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“Era una chica que tuvo que buscarse la vida desde joven”

El asesinato de Rakel López Airas y su hijo Markel ha causado conmoción en el barrio eibarrés de San Kristobal, donde aún residen su madre y una hermana. Los vecinos la recuerdan jugando de niña y durante sus visitas “en Navidad y verano”.

Reportaje y Fotografía de Jabi Leon - Jueves, 4 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:11h

Bloques de viviendas situados en lo que se conoce como La Plazoleta de San Kristobal, donde vivió Rakel López durante su infancia.

Bloques de viviendas situados en lo que se conoce como La Plazoleta de San Kristobal, donde vivió Rakel López durante su infancia.

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Bloques de viviendas situados en lo que se conoce como La Plazoleta de San Kristobal, donde vivió Rakel López durante su infancia.

la noticia del asesinato de la eibarresa Rakel López Airas y de su hijo Markel en la localidad madrileña de Alcobendas y a manos del compañero sentimental de la madre, Markel Malik, causó ayer una enorme conmoción en la ciudad armera. Especialmente en el barrio de San Kristobal, donde la víctima tuvo el domicilio familiar durante su infancia y adolescencia.

El doble asesinato machista que la mañana del pasado martes acabó con la vida de Rakel y uno de sus hijos estuvo durante toda la jornada presente en buena parte de las conversaciones de los eibartarras, que apenas podían dar crédito a lo sucedido.

En las calles de San Kristobal los vecinos formaban pequeños corrillos y charlaban sobre el crimen cometido por la persona de origen magrebí con la que las víctimas llevaban conviviendo los últimos doce años;los mismos que tenía el menor asesinado (su madre tenía 45).

Muchos afirmaban conocer a la madre de Rakel y a una de sus hermanas, Leticia, “porque, aunque en pisos diferentes, siguen viviendo en el barrio”. Aún así, reconocían no acordarse de la víctima.

Lo explicaba un cliente del bar Xania: “Rakel apenas tendría 18 o 20 años cuando se fue con su familia a vivir a Alicante”. Por eso, añade, “mucha gente le había perdido la pista”. Y es que “al regresar de Alicante estuvo viviendo en Bilbao y en otros sitios, antes de recalar definitivamente en Madrid”. A su entender, “Rakel era una chica que desde muy joven tuvo que aprender a buscarse la vida para salir adelante”.

Como se puede deducir, este vecino de San Kristobal sí la conocía y la recuerda “jugando en el barrio cuando era una niña”. También de coincidir con ella durante las visitas que hacía a su familia de Eibar acompañada por sus hijos.

Según sus palabras, “solían venir en verano y durante las navidades, que suelen celebrar todos juntos comiendo o cenando en la sociedad”.

La conversación transcurre en el exterior del bar, situado a apenas medio centenar de metros del estadio de Ipurua, cuando llega al lugar otra vecina del barrio.

Es la hermana del anterior interlocutor. No tiene ganas ni de dar su nombre ni de hacer declaraciones pero se muestra muy afectada por el doble crimen y acaba pronunciando unas pocas palabras.

Explica que “de niñas jugamos mucho juntas” y reconoce que “esto que ha pasado ha sido un palo muy duro y difícil de asimilar”.

Para ella, Rakel era “una chica normal, una luchadora que siempre trabajó como una burra en el sector de la hostelería para sacar adelante su vida y la de los hijos que había tenido con el hombre que la ha matado y en otra relación anterior”.

sin suerte Durante su infancia, adolescencia y primeros años de juventud, Rakel López Airas vivió junto a sus padres y sus hermanas en el domicilio que la familia tenía en un edificio situado junto a lo que se conoce como La Plazoleta de San Kristobal;un pequeño espacio que se convierte en el lugar de encuentro de los vecinos durante las fiestas anuales del barrio.

Sin embargo, la familia se tuvo que trasladar a Alicante, donde las cosas “no les fueron del todo bien”.

Lo cuenta una vecina mientras riega unas plantas junto a un portal próximo a la citada plazoleta: “Los padres se separaron y la madre regresó a Eibar”, señala.

Volvió a instalarse en San Kristobal, “pero en otra casa”, puntualiza esta mujer, ya jubilada, que recuerda a Rakel “de cuando era una niña”. Después, sentencia, “le perdí la pista”.

En cualquier caso, ayer en San Kristobal se entremezclaban varios sentimientos: rabia, dolor, tristeza e impotencia. Pero también solidaridad con la familia de Rakel;una mujer que, según coincidieron al indicar varios vecinos que la conocían, “no ha tenido suerte en la vida”.

Sea como fuere, todos reclamaban “que se haga justicia y que el asesino pague por lo que ha hecho”;al mismo tiempo que mostraban su deseo de “que no se produzcan más muertes como las de Rakel y Markel”.

Un mensaje similar lanzaba Nerea del Campo Aguirre, la fundadora e integrante de Mujeres al Cuadrado;la asociación que desde el año 2010 trabaja en Eibar para atender, orientar y acompañar a las mujeres maltratadas y víctimas de violencia de género.

Nerea “no conocía personalmente a Rakel” pero no tenía inconveniente en asegurar que “este doble asesinato machista nos ha dejado tocados a todas y todos los eibarreses”.

Además, aprovechó para lanzar un mensaje “a todas las mujeres que sufren algún tipo de maltrato en el ámbito doméstico”. Habla “por experiencia propia” e insiste en que “de los malos tratos se puede salir y yo soy el mejor ejemplo”.

Según sus palabras, “todas las mujeres tenemos derecho a vivir una vida libre, digna y feliz. Y eso lo tienen que tener bien claro las que padecen malos tratos”.

Ganadora del premio a los valores sociales de Debabarrena de 2016, Nerea del Campo anima a las víctimas de violencia machista “a denunciar su situación” y recuerda que “las instituciones les pueden ayudar”.


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