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El beaterio

El paso lo marca siempre el entrenador

Por Iñaki de Mujika - Sábado, 6 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Vitolo y Zurutuza, en un lance del encuentro de ayer en Sevilla.

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Vitolo y Zurutuza, en un lance del encuentro de ayer en Sevilla.El beaterio - IDM

la Real Sociedad ha decidido prescindir del entrenador de su equipo femenino. Ignoro las razones que determinaron su contratación, del mismo modo que cuesta entender su no continuidad. En la primera de las dos temporadas para las que fue contratado, el equipo consiguió la mejor clasificación de la historia. En la segunda, la actual, está a punto de concluir entre los ocho primeros que permiten participar en la disputa de la Copa de la Reina. Y el paso de este equipo, guste o no, lo ha marcado el entrenador.

En medio, demasiados avatares competitivos en forma de lesiones. Notables y significativas ausencias por la marcha de jugadoras internacionales a competir con la selección española de la categoría sin que, incomprensiblemente, el campeonato se detuviera. Luego, mal endémico de la casa, están las formas. A Igor San Miguel le comunicaron la decisión minutos después de que el equipo golease al Tacuense (8-1). En medio de la euforia por semejante resultado, un zasca en toda regla.

En el siguiente entrenamiento reunió a las jugadoras en mitad del césped les confirmó la noticia de su salida. La mayoría de ellas le aplaudieron. Le conozco desde hace muchos años. Hemos trabajado juntos y compartido objetivos. Le duelen muchos desencuentros inesperados, muchas cosas del camino y será él quien las cuente si lo estima oportuno.

No andamos finos en estas cuestiones que se relacionan con el fichaje de técnicos. He comentado muchas veces que se me escapan los motivos que llevan a un club a contratar un entrenador. No soy capaz de entenderlas. Quizás Ángel Cappa tenga razón al afirmar en una entrevista que leí ayer que “los entrenadores tienen esperanzas, alegrías, dudas… los directivos solo tienen miedo”. Cuando la Real fichó a Moyes puse el grito en el cielo, porque era incomprensible su venida. Cada día que pasa reafirma que ese técnico no era para nosotros. Su última andadura en tierras inglesas muestra la cruda realidad. Después eligieron a Eusebio.

Cuando Emery decidió marcharse de Sevilla, Monchi se encargó de buscarle sustituto. Manejó muchos nombres y se decidió por Sampaoli. Pocos meses después, el director deportivo, que era su valedor, ya no vive allí y al entrenador le quedan, a lo visto, pocos telediarios con acento andaluz. Después de tres temporadas ganando un título europeo, en esta se quedan con las ganas, dando palmas y correteando por el área técnica. Poco bagaje para el plantillón con el que cuentan y nueva decepción tras el reparto de puntos de anoche.

Ciertamente, ese equipo, que lució buenas galas en el camino, nos dio un repaso de tomo y lomo en el partido de ida, donde fue más y mejor. Nos enchufó cuatro caracoles y nos dejó con las vergüenzas al aire. Aquel conjunto jugaba muy bien al fútbol, contaba con jugadores resolutivos y enganchaba a propios y extraños. Hoy ofrece diferentes sensaciones que no han ido a más sino a menos. La fervorosa grada muestra el desencanto, aunque siga creyendo que el milagro existe y que la Champions por vía directa se encuentra en el horizonte.

Parte de esa distancia dependía del encuentro de anoche contra la Real. Sampaoli habló de dramatismo y Eusebio, menos vehemente, de importancia, madurez y serenidad. En el primer tiempo fuimos de más a menos, del mismo modo que los hispalenses se apuntaban al bombardeo y creaban dudas en la zaga realista y ocasiones de las que solo fueron capaces de concretar una cerca del descanso. A lo mejor, si no hubieran fallado tanto ante Rulli a esta hora hablábamos de otra cosa, pero el fútbol son goles y la Real consiguió el empate.

Fue en la segunda mitad. En una acción de poca fortuna para los sevillanos, el balón cayó del lado de Carlos Vela y el mexicano no falló. Luego dispuso de otras dos oportunidades para sentenciar. En el transcurso de un partido se mezclan muchas cosas, algunas poco controlables. Que te expulsen un futbolista, que se te lesionen otros, que te obliguen a hacer cambios diferentes a los previstos, que el cansancio haga mella... esas cosas determinan muchas veces el paso.

Eusebio decidió dar entrada a Canales y el cántabro se convirtió en una aparición mariana para el juego y para el equipo. Los mejores pases, la circulación del balón y las salidas desde atrás abrieron el abanico de posibilidades de éxito más grande. La segunda amarilla a Zurutuza, a falta de un cuarto de hora para el final, conllevaba apretarse los machos y defender el punto hasta la conclusión, apurillos, sí, pero sin sobresaltos.

El equipo no se quedó a disfrutar de la feria de abril. Ni pisó tablao, ni se bebió el rebujito de turno. Tampoco tocó palmas, porque no les quedaba ni un puntito de resuello. Son tantos los esfuerzos que estamos para manzanilla y ciruelas claudias. Quedan dos partidos exigentes para el final. Seis puntos y una ilusión para terminar la temporada con buen son. El paso lo marca siempre el entrenador. Entenderéis que no gaste un minuto de mi tiempo en referirme al árbitro. La buena noticia es que esta temporada no nos vuelve a pitar.


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