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Aroma de sidra en el barrio de Egia

Es Egia un barrio en el que hace más de medio siglo convivieron dos realidades, la rural y la industrial, que se daban cita y compartían vivencias en las sidrerías. La última, la de Faustino Eizmendi, se derribó hace 60 años pero su huella perdura ahora en forma de mural en un portal.

Un reportaje de Arantxa Lopetegi. Fotografía Javi Colmenero - Domingo, 7 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Hace 60 años se derribó la sidrería de Faustino Eizmendi, que aparece en el mural.

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Hace 60 años se derribó la sidrería de Faustino Eizmendi, que aparece en el mural.

El donostiarra barrio de Egia tiene personalidad propia, una personalidad marcada, en gran medida, por su configuración, por su complicada orografía. Esa singularidad también le viene de la mano de su historia y la de las gentes que, llegadas de más cerca o más lejos, lo han poblado y que hacían que, incluso en los tiempos en los que la ciudad vivía de espaldas a este barrio, en él la actividad fuera incesante y se buscaran espacios para la diversión y el ocio.

Kike Otaegi nació en Egia y en la actualidad anda inmerso en la recopilación de historias que le llegan a través de los archivos y de los testimonios de las personas que las vivieron aunque su trabajo, de momento, se para en la década los 60.

Y precisamente este año se cumplen 60 años desde que desapareciera del barrio la sidrería de Faustino, en la calle Egia esquina con la que hoy es calle Virgen del Carmen, que durante mucho tiempo no tuvo ni nombre. Era esta una vía en la que la Guardia Municipal no quería entrar y que siguió por un tiempo siendo terreno bajo el control de los “guardamontes”.

En 1957 se derribó el edificio de la sidrería aunque en el sótano del inmueble que allí se levantó se siguió elaborando y vendiendo sidra hasta hace algo más de 40 años, con Faustino Eizmendi bajando a Donostia a repartirla por los bares de la Parte Vieja, donde era muy estimada.

Hablando de efemérides, hace medio siglo, en 1966, abrió sus puertas la ferretería que lleva el apellido de la familia dueña de la sidrería, Eizmendi, una actividad que convivió con la de la fabricación y venta de sidra unos años hasta que finalmente aquella casa de comidas cerró sus puertas definitivamente, llevándose el tolare y las barrikas a otra sidrería histórica, Petritegi, donde han permanecido hasta hace aproximadamente diez años.

Hasta hace cuatro décadas en el sótano de lo que fue la sidrería de la calle Egia se siguió produciendo para los bares de la Parte Vieja

De todo esto habla con ilusión la nieta de Faustino, Miren, que con su hermano regenta hoy en día la ferretería que, como lo fue entonces la sidrería de su aitona, es punto de encuentro de los vecinos del barrio y de gentes que llegan de otros puntos de la ciudad. Miren Eizmendi cuenta con cariño que su familia por parte de amona echó raíces en Egia en el caserío Latxaga, junto al puente de Jai Alai, un edificio que sigue en pie reconvertido en viviendas. Una hija de aquellos Zubillaga Lizaso que llegaron a este caserío se casó con un Eizmendi de Asteasu y montaron un colmado de la época, en el que se podía encontrar de todo. Allí, algo más arriba de la posterior, nació la sidrería inicial, donde las comidas -grandes cazuelas de carne y pescado- se hicieron famosas.

Por allí y por la sagardotegi que abrieron posteriormente y que desapareció en 1957 pasaron todos y de todo, entre otros motivos porque allí se ubicó durante años el único teléfono de Egia y se repartió la leche para los niños en tiempos de guerra.

Las manzanas con las que se elaboraba la sidra llegaban, principalmente, de la zona de Aia y Asteasu, aunque no en pocas ocasiones Faustino las tuvo que buscar en Navarra o en Normandía. No podía fallar.

En las décadas de los 40 y 50 en Egia tuvieron acomodo varias sidrerías: la de Faustino, la sidrería Latxaga, y también la de Etxabe, en la calle Egia número 30. ¿Por qué tanta sidrería en Egia? Otaegi da dos claves, la mezcla de los componentes rural e industrial que convivían en el barrio y otro hecho: que la sidra era más barata que el vino.

REIVINDICACIÓNEgia fue un barrio reivindicativo donde ya en 1936 se recogieron 900 firmas para pedir al Ayuntamiento “retretes públicos, casa de baños, saneamiento y agua”, entre otros servicios de primera necesidad.

Allí, donde la mayoría de calles no tuvieron nombre hasta la década de los 50, los niños jugaban libres en “las tierras falsas” de donde se sacaba la arcilla para la tejería que funcionaba en la zona y los mayores se reunían alrededor de un vaso de sidra. Hasta el comercio de Miren todavía se acercan personas que guardan entre sus más gratos recuerdos aquellos tragos de “sidra dulce” que se elaboraba en septiembre en la casa de Faustino.

Para preservar esos recuerdos, una vecina del inmueble que se levanta donde se ubicó la sidrería y cuya madre trabajó en la misma, propuso cuando se reformó el portal que una huella de aquella historia quedara como legado. Por eso, a quien entre en el número 13 de la calle Egia le recibirá un mural realizado con la foto de un establecimiento que fue el club social del barrio.


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