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La cruz que surgió del fuego

Los legazpiarras recordaron ayer el milagro de Mirandaola, que aconteció el 3 de mayo de 1580

Un reportaje de Asier Zaldua. Fotografía Iker Azurmendi - Lunes, 8 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:12h

Un ferrón trabajan en la ferrería, ayer.

Un ferrón trabajan en la ferrería, ayer.

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Un ferrón trabajan en la ferrería, ayer.La cruz de Mirandola salió en procesión con un relicario nuevo realizado por Luis Mari Burguera.Ezpata-dantza en honor a los ferrones.Alumnos de Domingo Agirre representan el milagro.
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Los vecinos de Legazpi celebraron ayer el día de Mirandaola. Pusieron en marcha la ferrería y celebraron una romería, en recuerdo del suceso acontecido el 3 de mayo de 1580. Aquel día los ferrones fueron a trabajar, a pesar de que era festivo, y solo consiguieron sacar una pequeña pieza con forma de cruz. Es el conocido como milagro de Mirandaola.

Cuenta la leyenda que los ferrones se acercaron a Mirandaola al salir de misa y trabajaron duro durante el resto del día. A pesar de que utilizaron grandes cantidades de mineral, consiguieron muy poco hierro: una pequeña pieza con forma de cruz.

Aquel suceso causó una gran conmoción en el pueblo, pero no se atrevieron a acudir a las autoridades eclesiásticas hasta que fallecieron todos los protagonistas. No en vano, en aquella época la Inquisición estaba en pleno apogeo y nadie sabía a ciencia cierta qué podía dar pie a que a uno le acusaran de brujería.

Una vez fallecieron todos los ferrones, en 1633, aprovecharon la visita del obispo navarro Pedro Fernández Zorrilla a Urretxu para informarle de lo que había sucedido 50 años antes. La iglesia le otorgó verosimilitud al suceso y lo reconoció como milagro.

relicario nuevoAquella tosca cruz de hierro se guarda en la parroquia y ayer, como todos los años, la llevaron a Mirandaola en procesión. La cruz estrenó relicario: lo ha realizado el artista local Luis Mari Burguera. Este nuevo relicario permitirá que los vecinos y visitantes puedan contemplar mejor la cruz.

Los grandes protagonistas de la jornada de ayer, junto con la cruz, fueron los ferrones. Tras la misa, se les hizo el tradicional recibimiento y los dan-tzaris les bailaron ezpata dantza. Después, al igual que en 1580, pusieron en marcha la ferrería.

La ferrería de Mirandaola es la mayor atracción turística de Legazpi y fue reconstruida por el empresario Patricio Etxeberria. El sonido del martillo y la visión de las chispas convierten la visita en todo un espectáculo. Ayer fueron cinco las personas que emularon a los ferrones que en 1580 se quedaron de piedra al ver la pequeña cruz de hierro: Rafa y Harkaitz Vizuete, Félix Tejedor, Joseba Bikuña y Kepa Mendikute. Los cuatro primeros ejercen de ferrones en las visitas que se organizan todos los fines de semana y el quinto actuó como refuerzo.

Para un legazpiarra, es un honor trabajar en Mirandaola. Rafa Vizuete da fe de ello. “Yo soy ferrón desde 2009. Trabajamos por parejas, cada una un fin de semana. Yo lo hago con mi hijo. El día de Mirandaola es muy bonito porque recibimos el reconocimiento del pueblo, pero el resto de los días también disfrutamos mucho. Aquí siempre viene gente nueva: catalanes, madrileños, franceses... Solemos estar muy a gusto con ellos, explicándoles la historia de las ferrerías y el funcionamiento y contándoles la historia del milagro”.

Trabajar en Mirandaola, además de un honor, es una responsabilidad. “Esto no es ningún chollo. Aquí venimos a trabajar y tiene su peligro. Para poder forjar hay que alcanzar los 1.200 grados de temperatura, el martillo es un poco caprichoso... Pero hay que mantener viva la tradición”.

Porque de eso trata también, precisamente, el día de Mirandaola: de mostrar la relación que ha tenido Legazpi con el hierro y homenajear a los antepasados que sudaban la gota gorda en las ferrerías. En esa labor, ayudados por un espléndido tiempo, participaron todos los vecinos: los txistularis, los dantzaris de los grupos Korosti y Sustraiak, el coro Santikutz, los niños de la ikastola Haztegi que cantaron varios bertsos, los alumnos del colegio Domingo Agirre que representaron el milagro, los alumnos de la escuela de música Doinua que tocaron la trikitixa, los trikitilaris Elustondo Anaiak, la comparsa de gigantes y cabezudos...


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