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Bruselas se prepara para una victoria de Macron

La capital comunitaria, en un ambiente de euforia contenida, espera capitalizar como suyo propio el triunfo del candidato francés más pro-europeísta y cuyo mensaje gusta en Berlín

Mirentxu Arroqui - Domingo, 7 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Banderas de la Unión Europea en la sede de Bruselas.

Banderas de la Unión Europea en la sede de Bruselas. (EFE)

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Banderas de la Unión Europea en la sede de Bruselas.

BRUSELAS. Hoy domingo se ven las caras en las elecciones presidenciales francesas dos modelos antagónicos de entender el proyecto de integración europeo. En la capital comunitaria se respira euforia contenida y las botellas de champagne para celebrar la eventual victoria de Emmanuel Macron están ya enfriándose en la nevera. Pero oficialmente nadie se atreve a lanzar las campana al vuelo, a pesar de que los líderes comunitarios han roto esta vez esa norma no escrita por la que Bruselas no debe ni puede interferir en los procesos electorales nacionales. Al menos, no con luz y taquígrafos. A pesar de esto, las transgresiones de las instituciones europeas siempre acaban reconduciéndose con ese aroma tan típicamente comunitario y los líderes europeos en los últimos días han dejado de pronunciarse a favor del candidato centrista -después de haberle mandado ánimos tras su victoria en la primera vuelta- ante el temor que activar el voto eurófobo, con un apoyo excesivamente apasionado.

El modelo presidencialista francés y los candidatos que han pasado a segunda ronda favorecen a Bruselas. Es un todo o nada. Si Emmanuel Macron logra proclamarse nuevo presidente de la República Francesa con una holgada mayoría, la victoria no será sólo suya sino también la del proyecto de integración europeo. Ansioso de colgarse una medalla incontestable que le permita coger oxígeno de cara a una ambiciosa refundación de su modelo o -al menos- al restablecimiento de una eje franco-alemán que vaya en la misma dirección.

Macron es el candidato más claramente proeuropeísta de todos los que han concurrido en estas elecciones y Marine Le Pen la más antieuropea. Esta dicotomía favorece el relato que hoy empieza a elaborar Bruselas. Macron se ha distinguido por su capacidad para tejer relaciones con los principales líderes europeos cuyo aliado natural era François Fillon, del Partido Popular Europeo. Su gran baza es su discurso proeuropeo sin complejos, sus mítines han estado inundados de banderas comunitarias y ha fichado en su equipo a asesores especializados en asuntos europeos. Además, Macron ha estado en el momento y lugar adecuados.

Cuando se daba por supuesto que Fillon sería en nuevo presidente de la República Francesa, los escándalos de corrupción dañaron mucho su candidatura y el aspirante centrista supo convertirse en el favorito de Bruselas mientras arañaba votos en los sondeos. Gracias también a que las simpatías de Fillon por Putin le hacían un candidato algo más peligroso a ojos de las cancillerías europeas.

Hasta sus más acérrimos enemigos reconocen a Macron sus méritos como relaciones públicas, que le han permitido construir un partido político fuertemente personalista, nacido prácticamente de la nada y en un tiempo récord. Su capacidad para vaticinar las luchas intestinas en el partido socialista francés que han acabo propiciando en descalabro de Benoit Hamon, también le han permitido saber cómo calibrar un mensaje que empieza a gustar en Berlín, recibiendo incluso los piropos de un hueso tan duro de roer como el todopoderoso ministro de Finanzas alemán, Wolfgang Schaüble. Macron es el candidato que ha defendido con mayor contundencia la necesidad de respetar los compromisos de déficit público y de emprender las reformas que Bruselas y Berlín llevan reclamando a París desde hace lustros. A cambio, una vez ganado el respeto alemán, Macron abre la puerta a poner en marcha mayores mecanismos de integración económica europea y a fortalecer el denominado pilar social europeo. Iniciativas que Ángela Merkel ha estado vetando en estos últimos años pero que podrían contar con su aprobación, si París hace los deberes. Un equilibro que Francois Hollande ha sido incapaz de conseguir en estos últimos años de tempestuosa cohabitación franco-alemana. El nuevo presidente de la República Francesa coge el testigo de un motor franco-alemán a ralentí, enfrentados en casi todo menos en la necesidad de dar pasos hacía una política de Defensa Común.

hacia un tiempo nuevo Pero no todo resulta idílico. A pesar del previsible tono triunfalista de los próximos días en Europa algo se ha roto. Aunque las encuestas vaticinan una holgada mayoría para Macron del 60% que ha ido aumentando tras el debate televisivo, el resultado quedará lejos del récord registrado por Jacques Chirac en 2002 cuando se impuso al padre de Marine Le Pen por más del 80% de los sufragios. La República francesa ya no camina en la misma dirección y el voto de la Francia insumisa de Jean-Luc Mélenchon -abiertamente también euroescéptica- seguirá presente vaya o no a las urnas. Estas elecciones tan sólo son un alto en el camino que permiten ganar fuerzas de cara a un tiempo nuevo en la historia del proceso de integración europeo. Con esta victoria, Bruselas gana una batalla. La guerra continúa.


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