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Vivos aunque les muevan la silla

un punto la real logra un empate que deberá hacer bueno en las dos últimas jornadas tras reponerse a otro escándalo de gonzález gonzález

Mikel Recalde - Sábado, 6 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Los jugadores realistas acuden a abrazar a Vela tras anotar el gol que sirvió para empatar en el dificl campo del Sevilla

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Los jugadores realistas acuden a abrazar a Vela tras anotar el gol que sirvió para empatar en el dificl campo del Sevilla

Resumen en números del partido. La Real cometió diez faltas y vio cinco amarillas y una roja. El Sevilla 20, y solo cuatro tarjetas. Algunas de los locales con peligro de lesión. La de Canales también. Una de Lenglet que era color naranja, al tratarse del último hombre fuera del área y sin opción de jugar el balón. Posible juego peligroso de Ben Yedder en la acción del gol de Sarabia. Y Zurutuza, expulsado por una acción en la que roza mínimamente a Vitolo, quien, a falta de argumentos futbolísticos por salir de una lesión, vio claro el percal y se pasó el partido fingiendo en busca de más favores. ¿Quién podría dejar un rastro tan parcial e injusto en una final por dilucidar los puestos europeos a falta de tres jornadas para el final? Estaba claro, no piensen más, el señor González González. Tras perdonar la enésima amarilla al Mudo Vázquez después de una patada flagrante y cobarde al tobillo de Xabi Prieto, sacó pecho, porque él es así ante los realistas: “Pito yo”. Sí, señor agente, eso siempre ha sido un problema difícil de solventar para la Real, que arbitra usted.

El conjunto txuri-urdin rescató un punto que, viendo que no le dejaban hacer más, hay que darlo por bueno. Sí, había que ganar porque estaba en la cola del furgón de candidatos a la Europa League, que avanza a endiablada velocidad en este tramo final del campeonato. Es cierto que Vela dispuso de otras dos opciones clarísimas para poner el 1-2 después de igualar el choque y que, cuando nos habíamos convencido de que se podía, le movieron la silla y no le dejaron intentarlo, pero también lo es que en la primera parte el Sevilla fue superior y pudo dejar el duelo casi sentenciado.

El mejor realista sobre el campo, aparte del lateral derecho con el que hay que empezar a dosificar los piropos para no hacer ruido, fue Rulli. Y los errores en la salida de balón, en una incomprensible y evitable recaída de lo que sucedió en San Mamés ante un adversario que basa su juego en no dejar jugar y forzar el fallo, pudieron acabar con una derrota que habría puesto casi imposible el acceso directo a Europa.

penosa actuación arbitralLa Real empezó con el once de gala previsto, salvo la ausencia ya conocida de Willian, que se quedó en casa. Los realistas salieron valientes, convencidos y decididos. Conscientes de lo que estaba en juego y de que, como fuesen capaces de sumar los tres puntos, iban a dar un paso casi definitivo en su frenética carrera para recuperar la quinta o la sexta plaza. A los dos minutos, un chisposo Vela recuperó un balón y fue derribado sin posibilidad de recuperarlo por Lenglet. Ahí apareció por primera vez el ínclito González González, el árbitro con mayor número de decisiones en contra de un equipo en situaciones dudosas. Cada vez que la Real disputa un partido clave, ahí aparece su esbelta figura por la designación del comité arbitral, que se pasa por el pito del sereno su escandaloso bagaje cada vez que coinciden. Como no podía ser de otra manera, el último hombre que sin opción de llegar a la pelota fuera del área y derribó al realista solo vio la amarilla. Illarra sirvió el libre directo y el cabezazo de Navas lo detuvo Rico. Poco después, Zurutuza buscó la escuadra sin puntería;y Oyarzabal, en una situación idónea y con espacio gracias a la subida de Odriozola, no encontró portería.

Con un posterior disparo de Yuri en una acción aislada finalizó el repertotio ofensivo txuri-urdin en la primera parte, que no volvió a asomar la cabeza por los aledaños de Rico. El Sevilla se asentó en el campo, comenzó a ejercer una presión agobiante, con emparejamientos hombre con hombre al más puro estilo Bielsa, para forzar el error y hacer sangre tras las recuperaciones. Si no lo conseguían, todas las veces, faltas, fuertes o leves, para parar el juego y volver a colocarse. Siempre con la complicidad de una permisividad arbitral penosa. La Real trataba de hacer lo mismo sin tanto físico ni contundencia cuando los hispalenses iniciaban su juego, pero, en cambio, con la pelota volvió a las andadas y arriesgaba demasiado, lo que se traducía en despistes letales y garrafales. Así fueron Ben Yedder, Escudero y Sarabia los que más cerca estuvieron de inaugurar el marcador, pero se toparon con un gigante Rulli, que se vio obligado a intervenir más que nunca con las manos y con los pies. Aunque también cometió fallos, sobre todo por alto y en algún mal despeje, transmitió mucha seguridad y acreditó que si está a ese nivel es un meta capaz de dar puntos.

Lástima que a tres minutos del descanso llegó el tanto del Sevilla tras un error en cadena de la zaga blanquiazul. Navas, agobiado ya, decidió darle un voléon que se le quedó corto, y luego, además, perdió el salto. Ben Yedder se adelantó a Iñigo y, ante una floja oposición de Yuri, cedió a Sarabia para que superara la salida de Rulli con un toque sutil. Un tanto muy bonito sí, pero que debió ser anulado por juego peligroso porque el francés levantó demasiado la pierna ante la entrada de Iñigo. Suma y sigue. ¿Gol en contra de la Real? ¿Anularlo? Si solo le falta celebrarlo como aquel trencilla inglés que festejaba las dianas del Tottenham cuando le arbitraba porque era su equipo.

En la reanudación la cosa siguió con la misma mala pinta. Vitolo estuvo cerca de sentenciar con un disparo que se le escapó alto. Pero cuando peor color tenía todo, Eusebio sacó a Canales y en su primera intervención cambió el encuentro por completo. El cántabro, que se encuentra en un gran estado de forma, recorrió en horizontal todo el campo con el balón, se apoyó en Juanmi y su buen centro provocó la pifia de Lenglet y N’Zonzi, que, tan listo como siempre, aprovechó Vela para igualar la contienda.

¡La diana varió el rumbo del duelo por completo! La Real se sintió fuerte para intentar ganar y dos internadas supersónicas de Odriozola, el defensa que más peligro produce de la Liga, generaron dos oportunidades nítidas para Vela. En la primera se equivocó al recortar hacia su pierna mala y en la segunda no atinó con la testa, que tampoco es su punto fuerte. El Sevilla trató de rehacerse y Sarabia y Escudero pudieron anotar. Era un choque de tú a tú, un cara y cruz, algo que no convenció al árbitro, que expulsó a Zurutuza con una segunda amarilla digna de ser estudiada por Anticorrupción. Por cierto, la sexta realista del año, solo superada por el Málaga, cuando es un equipo que no da una patada fea ni sin querer.

Sin posibilidad de ganar, la Real al menos aguantó y empató. A nadie se le escapa que el no vencer merma sus aspiraciones de ser quinto o sexto. Pero ayer quedó demostrado que no le iban a dejar llevarse los tres puntos, así que el 1-1 hay que valorarlo y hacerlo bueno ante Málaga y Celta. Eso por un lado. Por otro, Aperribay ya puede remover Roma con Santiago para no ver más a un trencilla que siempre le amarga la vida a la Real. No es casualidad.


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