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“Tenemos miedo de que vuelva a pasar”

Vecinos de La Landa, en Zorrotza, muestran su preocupación ante la posibilidad de que sus viviendas puedan arder igual que el edificio de la calle Barinaga, donde el sábado fallecieron una pareja y sus dos hijos a causa de un incendio

Ane Araluzea - Lunes, 29 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Jaime Suárez, en el centro, charla con su sobrino Jony.

Jaime Suárez, en el centro, charla con su sobrino Jony. (Fotos: Oskar González y Pablo Viñas)

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Jaime Suárez, en el centro, charla con su sobrino Jony.

Bilbao- “No hemos pegado ojo en toda la noche. Tenemos miedo de que vuelva a pasar”. Con estas palabras resumía María Bargela, residente en la calle Arsenal Bidea de Zorrotza, la sensación de indefensión generalizada entre los vecinos de la zona de La Landa tras el incendio que el sábado acabó con la vida de una joven pareja y de sus dos hijos. El matrimonio compuesto por Joaquín y Rocío Jiménez, de 23 y 20 años, y los pequeños César y Jenny, de 2 y 3 años, fallecieron carbonizados en la buhardilla del número 7 de la calle Barinaga, donde se desató un fuego que además causó una decena de heridos, entre los que se encuentran los padres de Joaquín, que evolucionan favorablemente en el hospital de Cruces. La consternación de los vecinos del barrio, que era palpable el día después de la tragedia, solo dejaba lugar a la indignación por la sensación de que la desgracia podía haberse evitado.

“Me he pasado toda la noche asomada a la ventana. No entiendo mucho de esto, pero estamos seguros de que ha sido un fallo eléctrico, como el que puede pasar en nuestras casas”, relataba María, quien el día anterior fue testigo de lo ocurrido. Junto a ella, Jony Jiménez, residente también en la calle Arsenal Bidea, rememoraba lo sucedido: “Nos despertamos con los gritos. Bajé de mi casa prácticamente desnudo, corriendo. Queríamos subir para sacarlos o echar agua, o hacer algo, lo que sea”. Su tío, Jaime Suárez, completaba el relato añadiendo que “los niños saltaban por las ventanas y se partían las piernas”.

Los vecinos que presenciaron lo ocurrido acusan a los bomberos de tardar en llegar al lugar de los hechos. Mientras tanto fuentes municipales aseguran que llegaron apenas ocho minutos después de recibir la primera llamada de alerta. Fue la endeble estructura del edificio, que amenazaba con derrumbarse en cualquier momento, lo que provocó que no se pudiera obrar con más celeridad una vez en el lugar de los hechos. El joven Jony Jiménez, de 19 años, anotaba otro factor a tener en cuenta: “No tenemos ninguna boca de incendios en ningún lado. Está en la otra punta”.

En un grupo reducido, con numerosos niños de corta edad, los vecinos de La Landa trataban de asimilar lo ocurrido. “Estamos consternados, porque hablamos de una familia con la que nos hemos criado. Estamos muy mal, es una tragedia todo”, exponía María Bargela, mientras arrullaba a su bebé en brazos. “Cada vez que lo pienso me pongo enfermo. No puedo hablar de estas cosas. Aquí no volveremos a la normalidad, pueden pasar los años pero esto se te queda grabado para siempre”, acertaba a decir por su parte Jony, que conocía a la joven pareja fallecida del barrio.

“Joaquín era un colega con el que hace dos días estaba ahí fuera, comprando pan, él con su hijo y yo con el mío”, relataba el joven de 19 años. “Los abuelos de Joaquín son asturianos, igual que mi familia”, expuso Elena Jiménez, también vecina de la zona, quien indicó que el joven fallecido conoció a su mujer, Rocío, en los numerosos viajes que realizaba al Principado. “La familia de Rocío llegó ayer -por el sábado-. Llevaban un año si ver a su hija y a sus nietos”, se lamentaba.

Edificios en mal estadoEl temor a que haya una réplica en otros edificios de la zona, donde abundan las construcciones en situación de infravivienda, era notable. “Lo mismo nos puede pasar a nosotros. Son casas viejas”, explicaba Jaime Suárez frente a su edificio de Arsenal Bidea. “Queremos que nos ayuden a salir de estas casas. Mira la situación en la que vivimos”, apelaba María a su lado, señalando las estructuras de madera del inmueble, del que se asomaban varias personas desde los balcones.

La asociación de vecinos de Zorro-tza ya evidenció el sábado a través de su portavoz, Luis Muñoz Piru, el descontento con el estado de La Landa. “Llevamos 40 años denunciando la situación de esta zona degradada urbanística y socialmente”, expuso. Asimismo, el representante vecinal señaló que el Consistorio les comunicó recientemente que el edificio que ha sido escenario de la tragedia sería derribado a finales del presente año. Por su parte, fuentes municipales declararon que “no había indicios de que hubiera que declararla en ruinas”, aunque ya se habían iniciado los procesos previos a la expropiación.

A pesar del descontento generalizado, no todos querían hablar en un barrio que este fin de semana ha acaparado la atención mediática de forma involuntaria. Algunos vecinos deambulaban ayer examinando, con semblante serio y mirada taciturna, el edificio que el día anterior fue pasto del fuego, como si desearan que el tiempo retrocediera para poder evitar lo irreversible.

Mientras tanto, un reten de bomberos y una patrulla de la Ertzaintza permanecía en el lugar de los hechos, ya que aunque el fuego está completamente sofocado permanecen alerta para evitar que se reavivara. El incendio del edificio, de dos pisos de altura y buhardilla y estructura de madera retrasará la investigación sobre el origen del fuego, al dificultar el acceso de la unidad de policía científica que tiene que analizarlo a fondo. Fuentes policiales aseguraron que las llamas se originaron en la buhardilla, donde dormía la familia fallecida.

Parte de los heridosEn el Hospital de Cruces, igual que ocurrió el sábado, decenas de personas aguardaban para conocer más datos sobre las personas ingresadas a consecuencia del incendio. “Los padres de Joaquín se encuentran estables, dentro de la gravedad. Espero poder verlos hoy”, exponía José Jiménez, patriarca y vecino de la calle Barinaga, a media tarde. El parte médico revelaba que Antonia, la madre de Joaquín, con quemaduras en el 60% del cuerpo, permanecía ingresada en la unidad de grandes quemados evolucionando favorablemente. Su marido, César, con el 30% del cuerpo quemado y con lesiones por precipitación, también presentaba mejoría. Uno de los niños de diez años ingresado fue dado de alta ayer, mientras que el otro, con afectación de humo, permanecía estable.

A su vez, en el Hospital de Basurto, un chico de 21 años con lesiones en tobillo, cadera y columna, permanecía ingresado con pronóstico favorable mientras que una joven de 23 años con pronóstico grave, por una fractura en vértebra lumbar, fue intervenida por fracturas en extremidades inferiores.

Los afectados por el incendio fueron acogidos por familiares, a pesar de que el Ayuntamiento activó desde un primer momento el protocolo de los servicios sociales para la atención y posible realojo de las víctimas.


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