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Tribuna abierta

Salvar al soldado Rajoy

Por Iosu Perales - Miércoles, 17 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Mariano Rajoy

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Mariano Rajoy

Alissa Zinovievna, conocida en el mundo de las letras bajo el seudónimo de Ayn Rand, nació en San Petersburgo el 2 de febrero de 1905 y falleció en marzo de 1982 en New York donde vivió muchos años. En el año 1950 escribió lo siguiente: “Cuando adviertas que para producir necesitas obtener autorización de quienes no producen nada;cuando compruebes que el dinero fluye hacia quienes no trafican con bienes sino con favores;cuando percibas que muchos se hacen ricos por el soborno y por influencias más que por su trabajo, y que las leyes no te protegen contra ellos sino, por el contrario, son ellos los que están protegidos contra ti;cuando descubras que la corrupción es recompensada y la honradez se convierte en un auto-sacrificio, entonces podrás afirmar, sin temor a equivocarte, que tu sociedad está condenada”. He de decir que Alissa Zinovievna era partidaria del capitalismo, para que nadie piense que era una izquierdista.

Rescato este texto para abrir una reflexión respetuosa de la negociación entre el Partido Popular y el Partido Nacionalista Vasco, o si se quiere entre los dos gobiernos, a la luz de la relación entre ética y política. Lo cierto, de entrada, es que el PP reúne todos los supuestos citados por la escritora. Y no es nada fácil justificar el por qué de un acuerdo con este partido, ayudándole a continuar en el poder. Si nos limitamos a repasar lo logrado por el PNV creo, sinceramente, que no es poco. De tal modo que si hiciera abstracción de quién es la otra parte yo diría que la negociación ha sido buena, sobre todo porque supone la consolidación del cupo, sacándolo del mercadeo político. Lo digo sin olvidar que lo “concedido” por Madrid son nuestros propios derechos que permanecían secuestrados para jugar con ello en el tablero de negociaciones, como ha sido el caso.

Sin embargo no entiendo muy bien por qué la negociación del cupo, que es un asunto de dos gobiernos, se ha llevado a cabo al mismo tiempo que el apoyo a los presupuestos de Rajoy, lo que es un función de partidos en el congreso de los diputados. Demasiada confusión.

Reconocido lo anterior digo más: no creo que sea acertado afirmar que es un acuerdo pensado para favorecer los intereses del PNV, esa es una crítica simple y seguramente injusta. Lo que ocurre es que tenemos distintas maneras de entender el país, de lo que conviene a Euskadi, y en ello se encuentra el origen de las diferencias. Por ejemplo, yo tengo una mirada sobre el país diferente a la que creo que tiene el señor Urkullu. ¿Legítimo no? A partir de la existencia de distintos modos de entender Euskadi es lógico pensar que haya críticas por las prioridades de los negociadores, de tal manera que EH Bildu o Unidos Podemos hubieran elegido otros asuntos a negociar. Hasta aquí todo bastante normal.

El problema se encuentra en la naturaleza del actor español. He escuchado voces y leído declaraciones en las que se critica a los críticos con el acuerdo en Euskadi, afirmando que a falta de argumentos sobre el contenido se fijan en el quién, es decir en el Partido Popular. Ojo, no es de poca importancia fijar la atención en el quién. Estamos hablando de un partido que cuenta con 850 imputados repartidos en 35 causas, siendo que el propio partido lo está por financiación ilegal. En este escenario es frívolo decir que el quién no es lo importante, pues es tanto como aceptar tácitamente la degradación de la política como una realidad con la que hay que entenderse. El PP es hoy el máximo exponente de la política degradada, de la política-basura, y sostenerle en el gobierno no creo que sea un buen ejemplo. Darle apoyo porque cede ante aspiraciones legítimas, con lo que ello supone de castigo para millones de seres humanos que lo están pasando muy mal en el estado español, no es algo de lo que enorgullocerse. No cabe olvidar que los presupuestos del PP son antisociales.

Puede haber quien piense que soy un purista, que no sé de qué va la política, que hay que pactar hasta con el diablo, que la vida es así. Pero este tipo de afirmaciones no reflejan otra cosa que una grave desconsideración con la democracia, con la ética política. Si nos parece bien ayudar a un partido lleno de tramas, a un partido-mafia, por el hecho de que tiene poder y nos puede dar algo a cambio, ¿no estaremos contribuyendo a la degradación de la política? ¿cómo quejarnos luego de la desafección ciudadana hacia las instituciones? ¿cómo llorar por el entierro de la democracia? La política es el arte de lo posible, lo estudié ya en primero de Ciencias Políticas, pero cuando lo posible consiste en pactar con quien encarna la corrupción, la antítesis de la política democrática, ya nos encontramos en un plano que nada tiene que ver con el arte de la política. Hay que hacer notar que con frecuencia los medios pervierten los fines.

Ética y política se encuentran en permanente tensión. Con frecuencia se dan la espalda y ni se saludan. Ocurre a escala universal. Pero en nuestro caso hemos tocado fondo, la política en el estado español ha bajado a los infiernos de la depravación, produciendo un hedor insoportable. España ya está entre los países más descarriados de Europa. Tanto que el partido de gobierno lo que se merece realmente es un cordón sanitario que lo neutralice de una vez por todas. Darle oxígeno mediante pactos es como darle un premio. Y lo digo sea quien sea el partido que pacte con el PP, no tengo fijación con el PNV. Lo reitero: si aceptamos que el arte de lo posible incluye obviar la extrema degradación de la política y la responsabilidad del PP, para sacar provecho de su no mayoría absoluta, es que esto va muy mal y nos coloca en una posición cuando menos débil para defender con uñas y dientes los valores democráticos.

Algunas voces críticas contra los críticos de la negociación argumentan que no hay otra alternativa. Que la oposición es un cajón de sastre. Que sin negociación hubiera habido prórroga de presupuestos y eso es malo. Sinceramente, se trata de preocupaciones bien intencionadas, pero que no deben llevar a nadie ser salvavidas del PP. Ninguna razón moral ni política puede empujarnos a sostener un gobierno corrupto para superar así la crisis en España. Más bien España se las tendrá que arreglar y buscar soluciones. Y aquí viene bien recordar las palabras de Alissa Zinovievna, escritas en 1950, que son hoy un pleno al 15. Su rabiosa actualidad, ratificada por infinidad de hechos, nos remite a un examen de conciencia desde la política. Dar juego a los corruptos, al partido más corrupto, es caminar en el sentido contrario a la regeneración que necesita del compromiso de todos. No todo vale. De lo contrario, es verdad, nuestra sociedad estará condenada.


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