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Colaboración

Frente amplio

Por Joxan Rekondo - Viernes, 12 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

1.Pronto hará un año y medio que comenzó el proceso Abian, que implicaba la revisión de la estrategia de la izquierda abertzale. La cuestión central que este movimiento dilucidaba era la referida a cómo podía obtener para sí el protagonismo principal en la política vasca en medio de una dinámica de confrontación que, tras el cese del terrorismo, se estaba diluyendo progresivamente. Obviamente, la conclusión estaba ya implícita en la pregunta. Si el motor de la política revolucionaria es la creación de antagonismos sociales, habría que chocar con la normalidad política que la paraliza e intensificar la dialéctica frentista. Por eso, Abian determinó que “los procesos de polarización/movilización [son] imprescindibles para las articulaciones hegemónicas”.

Del seguimiento de su actividad teórica y práctica, se puede decir que cuando la izquierda abertzale enuncia la fórmula “articulaciones hegemónicas” quiere decir cosas que son diversas, aunque están interrelacionadas. Esta expresión significa, en primer lugar, la primacía de las demandas y acciones identificadas con los “procesos de polarización/movilización” respecto de otras temáticas que, aun formando parte de la misma agenda de la izquierda aber-tzale, quedarían relegadas a un rango secundario. Es decir, prevalecen todas las causas que sirven para el conflicto, ante las que se subordinan las demás. El término “articulación hegemónica” designaría, además, a la unidad de acción de fuerzas sociales y políticas con la que se busca la supremacía en el país y significaría, por último, la hegemonía que las organizaciones de la izquierda abertzale se reservan en el ámbito interno de dicha unidad de acción.

2. La reestructuración interna que se está acometiendo en el seno de EH Bildu responde precisamente al objetivo de remover los obstáculos con los que Sortu se ha encontrado a la hora de establecer su posición hegemónica en el interior de la alianza, que es la expresión principal de la unidad de acción pretendida.

El modelo original de Bildu (desde 2012, EH Bildu) ha representado una alianza de tipo estratégico que formalmente ha operado por consenso de todos sus componentes, aunque hayan tenido que cargar con la pesada mochila con la que el más fuerte de ellos (Sortu) ha llegado al grupo. Acaso por esto, es innegable que la alianza ha presentado un perfil más cercano a la izquierda radical que al centro político.

A ese hecho ha ayudado también que la correlación de fuerzas que la han constituido está claramente desequilibrada hacia la radicalidad. Hay una representación fuerte conformada por fuerzas de signo marxista: Sortu y Aralar, con un origen común en la izquierda abertzale;y Alternatiba, que proviene de la izquierda española. En el otro lado está EA, cuya raíz se sitúa en el nacionalismo histórico. Por eso, cuando se dice que el atractivo político de EH Bildu es precisamente la visibilidad pública de su diversidad interna, y se rechaza su identificación mimética con la izquierda abertzale, habría que reconocer que es EA la única formación que le ha podido aportar ese valor añadido.

Podríamos pensar que este marco era el adecuado para que Sortu desarrollara toda su hegemonía. Pero, eso sería minusvalorar la cultura política del garaikoetxeísmo. El lehendakari Garaikoetxea ha dicho y ha escrito en varias ocasiones que el trabajo de EA en EH Bildu buscaba “moderar” a la izquierda abertzale. No cabe duda que Eusko Alkartasuna habrá utilizado más de una vez la herramienta del consenso para limitar y corregir los (des)propósitos de Sortu, o para que estos no comprometieran al conjunto de la alianza. A pesar de la asimetría bajo la que se constituyó la alianza, esta manera de funcionar todavía resaltaba la autonomía de EA, y le hacía depender de sí misma, de la capacidad que demostrara al hacer valer su propia visión estratégica.

3. Por esa razón, se puede asegurar que la crisis interna de EH Bildu no surge porque sí. La forma de funcionar por la que aún se rige la coalición hace mucho tiempo que disgusta a la izquierda abertzale. La Fundación Iratzar, escuela de pensamiento de Sortu, lleva más de dos años trabajando en la nueva estructura de EH Bildu. En el seno de esta reflexión, surge la idea del Frente Amplio, concebido a imagen y semejanza de su homónimo uruguayo. Para desplegar todo el potencial de las “articulaciones hegemónicas” al servicio de la causa revolucionaria, habría que eliminar el mecanismo del consenso transversal, que puede llegar a ser paralizante. Por eso, con la nueva organización se quiere acotar el papel de los partidos que la fundaron y despojarles de toda posibilidad de veto. Consecuentemente, la Mesa de Partidos que se prevé en el documento de debate carece de facultades para tomar decisiones operativas.

4. Tras su último Congreso, Sortu está actuando como si el nuevo organigrama del Frente Amplio ya estuviera aprobado. Todos sus militantes tienen la obligación de ser asimismo bilkides, miembros activos de EH Bildu. Serán absoluta mayoría (bolcheviques, una ironía adecuada al centenario de la Revolución Rusa) en el Congreso que se celebrará el 17 de junio. Son hechos consumados, que ha aceptado la actual dirección de Eusko Alkartasuna, y que denuncian cientos de militantes de este partido.

“EH Bildu será más pequeña si solo se parece a uno de sus partidos”, ha dicho Iratxe López de Aberasturi, portavoz del sector de EA que se opone a la reestructuración. Además, ahí está lo que sucedió con HB para demostrarlo.

Aquel fue un verdadero ejemplo de los efectos derivados de una “articulación hegemónica”. La paulatina dilución de los partidos (ESB y ANV) que aceptaron ser relegados a la marginalidad y las incorporaciones individuales de “independientes” contribuyeron precisamente a reforzar el dominio del aparato del MLNV y acabaron con toda huella de diversidad interna. Una lección histórica que convendría no olvidar.


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