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Tribuna abierta

“Generación sin tierra, pero con patria”

Por Xosé Estévez - Lunes, 22 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:14h

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Recientemente tuve el privilegio de coadyuvar como telonero en la presentación del libro de Pedro de Basaldúa La guerra antes del Estatuto, en compañía de Patxi Agirre, Josu Erkoreka e Iñaki Anasagasti. Josu Erkoreka había escrito una excelente introducción a la citada obra e Iñaki Anasagasti una enjundiosa y precisa biografía de Basaldua. Al socaire de mi intervención surgió en mi mente este decálogo de reflexiones:

1ª) Josu Erkoreka e Iñaki Anasagasti, con el impulso a este libro, han apostado por esa generación de Pedro de Basaldúa, José Antonio de Aguirre, Castelao, Francisco Basterretxea, Ixaka López Mendizabal, José María Lasarte, Iñaki de Azpiazu, Julio Jáuregui, Ramón Aldasoro, Vicente Amézaga, Pablo Archanco, Santiago Cunchillos, Jesús Zabala, Andrés, Pello y Manuel de Irujo y tantos otros que se sumergieron en los asuntos de la polis por imperativo moral, siguiendo la ética estructural de los principios frente a la coyuntural de la conveniencia o la oportunidad. No siguieron los dictados de la modernidad líquida ni se adscribieron al crepúsculo del deber, según el adagio individualista, hoy de moda: “Cada uno va a lo suyo, menos yo que voy a lo mío”.

2ª) Renacen los tiempos, que creíamos superados, en que impera el “quod principi placuit, legis vigorem habet” (“es ley, lo que apetece al príncipe”). Muchos alardean de su propia insapiencia voluntaria y otros se autoproclaman dueños de una sabiduría omnímoda de tal manera que muy pocos aprenden en cabeza ajena, salvo los peluqueros. Creen los cosmopolitas de salón y acérrimos defensores del páramo meseteño que el seguidor del nacionalismo periférico es un aldeano asilvestrado. No se percatan que desde la ventana de una pequeña patria se puede admirar la grandeza del mundo, pues su riqueza se halla en la diversidad de pueblos, no en la uniformidad empobrecedora. La belleza de un mosaico viene dada por la conjunción de diferentes teselas y un coro lo compone la polifónica armonía de distintas voces. Desde Oiartzun, Bermeo o Bakio uno puede ser universal y desde Washington un provinciano paleto. No hay más que observar al actual inquilino de la Casa Blanca.

3ª) En los tiempos de Pedro de Basaldúa y más recientes también los parlamentarios debían estar dotados de excelentes cualidades oratoria. En Roma les llamaban: “Viri boni dicendi periti”. Era requisito imprescindible para ser elegible tener facilidad de palabra y de improvisación. Un diputado cunero, Lledó, en el fervor de un mitin prometió al auditorio de un remoto pueblo gallego que, cuando llegara al gobierno, les construiría un puente. Un asistente le replicó: “Pero si no tenemos río”. Raudo, el político contestó: “Os traeré también el río”. Otro, en el fragor de su intervención, prometió: “Cuando esta arca esté llena, todos seremos ricos”. Un asistente entre la multitud apuntó: “¿Y quién tendrá la llave?” Rápido de reflejos, el orador respondió. “Repartiremos copias”.

4ª) El libro de Pedro de Basaldúa manifiesta claramente que debemos conocer e investigar nuestra historia, ciencia hoy denostada por su inutilidad crematística inmediata, desde una parámetro clásico y humanista, la “magistra vitae”. El pueblo que ignora su pasado está condenado a repetirlo de forma trágica. Por eso es necesario empeñarse en rescatarlo y en libar la salsa del pasado para condimentar el alimento del presente y macerar el manjar del futuro. ¡Ojalá la mayoría de los políticos aprendiesen esta lección! Asombra observar una crasa insipiencia histórica en un número no despreciable de ellos, lo que explica los desaciertos que cometen, repitiendo errores del pasado, como si estuviesen obnubilados por seguir la teoría de Croce sobre el eterno retorno en un constante tejer y destejer a la manera de Penélope. Decía Marc Bloch, el gran historiador galo, asesinado por los nazis: “La incomprensión del presente nace fatalmente de la ignorancia del pasado”. La historia es un arma incruenta cargada de presente y con munición de futuro.

5ª) Es preciso posicionarse radicalmente en contra de la amnesia colectiva que propugna el opio de las conciencias, borra la memoria y siega la capacidad de transformación socio-política. Hay que implicarse a fondo en la reconstrucción de la memoria histórica, pues a la memoria nunca se le acaba el tiempo. Para algunos la memoria es una maleta demasiado pesada. Por eso, es necesario abrirla para aligerarla. El pasado es muy rebelde y obstinado. Siempre vuelve, a veces en forma de leyenda. Hoy se realizan numerosas exhumaciones de fosas, donde reposan, muy a su pesar y contra su voluntad, los restos de gudaris, pues al cielo nadie le apetece incluso un viaje voluntario, sobre todo porque el trayecto debe hacerse en coche fúnebre. Recuerdo las exhumaciones de Elgoibar y Larrabetzu, y los homenajes a Cándido Saseta en Hondarribia el 21 de febrero y a la batalla del Matxitxako el 5 de marzo. Con acierto decía Josu Erkoreka ante el monumento: “No vivimos para recordar, recordamos para vivir”. Castelao denunciaba en una de sus famosas viñetas, pertenecientes al álbum Atila en Galicia de 1937, los crímenes fascistas con esta leyenda: “Non enterran cadavres, enterran semente” (No entierran cadáveres, entierran semilla).

6ª)Conocí personalmente a Pedro de Basaldúa en 1982, con motivo del I Congreso de Vascos de la diáspora americana, celebrado en Donostia. Era un hombre alto, elegante, de porte aristocrático, ameno conversador, extraordinario orador y excelente y prolífico escritor. Pertenecía a esa generación, ya mencionada, que se vio forzada a dejar su Tierra, pero nunca abandonó su patria. Era tan humilde que en un mitin, pronunciado durante la transición en Navarra, como recordó recientemente Iñaki Anasagasti en un artículo periodístico, minimizó su triste odisea exílica y encumbró la tragedia del destierro en la propia tierra durante la larga noche pétrea del franquismo. Todavía recordamos, los que tenemos adornada la piel de barba blanca, la negra época del estraperlo, la represión y el racionamiento, que terminó oficialmente en 1952, pero siguió maltratando los jugos gástricos de los ciudadanos de a pie. En los mentideros de la picaresca popular y sotto voce se identificaban ciertos alimentos con títulos de películas: el racionamiento-la alegría de la huerta;el queso-huellas del pasado;el arroz-ausencia injustificada;el azúcar y el café-la pareja invisible;el bacalao-el héroe desconocido;el aceite-suspiros de España;el jamón-más allá de la luna;el embutido-la alegre mentira;la carne-el deseo y el tabaco-extraño cargamento.

7ª) Pedro de Basaldúa era gran amigo de Castelao, al igual que otros ilustres políticos vascos, citados más arriba, y escritores y periodistas como Víctor Ruiz Añibarro o Tellagorri. Este último terminaba una entrevista a Castelao, con motivo de su marcha a París en 1946 como ministro de la República en el exilio, de esta guisa: “En fin, ahora Castelao es ministro y se nos va a París. Pero, ministro y todo, seguirá siendo el de siempre, y quizá lo primero que os cuente será la impresión que en sus andanzas por el mundo le produjo el advertir que rebuznaban exactamente igual los burros de todos los países. Es lo que más le ha llamado la atención: el lenguaje universal de los tontos” .

8ª) Pedro de Basaldúa participó en Buenos Aires en numerosos actos del Galeuzca, pronunciando hermosas palabras solidarias. No es el momento de reproducirlas. Pero mostró una emoción especial al recitar oraciones fúnebres en honra de Castelao. Conservo las pronunciadas con motivo de su inhumación el 9 de enero de 1950 en el cementerio de Chacarita en Buenos Aires, en el mismo lugar con motivo del primer aniversario, en 1951, y del segundo, en 1952. Pero son realmente sobrecogedoras las recitadas con motivo del 10º aniversario en 1960. He aquí un fragmento del breve discurso: “Castelao era un patriota consciente. Sabía que contra los valores permanentes de la nacionalidad, de nada valen los caprichos de un príncipe o las maldades de un Dictador. Sabía que el exiliado se encierra en sí mismo, no entiende el idioma de los hombres, ni el idioma de tierra extraña, por fraterna y generosa que sea la acogida. De ahí que el gallego, ese exilado tradicional, voluntario o forzoso, camine cargado con la nostalgia de su patria lejana, abrumado por esa morriña que es como un grito de conciencia que mantiene vivo el recuerdo y el anhelo de volver a sus rías, a sus valles y montañas.

Sabía Castelao lo que muchos gallegos aún ignoran. Que para terminar con los males tradicionales de Galicia, había que luchar por su libertad política, económica y social, pues solo en base a ellas podrá reconstruirse con su fisonomía propia de acuerdo a su cultura, a su alma, a su genio específico y natural...

Castelao fue un mártir. Porque sacrificó su vida, se inmoló por Galicia. Y la sangre de los mártires es semilla de redención.

Galicia está llena de cruces y de tumbas, tan magníficamente estudiadas y cantadas por Castelao. A la tumba de Rosalía de Castro y de tantas personalidades gallegas, cabe añadir la de miles de patriotas que murieron asesinados por la barbarie franquista.

Un día estará allá también la tumba de Castelao para que sus huesos fertilicen la tierra a la que tanto amó. Un día, cuando Galicia sea auténticamente gallega, es decir, libre de tiranos y soberana de sus gloriosos destinos.

Permitidme que os recuerde que sólo donde hay tumbas hay resurrección”.

9ª) Expreso mi más sentida gratitud por rescatar a un ilustre miembro de esa inolvidable generación de patriotas, pues nada hay más revolucionario que el sincero agradecimiento. Esa generación mantuvo la honorabilidad hasta el último suspiro, no se doblegó y nunca ha muerto. Es el olvido y no la muerte el que nos hace quedar fuera de la vida. Esa generación mantuvo firme el mástil de sus ideales, mora en el cielo de las estrellas pastoreando nubes de dignidad y nunca fue domesticada. En una viñeta de Castelao charlan un perro y un zorro. El primero le dice al segundo: “Domestícate, hombre, y tendrás una vida regalada”. El segundo le contesta: “No nací para perro”. Ciertamente, ser civilizado no es lo mismo que estar domesticado.

10ª) Los libros, artículos de primera necesidad, fueron escritos obviamente para ser leídos. La lectura adelanta el tiempo de la vida y aleja el de la muerte. El libro está bien ilustrado y correctamente editado por el IVAP. Parabienes por ello. Disfruten de la corta, pero precisa y enjundiosa biografía de Basaldúa, obra de Iñaki Anasagasti. Gocen de la encomiable presentación de Josu Erkoreka, auténtico homenaje al cronista de los dramáticos hechos del 36. Fue redactado y revisado con comprometida convicción, contenida emoción y sana pasión. Hay pasajes memorables como el discurso de José Antonio Agirre en Las Cortes en septiembre de 1936 (pp. 111-113, repetida en las pp. 206-208) o las declaraciones de Indalecio Prieto sobre el derecho de autodeterminación (p. 116). Recuerden el proverbio hindú.“Un libro abierto es un cerebro que habla;cerrado un amigo que espera;olvidado, un alma que perdona;destruido, un corazón que llora”.


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