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Vidas islandesas

El viaje a islandia para entrevistar al padre del futbolista Eiður Guðjohnsen desencadena unas situaciones que más que de fútbol hablarán de vivir

Un reportaje de Jurdan Arretxe - Miércoles, 10 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Jugadores de Islandia celebrando con los aficionados la victoria contra Austria en el europeo de 2016.

Jugadores de Islandia celebrando con los aficionados la victoria contra Austria en el europeo de 2016.

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Jugadores de Islandia celebrando con los aficionados la victoria contra Austria en el europeo de 2016.El faro de Dalatangi

Porque ir hasta ese país que en 2015 derogó la ley que permitía matar vascos es huir de esa rutina que, como Saturno, devora a sus hijos. Para rendirse después de cuidar del ganado o de las tierras durante cinco días. O veinte. Pero capitular y volver. “Todos estaban muy convencidos de que era lo que necesitaban. Incluso al principio parecía que les entusiasmaba. Pero el invierno es duro. Hay muy poca luz. Y hay muchas horas. Acaban echando de menos aquello de lo que deseaban huir”, responde la mujer a Torres. Echar en falta algo que detestamos es una forma de querer lo que creíamos que no queríamos.

El libro El faro de Dalatangi (Contra, 2017) utiliza el fútbol islandés, selección revelación del pasado europeo de Francia en 2016, como excusa para que Axel Torres -su voz predomina en el relato, con permiso del dios Thor- y Víctor Cervantes -el catalizador del viaje, que arranca con la idea de entrevistar al padre del Eiður Guðjohnsen- se asomen a los precipicios de la vida.

Lo hacen en Dalatangi y en el coche con el que le dan la vuelta a la isla mientras suena, en el vehículo y como banda sonora del propio libro, Sigur Rós. En ese recorrido, siempre pendiente de que Arnór Guðjohnsen conteste para concertar la entrevista, Torres y Cervantes se apoyan en varios de los poco más de 300.000 habitantes de las islas.

Por el libro, que dura una semana, asoman la encargada de la estación meteorológica del punto más oriental de la isla, allá donde nadie aguanta lo que cree aguantar. Aparecen los temporeros futbolísticosque van a hacer unos meses a Islandia, a vivir en mejores condiciones de lo que viven en la Segunda B o en la Tercera en España.

Aparecen esos jóvenes de entre 25 y 35 años procedentes de un país europeo cada uno que viajan en busca de su vida y, a cambio de cama, manutención y una experiencia, gestionan un bed and breakfast en verano. Cuando el día a día es más laxo pero uno, reconoce Torres, se da cuenta de que la vida tiene puntos de no retorno.

O entiende, porque así se lo hace ver Cervantes, que la “chica especial” a la que persigue es mejor dejarla pasar. Como el balón que se va de la línea de fondo. Como lo ve cualquiera desde fuera: “Si tuviera que pasar algo, ya habría pasado”. Y en ese coche en Islandia se desata una disputa que evoca los encontronazos de John Steinbeck y Robert Capa (1947. Diario de Rusia, Capitán Swing): “¡Y dale con el puto Platón! ¡Pero si Nietzsche ya demostró que no tenía razón!”.

Aparece el dentista de las islas Vestman, que como otros días acude a ver el entrenamiento del equipo local, el ÍBV, junto al doctor Schefnik. Torres y Cervantes conversan con ellos sobre el fútbol islandés, que pelea la clasificación a su primera Eurocopa. Sobre la proliferación de pabellones cubiertos. Sobre la cualificación de los entrenadores de la base. Sobre Islandia. Sobre las Vestman. Sobre su carácter. “We are the strongest of the strongest”. Los más fuertes entre los más fuertes.

Cervantes se verá con el dentista un año después en la zona mixta de la Eurocopa francesa. Durante el milagro islandés. El dentista era Heimir Hallgrímsson, mano derecha del entonces seleccionador Lars Lagerback. La Federación decidió que Hallgrímsson aprendería del cargo. Después, tras una transición ordenada, se haría con él.

Él no ha querido cambiar nada. O casi. Con su presencia en la clínica reducida a la mínima expresión, Hallgrímsson mete su coche en el ferry y regresa a casa todos los días. “Es el mejor lugar para vivir. Pero no todos lo aguantarían”. El invierno. Otra vez, el invierno.

Por el libro, que habla del fútbol islandés pero no es sobre fútbol islandés, irrumpen también unos escoceses borrachos. Encontrarse con aficionados del Celtic de Glasgow, lo mismo en Reykjavík que en Ámsterdam, aunque los de Glasgow no jueguen ni en Reykjavík ni en Ámsterdam -sino a 10 o 215 kilómetros de allí-, significa que uno ha acertado con el escenario de la noche.

Como cuando se acerca una chica, Tove, y se autopresenta. “Soy sueca. Disculpad el atrevimiento, pero he venido a visitar a mi amiga, que es islandesa, y mañana trabaja y ya quiere irse a descansar. Yo me quedo a dormir en su casa y todavía tengo más ganas de fiesta”. Acierten el final.

El faro de Dalatangi es el libro de un mundo, parte de este en el que vivimos, más árido y quizá por eso funcione a otra velocidad. En otra clave. Un mundo del que la hija de fareros pregunta: “Escucho todas las mañanas por la radio noticias de Reykjavík. Y veo por la televisión lo que ocurre en el planeta. ¿De verdad crees que quiero formar parte de ello? El mundo está profundamente loco”.

ficha

El faro de dalatangi


Título: El faro de Dalatangi.

Autores: Àxel Torres y Víctor Cervantes. Fotografía: Edu Ferrer.

Editorial: Contra.

Páginas: 235.


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