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El último inquilino de Anoeta

| Una veintena de personas sin hogar vive de manera habitual bajo las escaleras de acceso al estadio de fútbol.


| El italiano Pascual Serra, de 70 años, fue ayer el primer desalojado tras el inicio de las obras de remodelación

Jorge Napal - Jueves, 25 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:52h

El italiano Pascual Serra, de 70 años, junto a sus pertenencias tras ser desalojado ayer de la puerta número 6. Foto: Jorge Napal

El italiano Pascual Serra, de 70 años, junto a sus pertenencias tras ser desalojado ayer de la puerta número 6. Foto: Jorge Napal

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El italiano Pascual Serra, de 70 años, junto a sus pertenencias tras ser desalojado ayer de la puerta número 6. Foto: Jorge Napal

donostia-El acceso a la puerta número 6 del estadio de Anoeta amanece precintado. La valla que delimita la zona de obras solo se abre para que Pascual Serra, de 70 años, saque sus pertenencias. Lo hace de muy mala gana, a voz en grito, dirigiendo todo tipo de improperios a los agentes.

Las obras de remodelación del campo de fútbol han comenzado exactamente en el lugar donde este hombre, nacido en Argelia y casado con una italiana, de la que heredó su apellido, venía residiendo desde hace tres años.

La escena de ayer a primera hora de la mañana deja al descubierto una realidad que nada tiene que ver con la tardes de fútbol ni la clasificación europea de la Real.

El inicio de las obras del estadio de Anoeta obliga a buscar una solución de alojamiento a quienes tenían en estas instalaciones cobertura nocturna “y consentida”.

Según ha podido saber este periódico, al menos una veintena de personas sin hogar, tanto hombres como mujeres, duerme habitualmente en las escaleras del estadio. Su nacionalidad es muy variopinta. Desde donostiarras a marroquíes pasando por argelinos, venezolanos y otros ciudadanos procedentes del Estado español. Muchos de ellos con perros, lo que dificulta aún más buscar una solución normalizada.

Según las fuentes consultadas, ocupan un total de once puertas del estadio y, aunque todos ellos han sido avisados con antelación de que deben abandonar el lugar, la mayor parte apura hasta el último instante, como fue el caso ayer de Serra a quien, según fuentes municipales, ya se le apercibió el lunes.

La primera actuación pasa por demoler la escalera 6, sobre la cual este hombre ha ido acumulando topo tipo de enseres que cargaba ayer sin dejar de gesticular por lo que entendía un tratamiento “racista”. “Al lado mío duerme un español que se ha ido a trabajar a las 9.00 horas. ¿Por qué no le habéis exigido a él que saque todo lo que tiene?”, increpaba a dos agentes armados de paciencia.

El encargado de la obra trataba de calmarlo, indicándole que su compañero de escalera también estaba avisado, y que en cuanto regresara del trabajo debería hacer lo propio.

grupos organizadosEn el estadio han pernoctado durante este tiempo atrás “grupos organizados”, con una dinámica jerárquica. No todas las puertas ofrecen las mismas garantías. En algunas se cuela la lluvia más que en otras, y por eso hay que ganarse el puesto.

Los más acomodados han llegado a colocar sofás y mesillas que pasan desapercibidas para los viandantes tras los muros de hormigón del estadio.

Así, cada vez que se juega un partido de fútbol, la Guardia Municipal les avisa para que despejen la zona y se lleven todas sus pertenencias, que habitualmente guardan bajo las escaleras para volver a recogerlas concluido el encuentro y asentarse de nuevo en el lugar.

Los inquilinos de la puerta 23 son un buen ejemplo de ello. Se trata de un grupo de unas cuatro o cinco personas con un historial laboral -peones de obra, jornaleros...- que se ha complicado en los últimos tiempos, por lo que “han caído en ciertos consumos” y suelen frecuentar el Aterpe de Cáritas, donde no es extraño verles jugando a cartas.

Estas personas “realizan sus compras en común” cocinando en las escaleras del estadio con un camping gas. Los productos que ponen en el fogón con frecuencia se los facilitan los vecinos de la zona que han solido acercarse expresamente a echarles una mano.

Otro tanto ha ocurrido hasta ahora en las puertas 9 y 11. “Durante este tiempo atrás prácticamente todas las escaleras del estadio han estado ocupadas”, revelaba ayer Bernardo Prol, encargado de obra de Moyua, que preparaba todo para proceder a la demolición de la puerta seis con la que comienza la cimentación de los cuatro elementos que sostendrán las cubiertas del estado remodelado.

compás de esperaLas escaleras demolidas serán sustituidas por accesos temporales. La primera fase se prolongará durante seis meses. “Me he pasado tres años en la puerta 6, pero antes estuve en la 20. Compartía la escalera con cuatro personas”, se hacía explicar Serra bajo la atenta mirada de la Guardia Municipal que le apremiaba para despejar la zona cuanto antes. “Esta noche volveré de nuevo, o esperaré unos días en una zona boscosa cercana para regresar”.

No es el italiano una persona que recurra habitualmente a los servicios sociales, como tampoco lo hace la mayor parte de los últimos inquilinos de Anoeta. “Están acostumbrados a buscarse la vida, y si no han pedido ayuda hasta ahora para solucionar el problema de alojamiento, tampoco lo harán ahora”, indican fuentes cercanas.

Se tiene constancia de que Serra, el primer ciudadano desalojado de las escaleras del estadio, reside en Gipuzkoa al menos desde hace siete años, pero sus contactos con los servicios sociales han sido muy esporádicos. Recurrió a ellos hace tres meses, no por demanda de pernocta y alimentación sino por problemas judiciales.

Al parecer, le requisaron el móvil tras una actuación policial y desde entonces lamenta no poder mantener contacto con su familia. “Una vez que llegó a nuestro servicio, se le ofreció la posibilidad del comedor, pero no es una persona que mantenga una buena relación con el resto”, comenta un trabajador.

Preocupados por el cierre de Anoeta, entidades sociales buscan cómo ofrecer alternativas.


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