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“La izquierda carca y la guerra del abuelo”

Por Jon Iñarritu - Jueves, 25 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:51h

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Su compañero de filas, el diputado Rafael Hernando, previamente, en 2013, señaló con algo más de crueldad: “Algunos se han acordado de su padre cuando había subvenciones para encontrarlo”. Pero un repaso a la hemeroteca de los últimos años nos muestra cómo al PP si le importa la dictadura franquista y especialmente blanquearla. El partido del Gobierno no es que habitualmente apoye de manera explícita el régimen totalitario franquista, ya que de esa manera no podría homologarse a los partidos conservadores democráticos de la Unión Europea (UE), pero sí lo hace con asiduidad de manera implícita y en algunas otras con pocos disimulos. Tras 40 años del fin de la dictadura, la defensa más o menos velada de la misma tampoco es ajena en sectores de la judicatura y de los medios de comunicación.

Durante la X Legislatura (2011-2015), fueron constantes los llamamientos de la oposición para que se dieran pasos en relación a la Memoria Histórica. Pero el Gobierno alegaba que, debido a problemas económicos derivados de la crisis, no podía avanzar ni en la retirada de símbolos franquistas, ni en la financiación de exhumaciones de identificación de restos en fosas comunes. Ahora bien, casualmente, si hubo partidas presupuestarias y fondos para acondicionar el Valle de los Caídos y para repatriar restos de voluntarios españoles nazis de la División Azul desde Rusia. De igual forma, un paseo por los museos militares (públicos) del Estado, dejaba entrever que no había voluntad de cambio en aspectos que no suponían gasto excesivo. En numerosas ocasiones, Amaiur-EH Bildu denunció la existencia de paneles informativos en los que se calificaba al dictador Franco de “Generalísimo” y “Héroe de España” (Museo del Ejercito de Toledo);a la Guerra Civil, como “Cruzada de Liberación” (Museo del Ejercito de Melilla);se ensalzaba el papel de la “Benemérita” en gestas de la Guerra Civil y la figura del dictador (Museo de la Guardia Civil de Madrid). Otras situaciones chocaron incluso en la UE, como fue el hecho de que la delegada del Gobierno en Cataluña entregara un diploma a la Hermandad de la División Azul. Sobre ese acto, el ministro del Interior señaló que se realizó en “un ambiente de reconciliación nacional”. Por ello, no es de extrañar el tirón de orejas del relator de Naciones Unidas del Consejo de Derechos Humanos, Pablo de Greiff, al gobierno español y la lista de recomendaciones que les realizó y que, por cierto, siguen sin cumplirse.

De esta forma se refería el portavoz del PP, Pablo Casado, en 2015, a una supuesta obsesión de la izquierda que, según él, estaría siempre recordando la dictadura franquista y “ todo el día con la fosa de no sé quién”.

Tras la breve XI Legislatura, todo apunta a que en esta, la XII, el PP no va a cambiar de actitud. Durante el mes de abril, hemos conocido que los restos del general, doblemente golpista, Sanjurjo fueron trasladados por el Ejército y enterrados en un mausoleo militar de Melilla en un acto con miembros de las fuerzas armadas y con el presidente de la Ciudad Autónoma y senador del PP, Juan José Imbroda. Al mismo tiempo, conocíamos que la ministra de Defensa, aprovechaba su visita a Málaga, en Semana Santa, para homenajear la memoria de Joaquín García-Morato y Castaño, premiado por el franquismo con el título de Conde del Jarama por su participación en los bombardeos de Andalucía que supusieron la muerte de miles de personas. De igual forma, hemos visto al exministro Alberto Ruiz-Gallardón, junto con otros cargos del PP, en el funeral de su suegro, Utrera Molina, en una performance propia del NODO con Cara al Soly saludo romano incluidos. Por si fuera poco, esta misma semana hemos conocido que el secretario de Estado de Seguridad participó en un acto de claros tintes franquistas, en Villa de Dos Torres, en Córdoba, el pasado 13 de mayo. ¡Menos mal que no les importaba la “Guerra del abuelo”! Pero no son hechos aislados.

El pasado mes de febrero, el senador jeltzale Jokin Bildarratz, como anteriormente hiciera Iñaki Anasagasti, presentó una moción en el Senado con el fin de que el Estado hiciera un gesto de perdón a la población de Gernika con motivo del 80º aniversario del bombardeo, del modo en que hace 20 años realizó Alemania. Pues no fue posible por la oposición del PP. Es más, este partido se negó incluso a acordar un texto transaccional que reconociera la responsabilidad de Franco en el ataque a la villa bizkaitarra bajo la excusa de que “no había que buscar ni culpables ni bandos”. Recientemente, la solicitud de la mayoría del Congreso instando a la exhumación de Francisco Franco del Valle de los Caídos caerá en saco roto pues no podrá verse cumplida por la negativa del PP que no quiere remover el pasado, porque “le parece un debate antiguo”. Hablando claro, que prefiere seguir sufragando el mausoleo y las flores frescas que diariamente se depositan sobre la tumba del tirano. Es evidente que sí, al PP le importa este asunto y especialmente imponer un relato, el suyo.

Durante estos años, hemos visto cómo la Guardia Civil detenía a decenas de tuiteros en razzias, acusándolos de delitos de enaltecimiento del terrorismo incluso por escribir bromas sobre Carrero Blanco;pero en ese mismo cuerpo han sucedido hechos que contrastan con lo anterior. Recordemos el lógico escándalo que se produjo cuando conocimos que el teniente coronel Tejero, organizó una paella en un cuartel de Madrid para celebrar el 23-F, en el que invitó al conocido golpista del mismo apellido (su padre). No fue expulsado del cuerpo, tampoco sancionado, sino que, el mismo año, fue ascendido a coronel. Algo igual de extraño ha ocurrido este 2017 cuando a dos agentes del instituto armado se les abrieron dos expedientes disciplinarios ya que denunciaron los comentarios franquistas de un cabo del puesto de Bóveda (Lugo), difundidos en su cuenta en Facebook. Los altos mandos encubrieron al superior y acusaron a los guardias denunciantes de “una falta grave”. Por lo que, visto todo esto, no me ha sorprendido la respuesta parlamentaria del Gobierno sobre dos hechos ocurridos en Melilla, en los años 2015 y 2016, en los que una compañía del instituto armado posó delante de la estatua de Franco (mantenida por el Gobierno del PP) y un agente uniformado colgó una bandera franquista con motivo del 12 de octubre en un hotel. El Ejecutivo señala que no aprecia infracción ninguna en esos actos.

En definitiva, como hemos visto, al PP sí le importa todo aquello a lo que teoricamente pretende quitar relevancia. Le interesa mantener un relato que defienda y blanquee la dictadura totalitaria franquista. De la misma manera, la falta de voluntad para facilitar la reparación, verdad y justicia de las víctimas de ese periodo, no responde ni al paso del tiempo ni a razones económicas. El mismo partido que exige al resto condenas y pasos en el reconocimiento de otras víctimas, no está dispuesto a dar ni un solo paso, más allá de una condena cosmética y sin contenido del franquismo. ¿Todo atado y bien atado?


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