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Nación PSOE

La estructuración territorial irrumpe en el debate entre los candidatos a dirigir una formación socialista que, con durante los últimos años ha mantenido una posición pública uniforme ante las demandas de Euskadi o Catalunya.

Un reportaje de Jurdan Arretxe - Sábado, 29 de Abril de 2017 - Actualizado a las 06:13h

Susana Díaz y Pedro Sánchez dialogan, en presencia de líderes socialistas como Miquel Iceta y Patxi López, antes de la reunión del Consejo de Política Federal de septiembre de 2015.

Susana Díaz y Pedro Sánchez dialogan, en presencia de líderes socialistas como Miquel Iceta y Patxi López, antes de la reunión del Consejo de Política Federal de septiembre de 2015.

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Susana Díaz y Pedro Sánchez dialogan, en presencia de líderes socialistas como Miquel Iceta y Patxi López, antes de la reunión del Consejo de Política Federal de septiembre de 2015.

El expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero vive, como todos los exdirigentes, un poco en el pasado. Baluarte de una Susana Díaz que en la última campaña general hizo fortuna de la defensa del “¡viejo PSOE, el de siempre!”, Zapatero también quiere volver atrás.

“No tengo ninguna duda de que la mayoría que apoyó el Estatut de 2006 se puede reencontrar en un nuevo proceso de acuerdo entre el Estado y las instituciones catalanas”, defendió Rodríguez Zapatero el lunes en una comparecencia en Barcelona en la que criticó los “prejuicios” de Catalunya contra Díaz por ser mujer y andaluza. Lo mismo, dijo, que le pasó a Carme Chacón -que falleció el 9 de abril- cuando se lanzó a por la Secretaría General del PSOE, pero al revés.

La relación Catalunya-España vuelve a ser la piedra que mueve las aguas del PSOE. Un lago que ya se agitó en los meses posteriores a 2006, cuando el jefe de la oposición catalana, Artur Mas, y el entonces presidente Zapatero pactaron un Estatut que la comisión del Congreso modificó y, cuatro años después, el Tribunal Constitucional cambió a instancias del recurso del PP -que en aquellos años llegó a pedir el boicot a los productos catalanes-. Si muchos dirigentes del PSOE rechazaban como rechazan hoy el recurso popular, pocos lo hicieron en público mientras el PP armaba ruido a las puertas de La Moncloa.

“Lo cepillamos antes de entrar en la ​comisión… Sí, la verdad, ​¡para qué vamos a andar con eufemismos​​, coño! Y el otro lo cepillamos como un carpintero durante la ​comisión”, resumió Alfonso Guerra -bien podía haber sido también José Bono o Juan Carlos Rodríguez Ibarra- la posición histórica del PSOE ante las ​aspiraciones de Euskadi ​con el Plan Ibarretxe ​y de Catalunya​ con el Estatut​.

Once años después de aquella frase de uno de los tótems del socialismo español y a un mes de que los militantes del PSOE voten por su próximo secretario general, el encaje autonómico y las reclamaciones de mayor autogobierno ​parecen un​a​ de las grandes diferencias entre Susana Díaz, Patxi López y Pedro Sánchez.

“¿Qué es España? Para mí España es una nación de naciones y Cataluña es una nación”, puso Sánchez la cuestión sobre la mesa parafraseando al socialista Gregorio Peces Barba, uno de los padres de la Constitución. Ni López ni Díaz defienden que haya que reconocer a Catalunya como nación.

No, al menos como tal. López, como ya hizo ante estas reclamaciones en Euskadi en su época de lehendakari, ventila la cuestión con un “no me parece que este sea el debate de verdad” y cedió ​el máximo reconocimiento de Catalunya ​a “nación cultural”, mientras que Díaz guardó silencio hasta su visita a Barcelona en cuanto al fondo de la cuestión.

lOS “ACENTOS” DE DÍAZ Con un tono entre pedagógico y épico, Díaz respondió ​el fin de semana pasado a Sánchez en el marco de un mitin celebrado en Valencia: “Con una única bandera. Cada uno lo dice en la lengua que quiera, con el acento que le guste, si eso nos hace más ricos… Con el acento valenciano, el andaluz o el gallego. El catalán, el vasco o el manchego. Todos sabemos que lo que nos une es la igualdad y nadie tiene derecho a levantar muros y barreras entre nosotros”.

La ambigüedad de las palabras (¿​se refirió al euskera cuando dijo “​vasco​”?)​ y la consiguiente amalgama ​provocaron malestar, pero hubo que esperar al miércoles para que Díaz entrara al fondo de la cuestión. La presidenta andaluza compareció en Barcelona por primera vez en la campaña de las primarias.

Dos días antes lo habían hecho el propio Zapatero (que, como López, cree posible volver al entendimiento de 2006) y el diputado Eduardo Madina, hombre de Susana Díaz, que a la pregunta en La Vanguardia de la frase de Sánchez, respondió que “España es una sociedad de ciudadanas y de ciudadanos libres e iguales, que es plural y que, desde el punto de vista territorial, es diversa. Yo creo que la España que los socialistas tenemos en la cabeza no habla ni de pueblos, ni de patrias, habla de sociedades y de ciudadanía, que es un concepto republicano, liberal y nuestro”.

El miércoles llegó la presidenta andaluza a Barcelona. Invitada por la Asociación Española de Directivos y el mismo rotativo del conde de Godó, Díaz ​compareció en un contexto marcado por la separación entre el PSC y el PSOE, que en los últimos meses han renegociado su relación, y por una crisis territorial que divide el PSOE ante el PP: el corredor mediterráneo.

PSC, FERRAZ Y EL CORREDOR La demanda de este eje ferroviario que parte del PSOE andaluz oriental, el valenciano y el catalán defienden con insistencia se ha topado hace un mes con una declaración del PSOE andaluz, el castellano-manchego, el madrileño y el aragonés por el corredor central hacia Francia. Una declaración firmada por senadores que generó malestar entre el socialismo mediterráneo cuando la relación entre PSC y Ferraz ya es alambicada.

En este escenario, Díaz concretó el miércoles un poco más su visión entre Catalunya y España. En un acto en el que comparó al president, Carles Puigdemont con la candidata del Frente Nacional, Marine Le Pen (“ni yo ni ningún demócrata puede aceptar que en nombre del pueblo, por utilizar el eslogan de la señora Le Pen en Francia, se niegue la soberanía del pueblo español”), Díaz ​amagó con la vía López de ​evitar debates nacion​ales: “No creo que sea el momento de establecer una subasta de ofertas a Cataluña ni generar expectativas en el vacío”.

En un mensaje velado al Sánchez candidato de primarias y al que fue secretario general del PSOE, ​Díaz aseguró que siempre piensa “lo mismo, haya primarias o elecciones. No cambio. Entiendo que Cataluña tiene una fuerte identidad nacional, como otros”. Díaz se comprometió a “reconocer, respetar e integrar las singularidades de los territorios de España” si resulta elegida. Como hizo Rodríguez Zapatero, lo hizo con la vista puesta en el pasado. En concreto, a uno de los artículos del Estatut que no anuló el Tribunal Constitucional con una sentencia que ​Díaz definió como​ “herida que se debe curar”, pero que reinterpretó. El quinto punto del texto sentó que “el autogobierno de Cataluña se fundamenta también en los derechos históricos del pueblo catalán, en sus instituciones seculares y en la tradición jurídica catalana”.

“Nos sentimos cómodos con la idea de una España federal, diversa, plural y conocedora y reconocedora de sus diferencias”, dijo Díaz, siempre desde la Declaración de Granada que aprobó el PSOE como salida a la crisis interna que mantenía con el PSC en 2013. La que incluía una reforma constitucional con la que los partidos liderados por Alfredo Pérez Rubalcaba y Pere Navarro querían esquivar los “peligros centralista y secesionista”.

Cuatro años después, Catalunya da nuevos pasos en el procés y los candidatos socialistas discrepan en público sobre el futuro territorial de España, aunque las tres candidaturas vuelven al pasado: la de Pedro Sánchez apela a la “nación” que recogió el preámbulo del Estatut, y la de Susana Díaz y la de Patxi López, al pacto de 2006 que saltó por los aires. La militancia socialista juzgará las diferencias.


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