productiva trayectoria, lo merece. La orejona cerraría sus vitrinas. Es el único trofeo que no ha alzado. Además, redondearía la temporada ideal, confirmaría a nivel colectivo el tripletede la Juventus. Y esto despejaría dudas a título individual.

Buffon, veterano cincelado en millares de batallas, tantas como lo que dan de sí 22 campañas al servicio de la portería, primero en el Parma (1995-2001) y después en la Juventus (2001-2017), regadas con 17 títulos nacionales, es el San Pedro y espíritu de la Juventus, pero también de Italia, con la que ha jugado seis Eurocopas -una de ellas sub’19 y otra sub’21, que la conquistó- y cinco Copas del Mundo. Ganó la edición de 2006, pero padeció de gatillazo. Se quedó a las puertas del colofón agarrado al Balón de Plata en uno de los mayores insultos que el fútbol ha proferido al talento, cuando el rey fue su compatriota Fabio Cannavaro.

N’Kono, espejo de ‘Gigi’Gigi o Supergigi, como le apodan, era un niño orejudo que para sus amigos evocaba a Topo Gigio;el prefijo se adopta de Superman, héroe de ficción de Buffon, porque el carnal es el guardameta camerunés Thomas N’Kono, arraigada su figura hasta el punto que llamó Thomas a su primogénito. Otro de sus referentes fue el espléndido José Ángel Iribar, arquero del Athletic.

“Es un portero que sabe disimular sus defectos”, opina Andoni Zubizarreta. Arcaico como es Buffon, ha visto al fútbol mutar. El juego de pies, uno de los valores al alza entre los cancerberos contemporáneos, es su talón de Aquiles. No le ha prohibido perdurar con lucidez en la titularidad. Buffon es más que un portero, “es un emblema para toda una generación”, que dice N’Kono, la persona que robó a Gigi sus primeras lágrimas causadas por el fútbol, cuando en 1990 Camerún fue eliminada del Mundial.

Ahora otros lloran por él, porque se confirme su reconocimiento y sea además el más vetusto en alzar la Champions -lo haría con 39 años y 126 días-, relegando a la leyenda Paolo Maldini. Sea o no, Buffon es mármol de Carrara. Es inmortal.


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