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Un atleta guipuzcoano en el continente olvidado

El tolosarra Javier Colomo, maratoniano retirado de la competición, compagina su trabajo de ingeniero eléctrico con su faceta solidaria en proyectos por países africanos sacudidos por la hambruna.

Un reportaje de Jorge Napal - Miércoles, 24 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:13h

El ingeniero Javier Colomo, junto a cinco niños africanos.

El ingeniero Javier Colomo, junto a cinco niños africanos.

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El ingeniero Javier Colomo, junto a cinco niños africanos.

Las pequeñas acciones mueven el mundo, y la constancia y la fe en lo que uno cree, alguna que otra montaña también. Quien baja los brazos y se entrega a la derrota de antemano, quizá pueda preguntarse qué puede hacer un tolosarra en el continente más olvidado, donde los conflictos y las necesidades son una constante entre los mil millones de almas que lo habitan.

Ese tolosarra es Javier Colomo, residente hoy en Donostia e ingeniero eléctrico de profesión, a quienes muchos recordarán por su vida dedicada al atletismo en la que cosechó numerosos logros deportivos. Y el continente en cuestión es África, que mañana celebra su día internacional sacudido por una gran crisis de hambre, causada por la sequía, los conflictos y la mala gestión de los recursos. Más de 22 millones de personas viven en un estado de urgente necesidad, especialmente en Sudán del Sur, Somalia, Kenia y Etiopía.

Esta dramática realidad salió al encuentro de Colomo cuando su carrera al más alto nivel finalizaba. “Coincidió en el tiempo que, cuando mis objetivos deportivos estaban logrados, conocí África y vi sus necesidades. Aquella realidad se cruzó en mi vida”, confiesa el atleta, que a partir de entonces dejó de ver a los africanos como competidores en carreras internacionales para participar con ellos en una carrera solidaria por África que todavía perdura.

Recuerda cómo llegó al continente olvidado por primera vez como turista y recorrió varios países hasta que cayó en la cuenta de lo mucho que podía hacerse con pequeños gestos. Con esa inquietud creciente y tras varios años de trabajo con diferentes ong, el empujón definitivo se lo dio Teddy, una mujer que tenía a su cargo 135 niños en el distrito Kitgum de Uganda. “¿Javier, nos puedes ayudar?”. Aquella interpelación le llegó a lo más hondo. Tenía dos alternativas, “decir que no y cortar para siempre” o intentarlo, y apostó por la segunda alternativa.

Aquella respuesta fue el germen de lo que hoy es Amigos Solidarios, “una pequeña asociación de personas que ayudan a personas”, como le gusta decir a él.

Este ingeniero sabe que, cuando se implica en algún proyecto, lo hace al 100% para comprobar hasta dónde es capaz de llegar. Lo hizo como atleta, y sigue empleando la misma fórmula en su faceta más solidaria. Es tal su implicación actual en proyectos que dirige desde Donostia en países como Uganda o Kenia, que algunos de sus clientes han llegado a sospechar que ha trasladado su residencia a África. “Voy tres veces al año, pero he de aclarar que resido en Donostia y vivo de mi trabajo como ingeniero eléctrico. Las nuevas tecnologías nos permiten seguir los proyectos a larga distancia. Además, se trata de ayudarles, pero no darles todo hecho porque corres el riesgo de caer en el paternalismo. Hay que hablar con ellos, de manera que aporten su visión sobre las soluciones que podemos plantearles para que se acomoden a sus posibilidades técnicas”, explica.

“El futuro es de ellos”

Colomo sabe que para los proyectos más ambiciosos están las grandes ong. Por eso se centra en objetivos muy concretos. “Aquí somos todos voluntarios que vivimos de otros trabajos y medimos a la hora de seleccionar los proyectos, en favor de los más factibles”. Según explica, después de dos largos años de trabajo, esperan finalizar para el 30 de junio la construcción de un colegio de Primaria y oficios -similar a la FP- en una comarca de Uganda. La infraestructura, a la que solo le falta los trabajos de remate del área deportiva, dará cabida a 450 escolares.

Una de las premisas del sistema de trabajo es la transparencia. Dice que es consciente de los recelos que suelen despertar las donaciones, y por eso acometen proyectos que “son demostrables” de manera que todos aquellos que aportan un dinero puedan ver en el muro de Facebook o en la web -www.amigosolidarios.com- la evolución de las obras a través de las fotografías.

El equipo de voluntarios ya ha empezado a trabajar en otro proyecto en Kenia, un país en el que el Gobierno estima que para este verano unos cuatro millones de personas necesitarán ayuda. Actualmente, alrededor de 700.000 niños kenianos menores de 5 años se enfrentan a la inanición.

El proyecto en el que ya han empezado a trabajar se localiza en la zona de Turkana Norte, que acaba de ser declarada zona crítica dentro de la hambruna reconocida por la ONU. En concreto, según explica Colomo, esta prevista la creación de una Unidad Pediátrica en la localidad de Lokitaung, que permitirá prestar atención médica a tantos casos de desnutrición. “Las necesidades saltan a cada paso. Cada niño... cada mujer... es una necesidad que te aborda en todo momento. Hay que tener en cuenta que el futuro es suyo, y su forma de vida también, por lo que nosotros solo les podemos aportar una pequeña herramienta para que sigan ellos el camino”, reflexiona en voz alta. Confiesa que después de esta andadura, para lo bueno y para lo malo, “acabas uniendo tu suerte a la de ellos, y no importa que la sociedad les vea como unos perdedores, porque en ese bando se ganan más satisfacciones”.

sus proyectos

Colegio de primaria y centro de oficios. La obra está a punto de finalizar tras dos intensos años de trabajo en Bujagali, Uganda. El centro acogerá a 450 niños.

Unidad pediátrica. Se ubicará en Lokitaung, Kenia. El objetivo de este proyecto es intentar paliar la desnutrición infantil en la zona, declarada como “crítica” por la ONU debido a la hambruna. El 42% de los hogares no disponen de alimentos. El proyecto cuesta 40.000 euros.

Pozo de agua.En Turkana Norte, Kenia. Construirlo cuesta 28.000 euros. La población tiene que caminar 17 kilómetros diarios para llegar al pozo de agua más próximo. El Gobierno de Kenia declaró en febrero la situación de desastre nacional en el país para comenzar a movilizar recursos y esfuerzos. Durante las dos temporadas de lluvia de 2016 (de marzo a mayo y de octubre a diciembre), los niveles de precipitación que se dieron fueron tan bajos que provocaron un acusado descenso de las cosechas, la falta de agua y el declive de la productividad animal. Todo ello ha tenido un devastador impacto en términos de seguridad alimentaria y en la situación nutricional de la población.

Cómo ayudar.Para cualquier aportación a la asociación:

La Caixa: ES25 2100 2258 1102 0051 1400;Kutxa: ES02 2095 5001 0110 6426 8716


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