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Navarra, el eje que sostuvo al euskera del Renacimiento

Peio J. Monteano concluye que fue la lengua mayoritaria del reino en el siglo XVI, hablada por un 80% de los navarros

Un reportaje de Leticia de las Heras. Fotografía Oskar Montero - Sábado, 27 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:13h

“Tanto la impresión de libros en euskera como los dos intentos de estandarizar la lengua proceden de Navarra” “No cabe ninguna duda de que en Pamplona la lengua de la calle en este periodo es el euskera” “El proceso de alfabetización se estableció en la práctica como un proceso de castellanización”

El Reino de Navarra fue el eje del mundo vascohablante del siglo XVI. Rotundo se muestra en esta afirmación el historiador y sociólogo Peio Joseba Monteano Sorbet, quien en su último ensayo, El iceberg navarro, deja clara muestra de que el euskera fue la lengua mayoritaria en la Navarra del Renacimiento. “La obra pone al euskera en el lugar que le corresponde en la historia de Navarra, como la lengua por excelencia de Navarra, y pone a Navarra en el lugar que le corresponde en el mundo del euskera, como eje sobre el que gira ese mundo vascohablante que hoy conocemos como Euskal Herria”, declaró durante la presentación del libro.

Este estudio muestra una Navarra oculta, y es que, apuntó el autor, el euskera es una lengua hablada en aquella época por la mayoría pero los pocos que sabían escribir lo hacían en castellano. “La documentación es un cristal empañado para conocer la realidad”, ilustró Monteano dando muestra de la dificultad para los estudiosos de conocer esta faceta de la historia. Según concluyó, el euskera era hablado en el siglo XVI por casi el 80% de la población navarra, desde el pueblo llano a la elite nativa de la zona media y el norte del reino, y la mitad de la población del reino no entendía el castellano. En este sentido, aludió a que en la franja de la Ribera del Ebro la mayoría de la población era ya castellanohablante, aunque con islas de entendimiento en euskera.

“Las innovaciones lingüísticas y sociales en torno a la lengua que se van a producir en el siglo XVI van a tener raíces en Navarra”, explicó Monteano. La irrupción de la imprenta jugó un papel importante en esta hegemonía navarra, pues es aquí donde fundamentalmente se imprimieron los pocos libros existentes en esta lengua. Además, aquí se jugó un importante papel en la adopción por parte de las monarquías de lenguas nacionales.

Solo con analizar Navarra demográficamente se observa la superioridad del reino en el uso del euskera y es que, según el historiador, este territorio congregaba a más del 40% de todos los vascohablantes que existían en la época. Además, es aquí donde se establece el dialecto más hablado: el alto-navarro. Precisamente, esta variante luchó por consagrarse como lengua nacional a través del modelo de Beriáin, uno de los dos modelos que buscaron estandarizar la lengua junto con el que proponía mezclar los distintos dialectos, una idea de procedencia también navarra.

Si Navarra fue el eje del euskera, Pamplona fue su capital, de hecho Monteano la califica como “la metrópoli vascohablante del siglo XVI”. En aquellos años se erigía como el principal núcleo urbano del lugar con una población por encima de los 10.000 habitantes. “A nivel europeo no es una ciudad grande, pero sí a nivel peninsular”, explicó el autor del libro, quien aseguró que “no cabe ninguna duda de que la lengua de la calle en este periodo es el euskera”.

la caída del siglo XVIIIAunque el euskera se encuentra en un buen momento de promoción y los vascohablantes aumentan cada año, la situación actual se encuentra lejos de la que vivieron los navarros del siglo XVI. Para Peio J. Monteano, este declive del euskera, que vivió sus momentos más arduos en el siglo XVIII, estuvo motivado en gran parte por el proceso político de centralización que se estableció en la época, “un modelo de España en torno a una lengua, un rey y una religión”, resumió el historiador.

Además, apuntó, “el proceso de alfabetización se estableció en la práctica como un proceso de castellanización, pues no se enseñó a leer y escribir en la lengua que hablaba la gente”. De esta manera, a medida que la alfabetización aumentaba iba erosionando la lengua, que fue quedando relegada a los sectores menos avanzados. De hecho, comentó, el castellano llegó a establecerse como un elemento de altura social y los propios vascohablantes llegaron a renegar de su propia lengua en pos de conseguir más estatus.


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