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“En Gipuzkoa podría haber miles de salmones, pero las presas lo impiden”

En 30 años, la población salmónida en Gipuzkoa ha pasado de ser nula a contarse por cientos
La mejora de la calidad del agua y la eliminación de obstáculos artificiales ha llevado a que estos peces lleguen a Ereñotzu o Irura

Iraitz Astarloa - Sábado, 29 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Primer ejemplar de salmón atlántico de la temporada en el Urumea, capturado este jueves en Hernani.

Primer ejemplar de salmón atlántico de la temporada en el Urumea, capturado este jueves en Hernani.

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Primer ejemplar de salmón atlántico de la temporada en el Urumea, capturado este jueves en Hernani.Pescadores y curiosos observan las aguas del río Bidasoa, donde sí está permitida la pesca.Suelta de alevines de salmón en el río Urumea.

donostia- Pesa 7,7 kilogramos y es el primer ejemplar de salmón atlántico que se ha capturado este año en aguas guipuzcoanas. Ocurrió este jueves , en la estación de control de Hernani, uno de los puntos clave para estudiar el comportamiento de estos peces en nuestros ríos, donde en las próximas semanas tendrá lugar la migración anual de la especie.

Actualmente, hay presencia de salmones en cuatro ríos: el Bidasoa, el Oiartzun, el Urumea y el Oria. Aunque no se conoce el número exacto de ejemplares que recorren nuestras aguas, se estima que son unos pocos cientos. “El récord en el Urumea es de 299, mientras que en el Oria es de 112”, explica el jefe de servicio de la dirección de Flora y Fauna Salvaje de la Diputación de Gipuzkoa, Iñigo Mendiola. Él es una de las personas que mejor conoce el comportamiento de estos animales, al igual que Aitor Lekuona, técnico del mismo departamento. Ambos llevan años estudiando a los salmónidos y reconocen que la situación es infinitamente mejor que la de hace solo tres décadas, cuando la población de esta especie en Gipuzkoa era de cero. Desde entonces, los esfuerzos por mejorar la calidad de las aguas han dado sus frutos y ahora, con unos ríos completamente saneados, la gran preocupación se centra en las presas, obstáculos artificiales que impiden a los animales desarrollarse con normalidad. “En Gipuzkoa o en Navarra podría haber miles de salmones, pero las presas impiden que el río tenga toda su potencialidad”, lamenta Mendiola.

“El mayor problema que tenemos son las presas, porque el descenso de ejemplares es progresivo -continúa explicando-. Si a la primera presa llegan todos, ya hay un porcentaje importante que no consigue superarla. En la segunda vuelve a perderse otro porcentaje importante, y así progresivamente”, añade. De esta forma, los ejemplares que llegan hasta el punto óptimo para la puesta y fecundación de las huevas es mínimo. “El año pasado, por ejemplo, de diez que marcamos en el río Oria solo dos llegaron a Irura”, completa Lekuona.

Por eso, los esfuerzos se centran en facilitar el paso de estos obstáculos artificiales, una tarea nada fácil y en la que Gipuzkoa es puntera en la península. “Se han hecho muchísimas cosas. La solución no tiene por qué ser siempre la eliminación de la presa. Se han hecho escalas -una especie de escaleras acuáticas por las que los salmones avanzan-, canales laterales en el río, rampas, y ahora en Andoain vamos a probar con una esclusa, que es algo muy novedoso”, cuenta Mendiola.

Donde más se ha actuado es en el Urumea, logrando que los salmones remonten hasta Ereñotzu, y ahora los esfuerzos se centran en el Oria y el Leitzaran. El objetivo: que en el menor tiempo posible los salmones lleguen a Tolosa “y para eso hay que quitar la presa de Anoeta”, advierten. “El área de colonización de los salmones está muy restringida río arriba por todos los obstáculos. Queremos que recuperen ese espacio porque es lo que va a marcar que puedan volver a reproducirse sin ayuda externa”, apunta Lekuona.

objetivo: repoblación naturalPrecisamente esto es lo logrado en el río Nivelle de Iparralde, donde la repoblación ya se hace de manera natural y sin ninguna injerencia externa.

En Gipuzkoa, todavía el 30% de la población salmónida proviene de aquellos ejemplares soltados por los propios técnicos de la Diputación. Cada año, se capturan en torno a quince salmones (unas doce hembras y dos o tres machos) que van a parar a la piscifactoría de Irun. Allí logran ejemplares de dos tamaños: alevines, de unos seis centímetros;y esguines, de entre 10 y 14 centímetros y que están preparados para bajar al mar.

Son los ejemplares alevines los que se sueltan de una manera controlada en los ríos. “Con tijeras, les hacemos una pequeña marca en la aleta adiposa, que no tiene función natatoria, y así sabemos si los que vuelven son ejemplares nuestros o salvajes”, explica el técnico foral.

Esos alevines pasan prácticamente un año viviendo en el río y al crecer y convertirse en esguines bajan al mar, donde desarrollan la parte fundamental de su vida. Y es que es en el océano donde estos animales crecen y se alimentan para, en un determinado momento -al cabo de uno, dos o tres años- volver al río en el que nacieron.

Es en ese instante -que ocurre en primavera, en torno al mes de mayo- donde los salmones entran en una fase crítica. “Una vez que están en el río apenas comen. Han estado en el mar alimentándose todo lo que han podido porque van a pasarse meses -hasta noviembre o diciembre- sin comer. Los salmones entran en el río gordos, pero conforme van pasando los meses van adelgazando, cogiendo enfermedades, hongos... Tienen una vida muy dura y hacen un esfuerzo vital en su reproducción”, explican estos especialistas.

Una vez puestos y fecundados los huevos, la mayoría de los salmones mueren y solo unos pocos regresan al mar.

“De hecho, mantener con vida a las hembras capturadas es uno de nuestros principales trabajos, y no es nada fácil -señala Lekuona-. Son ejemplares que llevan meses sin comer y les acercas preparados de quisquillas y chicharros con una vara pero no comen. Pero de repente un día lo prueban y poco a poco comienzan a comer y a recuperarse”. “Es algo muy importante, porque de esta forma, con un único ejemplar, en vez de conseguir 4.000 o 5.000 huevos pueden lograrse hasta 15.000, y eso es vital si tenemos en cuenta que solo uno o dos por mil de esos huevos van a sobrevivir”, completa Mendiola.

El año pasado, por ejemplo, los técnicos de la Diputación soltaron hasta 55.000 ejemplares de salmones alevines, de los que solo unos pocos cientos volverán este año a nuestros ríos.

“Tenemos que seguir trabajando porque hemos logrado avances increíbles. En Oiartzun, por ejemplo, ya pueden verse ejemplares en Mamut”, celebran los técnicos forales, que insisten en la importancia de eliminar o reducir los obstáculos artificiales de los ríos. Solo de esa manera podrán recuperarse las poblaciones salmónidas que, a comienzos del pasado siglo, se contaban por “miles y miles” en Gipuzkoa y Navarra.


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