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Abel Barriola Zaguero de Aspe

“Pienso seguir en un frontón hasta el último día”

Abel Barriola (Leitza, 1978) cierra el domingo en el Atano III su carrera en la pelota a mano profesional después de 19 años en la brecha.Deja un hueco en la historia

Una entrevista de Igor G. Vico Fotografía Iñaki Porto - Miércoles, 3 de Mayo de 2017 - Actualizado a las 06:10h

Abel Barriola

(Foto: Iñaki Porto)

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Abel Barriola

donostia – “Ahora que voy a dejar la pelota, se me acumulan en la cabeza otros planes, entre ellos, la bicicleta o la pala. Tengo planes para los próximos meses y ganas de hacer cosas”, dice lacónico Abel Barriola. El Labrit de Pamplona se despliega ante su mirada, mientras repasa las costuras de una historia escrita en 19 febreros en la mano profesional. Tomó la decisión de decir agur a finales de 2016 y llega la hora. El mundo de la pelota se quitará el sombrero ante un tipo íntegro, caballero y con su nombre escrito en la enciclopedia por ser uno de los más completos de la historia con una Triple Corona (Manomanista, Parejas y Cuatro y Medio) conseguida a fuerza de trabajo, el leitmotiv del navarro.

¿Cómo se están desarrollando las últimas semanas antes de que llegue el día de su despedida definitiva de la pelota a mano profesional del domingo en el Atano III de Donostia, con todo el papel ya vendido?

–Se me juntan un montón de emociones. Lo primero que quieres es estar concentrado, porque lo que buscas es jugar bien. Ese es mi objetivo. Lo segundo, tienes momentos en los que te emocionas muchísimo. Dejar la pelota me da muchísima pena porque es algo que he hecho desde pequeño. Tomar la decisión no fue nada fácil. Por otro lado, estoy contento, porque he podido vivir de lo que me gusta durante muchos años. He hecho una carrera que, si me preguntaran a los 15 o 16 años, no hubiera imaginado. No imaginaba ni que pudiera estar con los mejores profesionales ni tantos años ni jugando con ellos. Por todo ello siento un cúmulo de sensaciones: a veces pena, a veces alegría, a veces ganas de llorar, de todo… Es lo normal.

Una de las cuestiones a destacar es que ha sido usted el que ha elegido el momento, ¿no?

–Sí. El momento del debut no está en tus manos, aunque sí que puedes hacer todo lo posible por debutar y tratar de cumplir tu sueño, pero es una cosa que no manejas. Por suerte, para el día de mi retirada la decisión la he tomado yo. Ha estado en mis manos. Es algo bonito porque es peor que te tengas que retirar por una lesión o porque la decisión la toman otros. Siempre he pensado que es mejor dejar tú la pelota a que la pelota te deje a ti. Esta decisión es difícil de tomar, pero creo que es la correcta y acertada. Así lo siento. Ha dependido al 100% de mí.

Debutó en febrero de 1998 y ha pasado ya 19 cursos en profesionales. ¿Qué es lo que más echará de menos?

–Muchas cosas. El levantarte por la mañana, coger la bolsa y entrenar, por ejemplo. Una cosa que añoraré será a los compañeros, los pelotaris. Echaré de menos también que de vez en cuando me llamen para las entrevistas (risas). Me llevo grandes recuerdos de este mundillo y todo eso lo echaré en falta. También, por supuesto, todo lo que conlleva el deporte: ponerte metas, el sacrificio que supone estar lo más arriba posible, la disciplina… Todo eso lo seguiré aplicando, pero en otros aspectos de la vida. Echaré de menos a toda esa gente que ha estado alrededor de la pelota. Eso, seguro.

¿Cuál ha sido la gasolina que ha alimentado su motor durante todos estos años? ¿La ilusión, el amor al deporte, la ambición…?

–Un poco de cada cosa. Sobre todo, la ilusión. Está claro que la pelota a mano ha sido mi pasión desde pequeño. La pasión y la ilusión van de la mano. Todo ello hace que superes dificultades y en los momentos buenos disfrutes y tires para adelante. En ese camino te pones metas y tratas de cumplirlas. El mero hecho de la sensación del trabajo bien hecho es un sentimiento que no se puede explicar. Todo ello me lo ha dado el deporte, la pelota, y es el motor que te lleva a estar muchos años en la brecha.

¿Es el momento de echar la vista hacia atrás y ver que su nombre se encuentra en la historia?

–No cabe duda de que es algo bonito. Desde pequeño siempre he hecho vida en el frontón y es algo natural que he hecho con los amigos. Cuando llega la adolescencia, uno tiene la ilusión de debutar en profesionales. Si me hubieran preguntado entonces, mi sueño era llegar arriba, pero nunca pensé en que podía conseguir los tres títulos ni nada por el estilo. En cuanto al ego, me siento satisfecho y un privilegiado. Está claro que las txapelas te hacen pasar a la historia y es bonito porque detrás de cada una hay mucho trabajo, pero, a decir verdad, después de toda esta carrera, las txapelas son preciosas, pero hay cosas, como haber salido de situaciones difíciles y lesiones y volver a sentirme pelotari, que suponen una sensación inigualable, unido a todo lo que te enseña una lesión. También es más importante el cariño de la gente. Son sensaciones que no se pueden explicar con palabras. Me he sentido rodeado de magníficas personas y son recuerdos que nunca olvidaré, como las txapelas.

Ha tocado el tema de las lesiones…

–He tenido bastantes, pero graves han sido dos. Al principio de mi carrera estuve parado por la mano, que la tuve mal, pero después me tuve que operar en 2005. Me costó recuperarme. Me vestí de blanco y la mano se me ponía como una bota. Ese verano fue complicado porque veíamos que no le daba la vuelta. Me reuní con la empresa a finales de julio y nos pusimos de plazo hasta finales de agosto o principios de septiembre para ver si mejoraba. Si no evolucionaba, tendríamos que haber tomado alguna decisión. Por suerte, conseguí darle la vuelta al cambiar todos los tacos. Antes había hecho pruebas y no había encontrado la solución, pero en ese mes acerté.

Además, pasó por el calvario de la rodilla en 2009.

–Me operé, pero se me infectó, tuve principios de asepsis y volví a pasar dos veces más por el quirófano. En ese instante ves los fantasmas de que tu carrera peligra. Fueron momentos difíciles. Tienes que tener suerte y, por otra parte, uno nunca se rinde ante lo que le apasiona. Es lo que te hace tirar hacia adelante. Por suerte, salí. Aseguro que, después de pasar por algo así, valoras más la salud y pasar bien el día a día. Eso te humaniza. Cuando lo pasa mal un compañero, lo sientes. Da pena esa situación.

¿Es algo que ha marcado su carácter y su forma de trabajar todos estos años?

–Sí. Está claro. Todo te enseña. Para mí, la escuela de la vida ha sido la pelota. Si estoy aquí, es gracias a este deporte. Todo lo que he aprendido es por él. Los momentos difíciles, las derrotas, lesiones y demás te enseñan muchísimo.

Otro tema recurrente es el de las finales perdidas –jugó en su carrera diez y cayó en siete, todas seguidas desde 2002 hasta 2015, además, en 2011 la Liga de Empresas no le concedió un aplazamiento para la final delParejas, que disputaba conXala, y la jugó Beroiz en su lugar–. ¿Cómo ha sido su gestión?

–No son momentos fáciles. Detrás de una final hay mucho trabajo. Aunque haya cosas peores en la vida, es lo peor que le puede pasar a un pelotari en esas circunstancias. Forma parte del juego, pero es lo peor que te puede pasar. Son momentos complicados para uno mismo, pero detrás de un pelotari hay un equipo: gente que te apoya, todo un pueblo… Cuando pierdes, sientes que has decepcionado a tu gente. Es una situación difícil, pero hay que darle la vuelta. Tienes que pensar en que llegar a la final es difícil y un día único que se disfruta los días anteriores.

¿Qué se aprende?

–Que, a pesar de darlo todo, el rival juega y que la pelota y la vida tienen una cara y una cruz. Por mucho que lo des todo, a veces salen las cosas;y otras, no. Intentas mejorar y progresar con todo, pero hay caras y cruces.

¿Qué ha cambiado en la pelota a mano profesional durante todos estos años?

–El pelotari ha cambiado muy poco. La ilusión que veo a los chavales es la misma que tuvimos nosotros hace 19 años. Me acuerdo de que los veteranos de entonces se dedicaban en cuerpo y alma a este deporte;nosotros lo hicimos;y los que viene ahora, igual. Al pelotari le veo con la misma pasión que cuando debuté. Lo que ha cambiado ha sido el entorno. El propio material ha cambiado, ya que antes tenía más vuelo por arriba y permitía jugar de otro modo;ahora, anda más por abajo y provoca que el pelotari busque un modo de juego más efectivo. También han cambiado las protecciones, porque cuando debuté solo había un tipo de taco y ahora hay 100 clases distintas. Además, también influye el cambio de la fisioterapia. La pelota evoluciona con la sociedad.

¿El debutante de entonces era distinto al de ahora?

–Quizás éramos más callados en el vestuario y ahora son mas dicharacheros. Es algo positivo. Lo más importante es que el profesional sea respetuoso y profesional. Los que han venido son admirables, respetuosos, grandes trabajadores y saben diferenciar entre el cachondeo y el trabajo. Son muy maduros mentalmente. Nosotros a esa edad éramos maduros;pero estos, más.

¿Están más preparados?

–Bajo mi punto de vista, la preparación es prácticamente la misma. En mi generación, con 17 años ya teníamos preparadores y entrenábamos a diario como profesionales. Eso sí, generación tras generación vemos gente más hecha físicamente.

Se va acercando el día de la despedida. ¿Cómo lo está viviendo la gente que tiene a su alrededor?

–Tampoco hablamos mucho de pelota. En casa siempre hemos sido apasionados, pero tampoco hemos hablado en exceso de ello. Es verdad que ellos están viviendo con emoción estos últimos días. La gente de alrededor te ve emocionado y, siendo consciente de que son mis últimos partidos, siente pena e ilusión. Están felices porque he sido feliz haciendo lo que más me gusta. Tantos años en profesionales ha sido un regalo. He disfrutado mucho.

¿Seguirá ligado a la pelota?

–Seguiré toda mi vida. Profesionalmente, creo que no. Me gustaría estar en alguna escuela de pelota. También veré partidos de aficionados, chavales, profesionales… Me gustaría también jugar a pala. Me gusta el ambiente del frontón. Me encantan todas las modalidades. Aprovecharé para ensayar en otras especialidades y disfrutar de la mano. Es algo que se lleva dentro.

¿Uno es pelotari toda la vida?

–La pelota no es solo un juego, es algo más. Soy de Leitza y en mi pueblo la pelota es algo que une a mucha gente de distinta condición, y eso es algo muy bonito. Es un deporte precioso. El frontón es tan especial que cada pueblo de nuestra tierra tiene uno. De hecho, nuestros antepasados jugaron a esto. Tiene un punto romántico. Pienso seguir en un frontón hasta el último día.

¿Cuál es su futuro profesional?

–No lo sé. Tengo claro que tendré que ponerme a trabajar. La vida sigue y me llega otra etapa. Alguna cosilla tengo pensada, pero no hay nada concreto. No hay nada avanzado. Estoy con ilusión de afrontar nuevas cosas. Quiero aportar todo lo que he aprendido en el deporte en otros ámbitos. Son etapas en la vida. Ahora empieza otra, con dudas y miedos, pero con ilusión. Tengo ganas de aprender cosas nuevas.

El domingo se acerca.

–Mentiría si dijera que no estoy nervioso porque lo quiero hacer bien.

¿Siente responsabilidad?

–Sí. Quieres retirarte al 100% y me haría ilusión ganar. Tengo sensación de que quiero hacerlo bien. Eso hace que te pongas nervioso y sientas muchas emociones. He vivido grandes momentos. Esas emociones te invaden al final de los partidos. El saber que después de toda una vida vas a pegar tus últimos pelotazos te hace vivir una montaña rusa de emociones. Tal y como ahora estoy llorando, a los 10 minutos estoy riendo y a los 20 siento pena.


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